martes, 1 de marzo de 2011

HENRY MILLER: LA MUERTE CREADORA.



"No quiero que el Destino o la Providencia me traten bien. Soy esencialmente un luchador." Lawrence escribió esto hacia el final de su vida, pero decía ya al comienzo de su carrera: "Tenemos que odiar a nuestros predecesores inmediatos para liberarnos de su autoridad".

Los hombres a quienes debía todo, los grandes espíritus de quienes se alimentaba y nutría, a quienes tuvo que rechazar para afirmar su propia fuerza, su propia visión ¿acaso no eran como él hombres que iban a la fuente? ¿No los animaba a todos ellos la idea que Lawrence proclamó una y otra vez: que el sol no envejecería nunca, ni la tierra se tornaría jamás estéril? ¿Acaso no eran, todos ellos, en su búsqueda de Dios, de esa "guía que falta dentro de los hombres", víctimas del Espíritu Santo?
¿Quiénes fueron sus predecesores? ¿Con quiénes reconoció estar en deuda, reiteradamente, antes de ridiculizarlos y desenmascararlos? Con Jesús, desde luego, y con Nietzsche, y Whitman, y Dostoiewsky. Con todos los poetas de la vida, los místicos, que al censurar la civilización fueron quienes más aportaron al engaño de la civilización.
Dostoiewsky tuvo una tremenda influencia sobre Lawrence. De todos sus antecesores, incluido Jesús, el que le resultó más difícil de quitarse de encima, de superar, de "trascender", fue Dostoiewsky. Lawrence siempre había considerado al sol como origen de la vida, y a la luna como símbolo del no-ser. La Vida y la Muerte: constantemente tuvo ante sí estos dos polos, como un marinero. "Quien más se acerque al sol", decía, "será conductor, aristócrata de aristócratas. O quien, como Dostoiewsky, más se acerque a la luna de nuestro no-ser". Los intermedios no le interesaban. "Pero el ser más poderoso", concluye, "es aquel en camino hacia la floración todavía desconocida". Veía al hombre como un fenómeno estacional, una luna creciente y menguante, una semilla brotada de la oscuridad original para volver a ella. La vida breve, transitoria, eternamente fija entre los dos polos del ser y el no-ser. Sin la guía, sin la revelación, no hay vida sino sacrificio a la existencia. Interpretaba la inmortalidad como ese deseo vano de existencia sin fin. Esta muerte viviente era para él el Purgatorio en el cual el hombre lucha incesantemente.
Por extraño que parezca hoy decirlo, la finalidad de la vida es vivir, y vivir significa estar consciente, gozosamente, ebria, serena, divinamente consciente. En ese estado de conciencia divina, se canta; en ese reino el mundo existe como poema. Sin por qué ni por lo tanto, sin dirección, sin meta, sin lucha, sin evolución. Como al chino enigmático, lo arrebata a uno el espectáculo siempre cambiante de los fenómenos pasajeros. Ése es el estado sublime a-moral, del artista, de quien vive sólo en el momento, el momento visionario de lucidez total, previsora. Una cordura tan diáfana, tan álgida, que parece locura. Mediante la fuerza y el poder de la visión del artista, se destruye ese todo sintético que se llama el mundo. El artista nos devuelve un universo vital, que canta, vivo en todas sus partes.

En cierto modo, el artista siempre obra contra el movimiento tiempo-destino. Siempre es a-histórico. Acepta el Tiempo absolutamente, como dice Whitman, en el sentido de que cualquiera sea la forma en que gire (con la cola en la boca) es un rumbo; en el sentido de que un momento, todo momento, puede ser la totalidad; para el artista no hay más que presente, el eterno aquí y ahora, el momento infinito que se ensancha y es llama y canto. Y cuando logra establecer este criterio de experiencia apasionada (que es lo que significa el "obedecer al Espíritu Santo" de Lawrence), entonces, y sólo entonces, afirma su calidad de hombre. Sólo entonces encarna su pauta de Hombre. Obediente a todo impulso, sin distinción de moral, ética, ley, costumbre, etc. Se abre a todas las influencias, todo lo nutre. Todo es jugo para él, hasta lo que no comprende; en particular lo que no comprende.
Esa realidad final que el artista llega a admitir en su madurez es ese paraíso simbólico del vientre, esa "China" que los psicólogos alojan en algún punto entre la conciencia y el inconsciente, y la unión con la naturaleza, la seguridad y la inmortalidad prenatales de las cuales ha de arrebatar su libertad. Cada vez que nace espiritualmente sueña con lo imposible, lo milagroso; sueña con poder quebrar la rueda de la vida y la muerte, evitar la lucha y el drama, el dolor y el sufrimiento de la vida. Su poema es la leyenda en la cual se refiere los misterios del nacimiento y la muerte; su realidad, su experiencia. Se entierra en su tumba de poema para lograr esa inmortalidad que se le niega como ser corporal.

La China es una proyección hacia el dominio espiritual de su condición biológica de no-ser. Ser es tener forma mortal, atributos mortales, es luchar, evolucionar. El Paraíso es, como el sueño de los budistas, un Nirvana donde ya no hay personalidad y, por lo tanto, no hay conflicto. Es la expresión del deseo del hombre de triunfar sobre la realidad, sobre la transformación. El sueño del artista que sueña lo imposible, lo milagroso, es simplemente resultado de su incapacidad de adaptarse a la realidad. Por lo tanto, crea una realidad propia -en el poema-, una realidad adecuada a él, una realidad en la cual puede vivir sus anhelos inconscientes, sus deseos, sus sueños. El poema es el sueño hecho carne, en dos sentidos: como obra de arte, y como vida, que es obra de arte. Cuando el hombre llega a ser plenamente consciente de su fuerza, su papel, su destino, es artista, y desiste de su lucha contra la realidad. Se convierte en traidor de la raza humana. Engendra la guerra porque ha llegado a estar en permanente desacuerdo con el resto de la humanidad. Se sienta en el escalón del vientre de su madre con sus recuerdos de casta y sus anhelos incestuosos, y se niega a moverse. Vive cabalmente su sueño del Paraíso. Transmuta su experiencia real de la vida en ecuaciones espirituales. Desdeña el alfabeto corriente, que a lo sumo puede dar una gramática del pensamiento, y adopta el símbolo, la metáfora, el ideograma. Escribe en chino. Crea un mundo imposible valiéndose de una lengua incomprensible, un engaño que encanta y esclaviza a los hombres. No es que sea incapaz de vivir. Al contrario, su gusto por la vida es tan poderoso, tan voraz, que lo obliga a matarse una y otra vez. Muere muchas veces a fin de vivir innumerables vidas. Así se venga de la vida y adquiere su poder sobre los hombres. Crea la leyenda de sí mismo, la mentira dentro de la cual se constituye en héroe y dios, la mentira por la cual triunfa sobre la vida.

Tal vez una de las mayores dificultades de la lucha con la personalidad de un creador radica en la profunda oscuridad en que se alberga, a sabiendas o no. En el caso de un hombre como Lawrence, nos hallamos ante alguien que exaltó la oscuridad, ante un hombre que encumbró al máximo esa fuente y manifestación de toda vida, el cuerpo. Todo esfuerzo por aclarar su doctrina implica una vuelta a los problemas eternos, fundamentales, que le hicieron frente, y una renovada lucha con ellos. Lawrence constantemente lo lleva a uno a la fuente, al centro mismo del cosmos, a través de un laberinto místico. Su obra es enteramente símbolo y metáfora. El Fénix, la Corona, el Arcoiris, la Serpiente Emplumada, todos estos símbolos están centrados en la misma idea obsesiva: la resolución de dos opuestos en forma de misterio. A pesar de la progresión de un plano conflictual a otro, de un problema vital a otro, el carácter simbólico de su obra se mantiene constante e inmutable. Es hombre de una idea: que la vida tiene una significación simbólica. Es decir, que vida y arte son uno.

En su elección del Arcoiris, por ejemplo, se manifiesta su intento de exaltar la eterna esperanza del hombre, en la cual se apoya su justificación como artista. En todos sus símbolos, el Fénix y la Corona particularmente, pues estos fueron sus símbolos primeros y más eficaces, observamos que sólo estaba dando forma concreta a su verdadera naturaleza: ser artista. Porque el artista que hay en el hombre es el símbolo imperecedero de la unión entre sus yoes conflictuales. Hay que dar un sentido a la vida por el hecho evidente de que carece de sentido. Hay que crear algo, como intermedio curativo y estimulante, entre la vida y la muerte, porque la conclusión a que apunta la vida es la muerte, y el hombre instintiva y persistentemente cierra los ojos ante ese hecho concluyente. El sentido del misterio, que se halla en el fondo de todo arte, es la amalgama de todos los terrores innominados inspirados por la realidad cruel de la muerte. Entonces hay que vencer a la muerte, o disimularla, o cambiarla. Pero en el intento de derrotar a la muerte el hombre inevitablemente se ha visto el ligado a derrotar a la vida, pues las dos están inextricablemente relacionadas. La vida marcha hacia la muerte, y negar la una significa negar la otra. El firme sentido del destino que revela todo creador se apoya en su conciencia de la meta, en esa aceptación de la meta, ese marchar hacia una fatalidad, igual a las fuerzas inescrutables que lo animan y lo empujan.

La historia toda es el testimonio del fracaso insigne del hombre en desbaratar su destino; dicho con otras palabras, el testimonio de los pocos hombres de destino que, por haber reconocido su papel simbólico, hicieron la historia. Todos los engaños y evasiones de que el hombre se ha alimentado -la civilización, en suma- son fruto del artista creador. La naturaleza creadora del hombre es la que se ha negado a dejarlo caer en esa unidad inconsciente con la vida que caracteriza al mundo animal del cual el hombre se ha zafado. Así como el hombre reconstruye las etapas de su evolución física en su vida embrionaria, así también, al ser lanzado fuera del vientre, repite, en el transcurso de su desarrollo de la niñez a la ancianidad, la evolución espiritual del hombre. En la persona del artista se recapitula toda la evolución histórica del hombre. Su obra es una gran metáfora, que revela mediante la imagen y el símbolo todo el ciclo del desarrollo cultural a través del cual ha pasado el hombre desde el ser primitivo hasta el ser civilizado infructuoso.

Cuando ahondamos en las raíces de la evolución del artista, redescubrimos en su ser las diversas encarnaciones o aspectos de héroe con que el hombre siempre se ha representado a sí mismo: rey, guerrero, santo, mago, sacerdote, etc. El proceso es largo y tortuoso. Todo él es una conquista del miedo. La interrogación por qué lleva a la interrogación adónde y cómo. La huida es el deseo más profundo. Huida de la muerte, del terror innominado. Y la forma de huir de la muerte es huir de la vida. Esto lo ha manifestado siempre el artista a través de sus creaciones. Al vivir adentrado en su arte adopta como mundo un reino intermedio dentro del cual él es todopoderoso, un mundo dominado y regido por él. Ese mundo intermedio del arte, ese mundo en el cual se mueve como héroe, sólo ha sido factible debido al más profundo sentido de frustración. Paradójicamente, surge de la falta de fuerza, de la sensación de incapacidad para oponerse al destino.

Esto, entonces, es el Arcoiris, el puente que el artista tiende sobre el abismo de la realidad. El brillo del Arcoiris, la promesa que anuncia, es el reflejo de su creencia en la vida eterna, su creencia en el nacimiento perpetuo, la juventud, la virilidad, la fuerza continuas. Todos sus fracasos son nada más que el reflejo de sus choques humanos y débiles con la realidad inexorable. El motivo es el impacto dinámico de una voluntad que conduce a la destrucción. Porque con cada fracaso real recae con mayor intensidad en sus ilusiones creadoras. Todo su arte es el esfuerzo patético y heroico por negar su derrota humana. En su arte logra un triunfo real, puesto que no es un triunfo ni sobre la vida ni sobre la muerte. Es un triunfo sobre un mundo imaginario creado por él mismo. El drama está enteramente en el dominio de la idea. Su guerra con la realidad es reflejo de la guerra que se libra dentro de él mismo.

Así como el individuo, cuando llega a la madurez, la revela aceptando la responsabilidad, así también el artista, cuando reconoce su verdadera naturaleza, su papel predestinado, está obligado a aceptar la responsabilidad de la hegemonía. Se ha conferido a sí mismo poder y autoridad, y debe obrar consecuentemente. No puede tolerar nada más que los dictados de su propia conciencia. Así, al aceptar su destino, acepta la responsabilidad de prohijar sus ideas. Y así como los problemas con que tropieza cada individuo son únicos para él, así también las ideas que germinan en el artista son únicas y han de ser vividas. El artista es el signo del Hado en sí, el signo mismo del destino. Porque cuando por vivir su lógica de sueño se realiza mediante la destrucción de su propio yo, está encarnando para la humanidad el drama de la vida individual que, para probarse y experimentarse, ha de admitir la disolución. Pero a fin de lograr su propósito, el artista está obligado a retirarse, a apartarse de la vida utilizando sólo la experiencia suficiente como para ofrecer el sabor de la lucha real. Si elige vivir anula su naturaleza propia. Tiene que vivir vicariamente. Para poder desempeñar así el monstruoso papel de vivir y morir incontables veces, según la medida de su capacidad para la vida.

En cada nueva obra el artista vuelve a representar el espectáculo del sacrificio del dios. Porque detrás de la idea del sacrificio está la idea esencial del sacramento: se mata a la persona que encarna el gran poder a fin de que su cuerpo sea consumido y se redistribuyan los poderes mágicos. El odio al dios es el más fundamental del culto al dios: se basa en un deseo primitivo de conseguir el poder misterioso del hombre-dios. En ese sentido pues, el artista siempre es crucificado: para ser devorado, para ser despojado del misterio, para quitarle su poder y su magia. La necesidad del dios es este anhelo de una vida mejor: es lo mismo que el anhelo de muerte.

Se puede representar al hombre como un árbol sagrado de la vida y la muerte, y si además consideramos que ese árbol representa no solamente al hombre individual sino a todo un pueblo, a una cultura íntegra, tal vez empecemos a percibir la relación íntima entre la aparición del tipo de artista dionisiaco y el concepto del cuerpo sagrado.

Y siguiendo con la imagen del hombre como árbol de la vida y la muerte, bien puede comprenderse cómo los instintos vitales, impulsando al hombre a expresarse cada vez más por medio de su mundo de forma y símbolo, por medio de su ideología, por último lo obligan a prescindir de los aspectos puramente humanos, relativos, fundamentales de su ser -de su naturaleza animal, de su mismo cuerpo humano-. El hombre trepa por el tronco del vivir para dilatarse en un florecimiento espiritual. Desde un microcosmo insignificante, pero recién separado del mundo animal, el hombre con el tiempo se extiende sobre los cielos bajo la forma del gran anthropos, el hombre mítico del zodiaco. El propio proceso de diferenciación del mundo animal al cual pertenece todavía hace que cada vez vaya perdiendo más de vista su humanidad total. Sólo en los límites últimos de la facultad creadora y cuando su mundo de formas no puede ya tomar mayores dimensiones arquitectónicas, comienza a comprender de pronto sus "limitaciones". Entonces lo asalta el miedo. Es entonces cuando verdaderamente experimenta la muerte -la gusta de antemano, por así decir-.

Entonces los instintos vitales se convierten en instintos mortales. Lo que antes parecía todo libido, impulso incesante de creación, ahora se ve que encierra otro principio: la admisión de los instintos de muerte. Sólo en la cima de la expansión creadora llega a humanizarse verdaderamente. Entonces siente las raíces profundas de su ser, en la tierra. Enraizado. La supremacía y la gloria y la magnificencia del cuerpo se afirman por fin con toda su energía. Sólo entonces asume el cuerpo su carácter sagrado, su verdadero papel. La triple división de cuerpo, mente, alma, se torna unidad, trinidad sagrada. Y con ella viene la comprensión, de que no puede exaltarse un aspecto de nuestra naturaleza sobre los demás, salvo a expensas de alguno de ellos.

Lo que llamamos sabiduría de la vida llega aquí a su apogeo- cuando se adivina ese carácter fundamental, sagrado del cuerpo-. En las ramas más altas del árbol de la vida se rnarchita el pensamiento. La grandiosa florescencia espiritual en virtud de la cual el hombre se elevó a proporciones de dios, perdiendo así contacto con la realidad -porque él mismo era la realidad-, ese gran florecimiento de la Idea se convirtió entonces en una ignorancia que se expresa como el misterio del Soma. El pensamiento vuelve a recorrer el tronco religioso que lo ha sostenido y, ahondando en las raíces mismas del ser, redescubre el enigma, el misterio del cuerpo. Redescubre el parentesco entre la estrella, la bestia, el hombre, la flor, el cielo. Una vez más se advierte que el tren o del árbol, la columna misma de la vida, es la fe religiosa, la aceptación de la propia naturaleza arbórea -no un anhelo de alguna otra forma de ser-. Esta aceptación de las leyes del propio ser es la que preserva los instintos esenciales de la vida, aun en la muerte. En el ascenso, el imperativo, la obsesión única, era el aspecto individual del propio ser. Pero una vez en la cima, cuando se han sentido y percibido los límites, se revela la gran perspectiva y se reconoce la semejanza de los seres circundantes, la interrelación de todas las formas y leyes del ser -la afinidad orgánica, la totalidad, la unidad de la vida-.

De modo que el tipo más creador -el tipo de artista individual- que más alto ha brotado y con mayor diversidad de expresión, tanto que parecía "divino’, ese tipo creador de hombre, para conservar en él los elementos mismos de la creación, tiene pues que convertir la doctrina, o la obsesión de individualidad, en una ideología común, colectiva. Ése es el verdadero sentido del Maestro-Modelo, de las grandes figuras que han dominado la vida humana desde el principio. Al llegar a la cumbre más alta de su floración, no han hecho más que recalcar su humanidad común, su innata, enraizada, ineludible calidad de humanos. Su aislamiento, en las alturas del pensamiento, es lo que les causa la muerte.

Cuando consideramos una figura olímpica como Goethe, vemos un árbol humano gigantesco que no afirmó otra "meta" excepto el despliegue de su propio ser, excepto la obediencia a las leyes orgánicas profundas de la naturaleza. Eso es sabiduría, la sabiduría de un espíritu maduro en la cumbre de una gran Civilización. Es lo que Nietzsche llamaba la fusión de dos corrientes divergentes en un ser: el tipo soñador apolíneo y el dionisiaco extático. Tenemos en Goethe la imagen del hombre encarnado con la cabeza en las nubes y los pies bien plantados en el suelo de la raza, la cultura, la historia. El pasado, representado por el suelo histórico, cultural; y el presente, representado por las condiciones cambiantes del tiempo que componen su clima mental; se nutrió tanto del pasado como del presente. Fue profundamente religioso sin necesidad de adorar a un dios. Se había hecho un dios. En esta imagen del Hombre ya no cabe el conflicto. Ni se sacrifica él al arte, ni sacrifica el arte a la vida. La obra le Goethe, que fue una gran confesión -"huellas de la vida", decía él -es la expresión poética de su sabiduría, y salió de él como cae de un árbol una fruta madura. Ninguna situación era demasiado noble para sus aspiraciones, ningún detalle demasiado insignificante para su atención. Su vida y su obra asumieron proporciones grandiosas, una amplitud y majestad arquitectónicas, porque tanto su vida como su obra tenían la misma base orgánica. Con excepción de da Vinci, él es quien más se acerca al ideal de hombre-dios de los griegos. En él se dieron el ocio y el clima más favorables. Tenía sangre, raza, cultura, tiempo: todo. Y todo lo alimentaba.

En ese momento excelso en que aparece Goethe, en que el hombre y la cultura están en la cúspide, todo el pasado y el futuro se despliegan. Allí se entrevé el final; en adelante el camino desciende. Después del olímpico Goethe aparece la raza dionisíaca de artistas, los hombres de la "época trágica" que profetizó Nietzsche y de los cuales él mismo fue ejemplo magnífico. La época trágica, en que se siente con fuerza nostálgica todo lo que más está negado para siempre. Otra vez se revive el culto del Misterio. El hombre debe volver a representar una vez más el misterio del dios, el dios cuya muerte fecunda ha de redimir y purificar al hombre de la culpa y el pecado, ha de liberarlo de la rueda del nacimiento y el devenir. El pecado, la culpa, la neurosis, todos son una y la misma cosa, el fruto del árbol de la ciencia. El árbol de la vida se torna así en árbol de la muerte. Pero es siempre el mismo árbol. Y de este árbol de la muerte es de donde ha de volver a surgir la vida, de donde la vida tiene que renacer. Lo cual, como lo atestiguan todos los mitos del árbol, es precisamente lo que ocurre. "En el momento de la destrucción del mundo", dice Jung, refiriéndose a Ygdrasil, el fresno del mundo, "ese árbol se convierte en la madre tutelar, el árbol de la muerte y la vida, preñado.".
En este punto del ciclo cultural de la historia es cuando tiene que aparecer la "transvaluación de todos los valores". Es la inversión de los valores "espirituales", de todo un completo de valores reinantes. El árbol de la vida conoce entonces su muerte. El arte dionisiaco de los éxtasis reafirman entontes sus derechos. Sobreviene el drama. Reaparece lo trágico. Gracias a la locura y el éxtasis se representa el misterio del dios, y en los celebrantes ebrios se despierta el deseo de morir -morir creadoramente-. Es la conversación de ese mismo instinto vital que impulsó el árbol del hombre hasta su expresión plena. Es salvar al hombre del temor a la muerte para que pueda morir.

Avanzar hacia la muerte. No retroceder hacia el vientre. Salir de las arenas movedizas, del flujo estanco. Es el invierno de la vida, y nuestro drama consiste en alcanzar un espacio firme para que la vida pueda avanzar de nuevo. Pero ese espacio firme sólo puede procurarse sobre los cadáveres de quienes están deseoso de morir. (*)

(*) Fuente: Henry Miller, La sabiduría del corazón, Buenos Aires, Sur, 1966.

lunes, 28 de febrero de 2011

DIOSA Y MATERNIDAD.


AQUI: SOBRE JENNA JAMESON Y SUS GEMELOS EN Wmagazine.

THE ASIAN BOX: OLD BOY.


Time and again we have warned you about Korean films being particularly violent. Oldboy wins the Pal d'Or for unnecessary squirm in your seat and avert your eyes brutality in Technicolor. Somebody kidnaps Dae-su, an obnoxious businessman, and locks him in a secured hotel room. Occasionally, his jailers gas him and cut his hair and straighten up the room while he's unconscious. At other times they drug him and infuse his brain with hypnotic suggestions. For no apparent reason, they dump him in a vacant lot after 15 years of imprisonment. He can't remember much, but a kind sushi waitress takes him home and cleans him up. He sets out to discover what he can about his captors. By methodically eating dumplings across the city, he eventually locates the food source used by his jailers. The delivery boy leads him to his place of entrapment and he wreaks havoc on the place. He gathers some clues, but large sections of his memory have been erased, which hinders his search.

Eventually, he finds his tormentor, a kid whom he had crossed in high school. Revenge takes a far different route than you'd anticipate, or ever conceive. If you turned your head during Marathon Man or were uncomfortable with A Clockwork Orange, then Oldboy will be too much to take. It's rated IIb which is equivalent to PG13. If I saw this at 14, I'd still be having nightmares. Otherwise it is an unbelievable tale that breaches more taboo subjects than a Todd Solondz film. 2004. Directed by Park chan-wook, who took the best directors prize at Canne for this gem. This is the second film in his gruesome revenge trilogy. If you can handle this, look for Sympathy for Mr. Vengance.

viernes, 25 de febrero de 2011

OFICINA: Ladies and gentlemen.


PIER PAOLO PASOLINI

Hablando con Man Ray de mi película Los 120 días de Sodoma ha habido un punto en el que mi interlocutor no ha entendido. Man Ray es brillante, inteligente, presente. Su manierismo es fresco como hace cuarenta años. No hay ninguna razón en el mundo por la que él no pueda entender algo.
Pero más que falta de entendimiento había en él una oscuridad, un vacío. ¿De qué se trataba? Yo le había dicho que había ambientado la novela de Sade en 1945 en Salò. Era eso lo que él no comprendía. No lo entendía porque se le escapaba el hecho de que 1945 fuese un año especialmente significativo (el fin de una guerra: ¿y bien? ¿En 1918 no había acabado otra?), y, sobre todo, se le escapaba el hecho de que Salò hubiese sido la capital de una pequeña república fascista. Es más, incluso confundía Salò con salaud, con mi completa satisfacción, por otra parte.
¿Andy Warhol me habría entendido mejor? No sé si también Warhol, como Man Ray, es un admirador de Sade. Sus travestidos tienen un conmovedor atrevimiento que no es precisamente sadiano. ¿Pero para Warhol es significativo el año 1945, y la palabra Salò le dice algo?
Es una pregunta un poco decorativa, lo sé. Pero la hago porque en ella se aglutina una serie o, mejor dicho, una maraña de preguntas. ¿La historia, para Warhol, puede ser dividida? ¿Puede haber un momento en el que termine un modo de ser suyo y comience otro? ¿Puede haber una división histórica en el universo en que vivimos y, por tanto, en el pequeño universo concentrado y valioso en el que trabajamos? ¿Puede existir una línea divisoria entre los hombres? ¿Y en particular en sus conciencias? ¿Y más en particular aún en el terreno ideológico de sus conciencias? ¿Hay algo que pueda resquebrajar el todo único que la mente profanadora del artista -por puro juego- pone en discusión totalmente, ridiculiza o adora, venera o frustra? ¿Puede el fascismo romper algo en ese “todo único? ¿O, por el contrario, puede una revolución marxista primero separarlo a través de esa oposición fatal y total que es la lucha de clases, y después transformarlo hasta hacerlo desaparecer?
Un mensaje que desde Europa llega a América implica todas estas divisiones, estos desdoblamientos, estas oposiciones de la realidad: y es misterioso por eso. Al contrario, un mensaje que desde América llega a Europa implica indivisibilidad, homogeneidad, compacidad: proviene de una entropía. Y por eso es aún más misterioso.
Tengo ante mis ojos las serigrafías y algunas pinturas de Warhol. Mi sensación es la de estar frente a un fresco ravenés que representa figuras isocéfalas, todas, se entiende, frontales. Repetidas hasta el punto de perder su propia identidad y de ser reconocibles, como los gemelos, sólo por el color de su vestimenta.
El ábside de la catedral que Warhol construye y luego lanza al viento dispersándola en los muchos recortes de las figuras isocéfalas y repetidas, es, en efecto, bizantino.
El arquetipo de las varias figuras es siempre el mismo: perfectamente ontológico.
Es la calidad de vida americana que parecería ser el equivalente de la sacralidad autoritaria de la pintura oficial cristiana de los orígenes: es decir, proporcionar el modelo metafísico de cada posible figura viviente. A ese modelo no hay alternativas: sino sólo variaciones. El hombre americano es único, a pesar del pluralismo efectivo y reconocido. Es más fuerte, en definitiva, el Modelo que las infinitas personas reales que pueden pasar por la Calle 42 a las siete de una tarde de verano. Si además el ambiente «seleccionado» se restringe al «Golden Grape», nada puede oponerse al Modelo, de no ser unas variaciones reducidas al mínimo: una repetición obsesiva, la Obsesión. El nombre y el apellido de los travestidos no bastan, su filiación es irrelevante; ellos son absorbidos en la unicidad de la Persona que les prefigura, situándose junto a otras Personas arquetípicas en el cielo de la Entropía americana. Estamos frente al Travestido y a la restringida rosa de sus, aunque innumerables, variaciones. Cuando sepamos que uno de los Travestidos particulares se llama Candy Darling y ha muerto de cáncer en la clínica dando, el día antes de su fallecimiento, una fiesta en honor a las amigas-fiesta caracterizada por una descabellada cantidad de rosas blancas-, conoceremos un dato que nada cambia a la Persona apriorística y única de la serigrafía.


¿En qué consisten las variaciones? En dos órdenes o estratos de técnicas: a) la fotografía de los sujetos (aumento, estampado por serigrafía); b) la coloración del aumento. Como se ve, se trata de dos aplicaciones aplicadas una sobra la otra. Sobre la superficie blanca se hace estallar primero la realidad (física, psicológica, sociológica): y después, sobre sus últimos, deteriorados fragmentos, se pega el affiche fúnebre que lo fija en su instante inextinguible de pura vitalidad. La segunda operación es la más propiamente pictórica: las tintas acrílicas -también, no del todo matéricas- se disponen -sobre la superficie que contiene la fotografía dilatada- de una manera aparentemente casual. Pero no se trata de manchas, sino de recortes, pegados. La imprenta funde todo en una única superficie. La elección de las formas del «recorte pegado» y sus colores, se encomienda a una especie de inspiración calculada y casi automática. Las formas del recorte pegado juegan con las formas realistas de la fotografía -desdoblándolas, desequilibrándolas, exaltándolas- en superposiciones siempre desfasadas respecto a la anatomía pero siempre subordinadas a la anatomía (privilegiando los ojos, las bocas, los cabellos y los fondos). La remisión cultural más directa de tal técnica es a los carteles publicitarios y a los affiches formalistas, así como a detalles de la pintura fauve.
En cuanto al primer orden o estrato técnico -el de la fotografía- hay que observar que la fotografía parece siempre obsesivamente la misma; siempre frontal o en primer plano, nunca de perfil; siempre afectada, nunca natural; siempre a la manera Estrellas cinematográficas, nunca a la manera de lo cotidiano captado al vuelo. Esto quema la psicología: pero relativamente.
De hecho, los rasgos o las características personales hablan de por sí un lenguaje psicológico incluso y a pesar del esfuerzo por autoanularse (aun antes de ser fotografía o pintura) en un cliché humano. ¿El esfuerzo que hacen estos Travestidos para mostrarse triunfalistas no es de una veleidosa y conmovedora humanidad? Pero ellos no van más allá de este esfuerzo. Se entiende, el Distinto en su ghetto permisivo de New York puede triunfar a costa de no salirse de un comportamiento que lo haga reconocible y tolerable. La protervia femínea de estos varones no es más que la mueca de la víctima que quiere conmover al verdugo con una bufonesca dignidad regia. Y es esa mueca la que hace a todos estos Travestidos psicológicamente iguales, como dignatarios bizantinos en un ábside estrellado.
Por lo tanto, también el universo de Warhol es de algún modo doble, vive en un drama de oposición. Pero las que se oponen son dos ontologías: la ontología formal y la ontología psicológica. A una serie de manchas (recortes coloreados) cuya estructura está decidida apriorísticamente incluso cuando es parcialmente dejada al azar, se opone una serie de retratos fotográficos cuyo significado es igualmente apriorístico y predeterminado.
El mensaje de Warhol para un intelectual europeo es una unidad esclerótica del universo, en el que la única libertad es la del artista, que, despreciándolo sustancialmente, juega con él.
La representación del mundo excluye toda posible dialéctica. Es, al mismo tiempo, violentamente agresiva y desesperadamente impotente. Sin embargo, en su perversidad de juego cruel, astuto e insolente, hay una sustancial e increíble inocencia.

(Presentacion por la muestra de Andy Warhol en Ferrara, Palazzo dei Diamanti, octubre 1975)

(Tomado de www.pasolini.net)

martes, 22 de febrero de 2011

HENRY MILLER: EL VIENTRE INMENSO.


Como dice el diccionario, el vientre es el lugar donde se engendra y cobra vida alguna cosa. En la medida en que yo puedo comprender, nunca hay nada más que vientre. Ante todo y por último, el vientre de la Naturaleza; luego, el vientre materno; y, finalmente, el vientre dentro del cual vivimos y somos, que llamamos mundo. No aceptar el mundo como un vientre es, en gran parte, causa de nuestro dolor. Creemos que la criatura no nacida vive en estado de bienaventuranza; creemos que la muerte es una liberación de los males de la vida; pero todavía nos negamos a considerar la vida en sí como una bienaventuranza y un bien. Y sin embargo, en el mundo que nos rodea, ¿acaso no se engendra y cobra vida todo? Quizá sea nada más que oír de nuestras ilusiones considerar la tumba como un refugio y los nueve meses que preceden al nacimiento como una felicidad. ¿Quién sabe algo acerca de la vida uterina o la vida del más allá? No obstante, ha prendido, y no desaparecerá jamás, la idea de que esos dos estados de inconsciencia significan ausencia de dolor y lucha, y por ende bienaventuranza. Por otra parte, sabemos por experiencia que hay personas vivas y que andan por el mundo en lo que se llama estado de felicidad. ¿Son más inconscientes que los demás o lo son menos? Creo que la mayoría de nosotros coincidiría en que son menos inconscientes. ¿En qué difieren entonces sus vidas de las del tipo corriente de hombre? A mi modo de ver, la diferencia está en su actitud ante el mundo, en el hecho importantísimo de que han aceptado el mundo como vientre y no como tumba. Pues no parecen ni lamentar lo pasado ni temer lo venidero. Viven con un estado intenso de conciencia, pero aparentemente sin miedo.

Se ha dicho que el miedo, que desempeña un papel predominante en nuestras vidas, fue en un tiempo algo vago, innominado, un eco, casi podría decirse, del instinto vital. Se ha dicho que con el avance de la civilización ese miedo innominado paulatinamente fue cristalizado en un miedo a la muerte. Y en la cumbre de la civilización ese miedo a la muerte se torna miedo a la vida, tal como ejemplifica la conducta del neurótico. Ahora bien, el miedo no tiene nada de raro: sea cual fuere la forma en que se manifiesta es algo que todos conocemos tan bien que cuando aparece un hombre que carece de él en seguida nos esclaviza. En la historia de la humanidad ha habido menos de un puñado de hombres así. Poco importa que hayan sido fuerzas del bien o del mal: el temor que suscitan es el temor que suscita el monstruo. En verdad que todos fueron monstruos, se llamarán Tamerlán, Buda, Cristo o Napoleón. Fueron figuras heroicas, y el héroe, según los mitos, siempre nace en forma sobrenatural. El héroe, en suma, es el que escapa a la conmoción del nacimiento.
El héroe entonces es una suerte de monstruo inmune al dolor y al sufrimiento: está del lado de la vida. Para él el mundo es un lugar donde las cosas se engendran, cobran vida. La vida se le revela como un arte, no como una prueba. Goza de la vida reordenándola según sus propias necesidades. Quizá afirme que lo hace por los demás, pero sabemos que también es un embustero. El héroe es el hombre que se dice a sí mismo: aquí es donde suceden las cosas, no en otra parte. Obra como si el mundo fuera su casa. Semejante conducta, desde luego, provoca una confusión espantosa, pues como todos saben, la gente rara vez está en su casa, siempre está en otro lado, siempre "ausente". La vida, como se la llama, para la mayoría de nosotros es una larga postergación. Por una razón bien simple: el MIEDO.
Como vemos siempre que estalla una guerra, el temor a la guerra se vence en el momento en que uno se encuentra realmente metido en ella. Si la guerra fuera en realidad tan terrible como la imagina la gente, hace tiempo que se la habría suprimido. Hacer la guerra es tan natural para los seres humanos como hacer el amor. El amor puede volver cobardes a los hombres tanto como el miedo a la guerra. Pero cuando un hombre se enamora desesperadamente, comete cualquier crimen, y no solamente se siente justificado, sino también contento. Está en el orden de las cosas.
Los hombres más sabios son aquellos que hablan de la ilusión: MAYA. La ilusión es el antídoto del miedo. Cuando están en actividad, vuelven absurdamente ilógica la vida. Pero es precisamente esa dualidad paradojal de la vida la que nos mantiene, la que nos hace ir y venir alternativamente de un vientre a otro. El mundo, que no sólo es el mundo humano, es el vientre de todo, del nacimiento, de la vida y de la muerte.
El hombre lucha constantemente por constituirse en parte de ese tercer vientre, omnímodo, EL MUNDO. Es el caos original, el asiento de la creación misma. Ningún hombre lo logra del todo. Es una condición del ES no conocida ni por el feto ni por el cadáver. Pero el alma la conoce, y si bien es inalcanzable, no por eso es menos verdadera.
Es curioso que en nuestra lengua el verbo que expresa el ser sea intransitivo. La mayoría de las personas hallan natural que el verbo tu be (ser) sea intransitivo. Pero sabemos que hay lenguas que no hacen la distinción entre verbos intransitivos y transitivos. El espíritu de tales lenguas está más profundamente arraigado en el símbolo. Puesto que únicamente mediante el símbolo comprendemos profundamente algo, cuanto más precisa y conceptual llega a ser una lengua, más estéril se torna. Las lenguas modernas, todas ellas, reflejan más y más la muerte que está dentro de nosotros. Reflejan muy claramente el hecho de que consideramos la vida en sí como un zaguán, poco importa que desemboque en el cielo o en el infierno. Contra ese automatismo estancado fue contra lo que luchó Lawrence su vida entera; esa entrega a los instintos de muerte es lo que enfurece a un hombre como Céline.
La muerte real no causa terror a los seres ordinarios, inteligentes y sensibles. La gran pesadilla es la muerte en vida. La muerte en vida significa la interrupción de la corriente de la vida, la anticipación de un proceso natural de muerte. Es la forma alternativa de reconocer que el mundo no es en realidad más que un gran vientre, el lugar donde todo cobra vida. Todo lo que vive tiene voluntad, esto es, creatividad. La voluntad está en el verbo, el modificativo más importante de nuestra oración: los verbos son ipso facto transitivos. Sin embargo, la mente puede convertir en intransitivos los verbos, como puede anular la voluntad. Pero por naturaleza los verbos son símbolos de acción, independientemente de que la acción consista en hacer, tener, respirar o ser.

De hecho sólo hay una corriente constante de actividad, un movimiento de aproximación o apartamiento de la vida. Esa actividad continúa aún en la muerte, resultando allí a menudo la actividad más fructífera. No tenemos un verdadero lenguaje para la muerte, puesto que nada sabemos de ella, puesto que no la hemos experimentado; sólo tenemos conceptos, contrasímbolos que son expresión de la vida en forma negativa. Todo lo que realmente conocemos es devenir, cambio y transformación interminables. Las cosas se recrean constantemente. El verdadero temor, el terror verdadero, está en la idea de fijación. Es una idea viviente de la muerte.

Algunas personas nacen muertas. Algunas dan la impresión de vivir sólo a medias. Otras parecen radiantes de energía. No importa que se esté del lado de la vida o del lado de la muerte.
La vida es tan maravillosa con signo menos como con signo más. El verdadero milagro es estarse quieto. Significaría convertirse en Dios, o en muerto en vida. Es la única posible escapatoria del vientre, y por eso, desde luego, la noción de Dios está tan arraigada en la conciencia humana. Dios es suma, lo cual es lo mismo que decir cesación. Dios no representa la vida, sino la realización, que es la única forma legítima de muerte.

En esta forma legítima de muerte que digo está detrás de la idea de realización, hay la más completa subordinación al instinto vital. Ésta es la idea que ha obsesionado a todos los maniáticos religiosos, la muy sensata idea de que únicamente viviendo algo hasta la plenitud puede haber un fin. Es una idea enteramente amoral, totalmente artística. Los artistas más grandes han sido los inmoralistas, es decir, los partidarios de vivirla hasta el fin. Por su puesto que inmediatamente fueron mal comprendidos por sus discípulos, por los que andan predicando en su nombre, propagando tal o cual evangelio. Esas grandes figuras estaban imbuidas de una idea: la de llevar las cosas a un fin. A todos les obsesionaba el sufrimiento.
La idea de que el vientre puede ser un lugar de castigo o tortura es bastante reciente. Quiero decir con esto que tiene unos pocos miles de años. Coincide con la pérdida de la inocencia. Todas las ideas sobre el Paraíso implican la conquista del miedo. El Paraíso es siempre una condición que se merece o gana mediante la lucha. La eliminación de la lucha es la lucha mayor: la lucha por no luchar. Porque la lucha, erróneamente o no, tiene que ver con el nacimiento. Pero hubo un tiempo en que el nacimiento era fácil. Ese tiempo es ahora tanto como entonces. Para sobrepasar el dolor y el sufrimiento, para superar la lucha, hay que aprender el arte del equilibrista... Al caminar por la cuerda floja por encima de los opuestos uno llega a estar plena y agudamente consciente -peligrosamente consciente-. El estado consciente se extiende para abarcar los opuestos aparentemente conflictuales. Estar sumamente consciente, que significa aceptar la vida tal como es, elimina los terrores de la vida y mata las falsas esperanzas. Diría más bien, mata la esperanza, porque, vista desde un más allá, la esperanza se presenta más como un mal que como un bien.

No digo nada sobre ser feliz. Cuando realmente comprende uno lo que es la felicidad, se apaga uno como una luz. Toda medida para una vida mejor aquí en la tierra significa mayor sufrimiento y aflicción. Todo lo que se planea para mañana significa la destrucción de lo que ahora existe. El mejor modo es el que existe ahora en este mismo momento. Es el mejor porque es absolutamente justo -lo cual no quiere decir que tenga nada que ver con la justicia-. Si deseáramos algo mejor o peor-, no tenemos más que exigirlo y bien que lo tendremos. El mundo es un sueño que se va cumpliendo de un momento a otro, y sólo el hombre está profundamente dormido en medio de su creación. Nacimiento y renacimiento, y los monstruos son una parte de la creación tanto como los ángeles. El mundo se torna interesante y habitable sólo cuando lo aceptamos in toto con los ojos del todo abiertos, sólo cuando lo vivimos hasta el fin como vive hasta el fin el feto su vida uterina. A propósito, ¿alguien ha oído hablar alguna vez de un feto "inmoral"? ¿O de un cadáver "cobarde"? ¿Puede alguien decir si los habitantes de los bosques de Australia llevan una vida acertada, una buena vida? Y las flores ¿acaso contribuyen al progreso y la invención? Son estas pequeñas preguntas las que a menudo perturban a los filósofos. Sabotaje intelectual. Pero de vez en cuando está bien hacer preguntas a las cuales no se puede responder: hace más vivible la vida.

Recuerdo una frase que me perseguía cuando era más joven: "el hombre camino del orden". No sabía lo que quería decir exactamente, pero me fascinaba. Creía. Hoy, aunque confieso con franqueza que no sé lo que significa esa frase, creo más que nunca. Creo en todo, bueno y malo. Creo más y menos de lo que es verdad. Creo más allá de todo el volumen del pensar humano. Creo en todo. Creo en una vida colectiva y también en la vida individual. Creo en la vida del mundo, del útero que es. Creo en las contradicciones de la vida uterina de este mundo. Creo en tener dinero y también creo en no tenerlo. Y crea o no, actúo siempre. Actúo primero y averiguo después. Porque nada me parece más cierto que todo lo existente existe por un fiat. Si algo es el mundo, es un acto. El mundo no es pensamiento, pero bien puede ser un acto de pensamiento. Quienes actúan, originan reacciones, como decimos. En las agonías del alumbramiento la madre sólo reacciona: el que actúa es el feto. Y viva o muera la madre, para el feto es lo mismo. Para un feto lo importante es el nacimiento.

De modo similar, para el hombre lo importante es nacer, nacer al mundo, al mundo -tal-como-es, no a un mundo imaginario, anhelado, no a un mundo mejor, más feliz, sino a éste, el único mundo, el mundo de AHORA. Hoy hay muchas personas que imaginan que la forma de hacerlo es pagar a otro para que les permita tenderse sobre un sofá y les escuche el relato de sus penas. Otros también creen que las parteras que desempeñan esa tarea deberían pagar ellas mismas para volver a nacer.

Siempre hay Redentores, y de algún modo a los Redentores siempre se las dan por la cabeza. Nadie ha descubierto todavía cómo salvar a quienes se niegan a salvarse a sí mismos. Y además -una pequeña pregunta uterina-, ¿queremos realmente que nos salven? Si así fuera, ¿para que, por qué, qué hay que salvar?

Vemos cómo los bancos gastan el dinero que ahorramos para ellos; vemos cómo los gobiernos gastan los impuestos que nos obligan a pagar a fin de "protegernos", dicen ellos...¿No sabemos que Dios nos está dando constantemente su amor ilimitado? En los lugares más altos se da y gasta muchísimo. ¿Por qué entonces no nos damos a nosotros mismos, con derroche, con abundancia, completamente? Si comprendiéramos que somos parte del proceso interminable, que no podemos perder ni ganar nada, sino vivir hasta el fin, ¿nos comportaríamos como lo hacemos? Imagino el hombre del año 5000 de nuestra era abriendo la puerta de su casa y saliendo a un mundo infinitamente mejor que éste; también puedo imaginarlo saliendo a un mundo infinitamente peor que el nuestro. Pero en el fondo de mi corazón creo para él, Mr. John Doe en persona, será exactamente el mismo mundo que éste que ahora habitamos. La fauna y la flora quizá sean diferentes, el clima podrá ser diferente, las ideologías podrán ser diferentes, Dios podrá ser diferente, pero John Doe mismo será diferente y, por lo tanto, todo será lo mismo. Me siento tan cerca del John Doe del año 5000 de nuestra era como del John Doe del año 5000 antes de Cristo. Sería incapaz de elegir entre los dos. Cada uno tiene su propio mundo al cual pertenece. Quien no comprenda lo maravilloso que es el mundo, tant pis para él. El mundo es el mundo, y al mundo le interesa más su propio nacimiento y muerte que la opinión que Mr. John Doe pueda tener sobre él.

La mayor parte de los trabajadores activos del mundo contemporáneo consideran nuestra vida sobre la tierra como un Purgatorio o un Infierno. Sudan y luchan por convertirla en un Cielo para el hombre del futuro. O si se niegan a formulárselo a sí mismos de este modo, dicen pules que es para hacerse un Cielo para ellos mismos, un poco más adelante. El tiempo pasa. Planes quinquenales. Planes para diez años. (Dinosaurios, dinastías, dínamos.) Entretanto se carian los dientes, viene el reumatismo, luego la muerte. Pero nunca el Cielo. De algún modo, el cielo siempre está en lontananza, siempre allí la vuelta. Mañana, mañana, mañana... (*)

(*) Fuente: Henry Miller, La sabiduría del corazón, Buenos Aires, Sur, 1966.

domingo, 20 de febrero de 2011

DEL CAMINAR SOBRE HIELO. WERNER HERZOG. (fragmentos)


Munich- Paris. Del 23 de noviembre al 14 de diciembre de 1974. Diario de viaje.

Domingo 8 de Diciembre.

Aquí, por pura desidia, se mata la tierra. Los niños juegan alrededor de la iglesia. La noche me ha congelado. Un anciano cruza el puente, no advierte que alguien lo esta observando, anda muy despacio, dando pequeños pasos trabajosos y vacilantes, sumido en sus reflexiones. La muerte va con el. Todo es penumbra. Grandes nubarrones: no hará buen tiempo. El matrimonio de Till se celebró en la montana, todo estaba cubierto de nieve y tuve que empujar a la abuelita hasta la cima. Desde arriba, Erika nos gritó que permaneciéramos sentados donde estábamos. Le conteste, en primer lugar, que no estábamos sentados, y luego, donde sentarse en medio de tanta nieve. Una oveja esquilada, atlética, que se había extraviado en la calle del pueblo vino hacia mi en la dudosa luz del alba, me obsequió con un balido y volvió a partir con su trote elástico. Ahora que esta amaneciendo comienzan a cantar los gorriones. Ayer el pueblo era indolente como una oruga cuando hace frío. Hoy, domingo, se ha acurrucado en su capullo. La helada ha hecho reventar las lombrices que no han conseguido cruzar la carretera asfaltada. Bajo los tejadillos de uralita acecha la soledad pronta a saltar.

Anduve sobre un alud de nieve mojada, al comienzo no me di cuenta. De pronto hubo un extraño movimiento de reptación en toda la pendiente, el suelo parecía esfumarse bajo mis pies. Que reptar? Que silbar?, me pregunte, Una serpiente? Y entonces toda la ladera se puso a reptar y a silbar conmigo encima. Mucha gente había tenido que pasar la noche en un estadio, y las gradas en las que dormían apretados unos contra otros eran tan rígidas que se produjeron verdaderos aludes humanos en vertiginoso descenso. No pude sujetarme a nada y acabe a orillas de un arroyo lejos de Poissons. Podía incluso ver su fuente originaria. Este arroyo, me dije, te llevara hasta el Marne. Ya había oscurecido cuando pase el Marne, en Joinville. Cruce primero el canal, luego el río que arrastraba en su corriente aguas maculadas de nieve. Al pasar ante una casa la televisión transmitía una competición de esquí. Donde voy a dormir? Un sacerdote español decía misa en ingles defectuoso. Cantaba desafinado en un saturado micrófono, pero detrás de el la pared de piedra estaba recubierta de hiedra. Unos gorriones hacían un ruido infernal....estaban tan cerca del micro que no se entendía nada de lo que decía el sacerdote. Los gorriones habían sido amplificados miles de veces. Entonces, una pálida muchacha se desmayó en la escalera, y murió. Le frotaron los labios con agua fresca, pero ella escogió la muerte.

jueves, 17 de febrero de 2011

DE UNA MUJER Y UNA SEMANA.


"Él recuerda aquellos años como si mirara a través del cristal de una ventana cubierta de polvo. El pasado es algo que podemos recordar pero no tocar y todo lo que se recuerda es borroso y vago."
In the mood for love. Wong Kar Wai.



Magdiel Aspillaga

Ella desapareció hace una semana exactamente como bala perdida, y mira que la traté de atrapar, plomo certero entre los dedos, arena entre miel y cal más allá de cada pie y cada paso lento y lento a la distancia que se trazaba entre uno y otro...lancé el teléfono mil veces por la ventana pero el volvía a entrar bravo conmigo y me decía -Llamala texteale algo, lo que sea o te voy a golpear-
A ella no le importa nada (you don't have to put on the red light) ella sigue y los caminos se le abren y los muros se derriban a su paso, ella baila come desayuna y después llora cada tarde cuando sabe que va a caer la noche después su cuerpo es de la noche esta hecha para la noche ella es la reina de la noche mientras yo me conformo con su voz de pito a través del vidrio entre las seis y las siete cada día. Permanentemente viene en madrugada su recuerdo que es como el recuerdo de una película de Dario Argento, ella aparece con una túnica azul (no se porque azul) y hay mucho viento con muchas hojas y grandes ventanales y detrás la sigue un personaje con una careta de ave y un cuerpo cubierto de abejas y de pronto la imagen empieza a desdibujarse, comienzo a olvidarme de su rostro de su risa de su tristeza y de su pelo rubio que no es real y entonces me despierto tenso, pongo a Luis Miguel en youtube... entregate mi prisionera...Luis Miguel se parece a mi hermano y mi hermano esta muy lejos ahora mismo....abre los ojos no me hagas sufrir...no te das cuenta que tengo sed de ti...mira hoy seras mía por fin.....dejame besar el brillo de tu desnudez (tocala de nuevo Sam) y sigo así toda la noche hasta las cinco de la mañana en que me doy cuenta que solo me quedan tres horas de sueño...esto no me pasaba desde la secundaria, esa cosa rara que viene de adentro y te levanta el estomago hasta el alma y el alma se te convierte en cuello y el cuello gira y el cuero cabelludo emana un calor como eléctrico, soy un hombre fosforescente en medio de una oscura habitación de madrugada mientras ella huye de domir al mismo tiempo, esta es una extraña reminiscencia fenómeno nemotécnico de algo que fué y pensé que no regresaría nunca mas, es verdad que me ha costado: tomar sopa con tenedor, caminar por las paredes, conversar con mi doble de su ausencia, discutir frente al espejo con esa otra parte que pertenece a los espejos, tener la mitad del cerebro dedicado a las acciones de locomoción y desplazamientos fisicos mientras la otra mitad la ocupa su rostro, su pelo deteriorado por los tintes y el estruendo de sus gritos (cuando ella grita todo el mundo mira y somos el centro cuando ella calla yo también me callo y me hace verme a mi mismo niño en mi casa con mis padres y eso es algo raro, es algo que me hace pensarla cada día aunque no este, siga o nunca mas la vuelva a ver) mirar la puerta y saber que allá afuera lamentablemente hay un mundo real con balas perdidas, cohetes inatrapables, ovnis misteriosos y una mujer que se disfraza, que es como Courtney Love con Juana Bacallao, que es de rosado y de sangre que menstrua y canta a veces también cuando yo canto con mi hermano y con Luis Miguel. Cuando comienzan a desdibujarse en mi memoria los rasgos de su cara me asusto, mucho, demasiado.

domingo, 6 de febrero de 2011

HABITACION DE SABADO EN ROMA.


Magdiel Aspillaga.

Es el tiempo que corre permanentemente a pesar de todo y todos, (eso lo escuche en el dialogo de alguna película que no recuerdo, una película de guerra de esas de “comandos” donde Chuck Norris tiene que rescatar a alguien de una tupida jungla y entonces su amigo mas cercano a punto de morir baleado entre las lianas de un pantano le grita -!Es el tiempo que corre permanentemente y a pesar de todo!- y Chuck Norris lo mira y levanta su ametralladora y ahí todos estamos seguros que aun le queda mucho al filme y que Chuck Norris va a vengar a su amigo y sobretodo que no va a morir. En ese momento de la película, el héroe ha destruido a la muerte, esa es la gran victoria del cine sobre el tiempo. Ya casi llega el Domingo, esta llegando, y yo pondré este post seguramente ya pasadas las doce como si se fueran a convertir todos los carruajes en calabazas y todos los ratones en hombres y después solo queda colocarse el cuello nuevamente y levantarse . Comienza nuestro día de no reposo –es nuevo día, un día magnifico no importa si para el pez plátano o para explotar indios- se trata de levantes absurdos, de sentir sin mas que somos dependientes de otros seres humanos sobre la tierra aunque en puntos exactamente divididos y en solo minutos fragmentos de algo que fue tiempo absolutamente definido. Como en un viejo filme de Edward S Potter donde el vaquero dispara a cámara, al lente no importa el peligro de cuantos mate al otro lado, lo determinante, lo imprescindible es que al tiempo hay que matarlo, hay que luchar contra el, contra la muerte, la muerte no puede llegarnos y si es preciso nos disparamos antes como en un acto heroico -primero muerto que caer en manos del enemigo- del enemigo tiempo, del enemigo tiempo distancia, tiempo real o no que transcurre en la otra realidad que usualmente muchas decimos “como en una película”, como si la vida real sucediera “adentro” de las películas.
Elena Anaya habla en euskera y yo trato de imitarla repitiendo mi apellido en voz alta pero es absurdo, todo es absurdo, los idiomas no son barrera porque ahora solo se trata de un espacio y dos personas juntas, es solo una habitación, quizás una ventana y las banderas exactas que ubiquemos entre nuestros propios bordes no importa si ingles, ruso, español lo que sea. “Memorial” suena Nyman en lo que se trata de prolongar un crimen, son muchos los que quieren violentar la ley -!la ley se hizo para violentarla, para desarmarla!-me gritan ellos cuatro desde las cuatro esquinas del cuarto (son fantasmas lo se, estuve mirando por la tarde “Paranormal activity 2” y parece que los invoque) Kurt Cobain cargando su escopeta, Hemingway hace lo mismo, como un filme del oeste de perfectos engranajes (también vi la ultima de los Coen, sigo mezclando títulos y estilos), Pavesse que no lleva escopeta sino revolver y Jean Eustache que se va a lanzar, golpear, arrancarse los pelos a sangre fría porque odia las armas y dice que no lo van a coger vivo y lo dice y lo repite seguidamente (los muertos son alegres los muertos no lloran ) y el alivio total de la vida y la muerte es algo que siguen cantando a coro las cuatro esquinas los cuatro fantasmas los cuatro jinetes y el amanecer violáceo sobre los tres mapas: el antiguo y el contemporáneo de esa ciudad que es Roma y que solo de turista conocí, y el mapa de la habitación, única y exacta habitación, permanente y tangible. Recuerdo las calles iguales a la calle que une y desune a Alba y Nasha...Sasha..Natasha. Roma no me fue tan atractiva, me recordaba a Cuba, yo caminaba y pensaba en Cuba y Cuba era y sigue siendo un fantasma llena de héroes que dicen y han dicho que tampoco los van a coger vivos. No me gusto mucho Roma en la vida real, me sigue gustando mas en las películas. Alli siguen Heminway, Kurt Cobain, Pavesse y Eustache que se sigue golpeando contra la pared de la esquina mas esquina, son cuatro puntas de algo que no logro descifrar pero que en este Domingo que comienza sin amanecer me es ilícitamente triste (me hubiera gustado que fueran cinco esquinas y en una estuviera Jack London) Cada día nos seguimos uniendo-separando mas por google-map, trato de ver la que era mi casa en Cuba por la red (Roma me recordó Cuba, una ciudad me recuerda un país completo), todo se ve borroso, sobrevuelo un espacio desconocido, soy un avión espía invisible, un U2 invisible en estas horas. Es raro, en internet mi pueblo esta de día, todo iluminado como si se tratara de un uso horario diferente, remoto, cinematograficamente imposible....y entonces que queda? me digo y trato de que alguien a esta hora tan temprana, demasiado temprana me aconseje. Los cuatro fantasmas famosos se acaban de disparar, “los cuatro mosqueteros”(que también se suicidaron, haciéndose harakiris al estilo japones) Pavesse ha muerto lentamente, Kurt Cobain se desploma mostrándome sus zapatos en blanco y negro, la boca de Hemingway no es sino un mural recortado en rojo contra mi cocina, Eustache se ha ido usando sus propios métodos y yo nuevamente trato de pensar en geografía no en color ni en historia, en geografía, en esa ciencia exacta o no que significa distancia, relieves , océanos, pueblos y el azar...ese cruel fenómeno que no soporto, sobretodo cuando la vida exige retornar a la normalidad, a lo que somos, o nos han dicho que somos y vamos a ser, mas allá de lo elíptico de una noche, de un nuevo día, de una habitación.

martes, 1 de febrero de 2011

JACK KERUAC: Es tu amigo, déjalo soñar...


Es tu amigo, déjalo soñar;
No es tu hermano, no es tu padre,
No es San Miguel, es un chico.

Está casado, trabaja, va a dormir
Al otro extremo del mundo,
Va a pensar en la Gran Noche Europea.

Le explico a él, a ti, mi camino no es el vuestro,
Niño, Perro —escucha: vete a buscar tu alma,
Vete a oler el viento, vete lejos.

La vida es una pena. Acerca el libro, vamos,
No escribas más en las paredes, en la luna,
La del Perro, en el mar, en el fondo nevado.

Vete a buscar a Dios en la noche, también en las nubes.
Cuándo se detendrá este gran círculo en el cráneo
¡oh Neal!; hay hombres, cosas, afuera que hacer.

Enormes tumbas tremendas de Actividad
En el desierto de África del corazón,
Los ángeles negros, las mujeres en la cama
con sus hermosos brazos abiertos para ti
en su juventud, suplicando algo de
Ternura en el mismo sudario.

Las grandes nubes de nuevos continentes,
Pies cansados en climas tan misteriosos,
No bajes hasta la otra parte para nada.

martes, 25 de enero de 2011

OFICINA: ¿Se limitarán a ser inventores de slogans?


PIER PAOLO PASOLINI

Es cierto que mi primer libro, publicado en 1942, fue un libro de poesías. Y también es cierto que empecé a escribir poesías a los siete años de edad, en segundo de primaria (tengo ante mi vista, luciente, aquel cuadernillo de rayas, con mi mano que escribe los primeros versos, con palabras «elegidas», en cuanto a estilo sublimis: verdor, ruiseñor...), pero, quién sabe por qué, cuando pienso, indistintamente, en los inicios de mi carrera literaria, pienso en mí como en uno que «proviene de la crítica». Quizá porque en los albores de los años cuarenta, precisamente, mi mayor entusiasmo - que por otra parte era poético - lo dedicaba a los estudios de filología románica y a la historia del arte (la memorable serie de lecciones de Roberto Longhi sobre Masaccio). El hecho mismo de que mis primeros versos publicados (y todavía no repudiados), de adolescente de 18 años, estuvieran en friulano, demuestra que mi operación poética tenía lugar bajo el signo de una inspiración fuertemente crítica, intelectual.


Es por eso por lo que sigo considerando a los críticos unos colegas. Algunos seniores, otros juniores. Desde la fulminante tarjeta postal de Lugano con la que Gianfranco Contini anunciaba una inmediata crítica de mis primeros versos friulanos de 1942 (fue la primera y la mayor de mis alegrías como escritor) hasta las últimas críticas de la Religione del mio tempo de este año - Bo, Vigorelli, Citati... -, yo siempre me he sentido juzgado por colegas: y con toda la lealtad y la estima del caso. Al mismo tiempo, yo también he trabajado siempre en el «campo» crítico. Por lo tanto, debería ser encausado: sometido a análisis también yo. Como escritor, estoy incondicionalmente agradecido a la crítica italiana: siempre he sido verdaderamente leído, a menudo con pasión, con intensidad analítica. Éste es uno de los pocos lados buenos de mi vida-literatura, de mi literatura-vida. Hay algunas excepciones, pero he de decir sin modestia la verdad: se trata siempre de críticos quizá bastante oficiales, pero que carecen de real consideración en el mejor mundo literario; o bien de jóvenes poco claros; o, por último, de periodistas, no de críticos: son los periodistas divulgadores a sueldo los que han ocasionado mucha confusión sobre la valoración crítica de mi trabajo, creando unos contrastes críticos que, en realidad, no existen. Los contrastes son sólo, e interesadamente, políticos.
Éste es mi punto de vista de escritor, o sea de cuerpo vil. Y me disculpo si el cuerpo vil ha sido, en este pequeño informe, un poco demasiado corporal, o sea privado.
Como colega, o sea como crítico, en parte me identifico y en parte soy combativo, pero combativo hasta un desapego definitivo e irreversible, con la crítica coetánea. Porque con el crítico excesivamente apasionado se mezcla en mí, como diría un meridional (Uèh, carissimo!), el ideólogo. Y toda mi lucha ideológica se ha desarrollado contra el hermetismo y el novecentismo, bajo el signo de Gramsci. Por eso he acusado a mis contemporáneos de practicar una crítica de gusto, de comunión estética, para élites: casi como si los objetos de la crítica fuesen unos monstruos, unos casos de humanidad volcánica, privilegiada en las innovaciones lingüísticas debidas a angustia o felicidad no comunicantes. He acusado a mis contemporáneos de moralismo (los liberales) y de estetismo (los católicos), y ambos, moralismo y estetismo, presuponen un mundo inmutable (¡imaginarse, Italia!), definitivo, concéntrico, donde tuviese valor real una sola cultura: la de la clase dominante, a la que los literatos pertenecen endeblemente, anárquicos o serviles, angustiados o chovinistas, conformistas o desmelenados, abiertos (los liberales antifascistas) o cerrados (los católicos estetizantes, también ellos antifascistas).
Ahora está naciendo un nuevo tipo de crítica: el inducido por el neocapitalismo para las masas consumistas. Será divertido ver a la crítica volverse cada vez más abierta y accesible a imponer a las masas lo que las masas están predispuestas a que se les imponga. En este giro de cultura apriorística y preordenada los críticos se limitarán a ser inventores de slogans. Por ahora vivimos aún de los restos de la cultura agrícola y comercial: que explica ese rasgo clásicamente idílico que hay siempre en toda la crítica literaria, no sólo italiana, y también ese rasgo ferozmente pueblerino, provinciano, en las clases bajas.

jueves, 20 de enero de 2011

ELLA SE PARECE A MILA KUNIS.



Magdiel Aspillaga.

Llegó de negro como una chica tecno y después de mirarme de arriba a bajo me besó cayendo sobre mi boca tranquila y acompasadamente, diciéndome que tenía mi vida sexual publicada en el blog (creo que tiene razón). Después se alejó con esa gracia única de las mujeres bellas y se empezó a tocar el pelo, la ropa, los botones, los ojales que se yo, y volvió a mirarme única y desafiante, ahí la miré, se daba un aire pero no podía estar seguro, se parecía a Mila Kunis, un poco más adulta, más sangrienta, más triste y más callada, más segura, más amable, más enorme, más telúrica y también más matérica, allí a mi lado tratando en inicio de entender que es lo que ha pasado y sigue pasando entre los dos y después el cine y las mujeres bellas y la soledad y las calles que se debaten entre frente frío, lluvia, amanecer y rutina-desafío. Todo terminó de la única forma que podía ser, casi sin palabras, solo gestos, ecuestres maniobras de uno sobre el otro y a un lado y otro, reconocimiento remoto de las lenguas ágiles y expectantes ante todo y cuanto todo pudiera haber en derredor, zambullirse detrás de cada respiración y cada momento, ella es única y se parece a Mila Kunis, tal si la belleza fuera indefectiblemente cuestión del cine, seguimos con el miedo a la muerte, tratando de congelar el tiempo en cuadros y cuadros, en momentos que pertenecieron al pasado, tu lo sabes, siempre lo supiste, pero sigues dejándote llevar por las corrientes -dejalos, allá ellos, dejalos que no saben lo que hacen- decía Nietzsche agarrado al oído de un caballo que era golpeado por su dueño. Creo que nadie me ha comprendido como tu, eso si lo pongo en el blog, si quieres también algo sexual, de posiciones, de momentos, de arriba o abajo o dentro de uno o de la manera en que cada uno quería meterse dentro del otro aferrados al ultimo madero que nos quedaba de placer. Quisiera estar siempre contigo y verte correr por un campo a lo lejos como fuera de foco, alguna música de fondo que no puede faltar, como si quisiera arrancarte de adentro para mi adentro y corroborar con mi boca ojos pene dientes de que se compone tu materia. Anoche vi a Wim Wenders conversando con Nicholas Ray, Nicholas Ray iba a morir y Wim Wenders tenia unos tirantes rojos y reía, pero yo tenia ganas de llorar, y Nicholas Ray también reía, y yo nuevamente tenía ganas de llorar y pensaba en que hoy iba a medir mis palabras a la hora de escribir publicamente y que dices que soy dulce pero que te llevo recio, que tratas de no perdonarme pero que me quieres, y yo muy adentro (seguimos adentro y con lo adentro) sigo pensando que eres la única que me puede entender, la unica que resignada y en silencio sabe quien soy ademas de Mila Kunis y Nicholas Ray que ya murió y tambien un poco Henry Miller sobretodo cuando bebo cerveza en los clubes de strippers buscando a alguna mujer que se parezca a Mila Kunis. Tu te pareces a Mila Kunis, tu estás hecha de sal y de leche y de sexo, mucho de sexo, y también de esa sustancia química que alguien en algún momento me dijo de que estaba compuesta (ya ni me acuerdo) y que se llama celuloide. Tu y yo sabemos de que va esta historia y mientras te digo esto Nicholas Ray está mirándome en la puerta sin reírse y se marcha, si pudieras estar aquí ahora mismo y verlo me harías tan feliz, de eso se compone la felicidad solo de tus partes más íntimas unidas a las mías por boca sexo aire y mar, venirnos juntos y pensar que afuera nada existe, que todo esta inventado especialmente para nosotros. Mila Kunis no es real, solo existen las actrices pornos, los borrachos, mi barbero y los amigos desconocidos del laundry, solo existimos tu y yo (Nicholas Ray se fue) solo existimos tu yo en este mundo como el último inolvidable plano de una película de Oshima, como una despedida en un tren tu adentro yo afuera, y yo golpeo el cristal con las manos ensangrentadas, tu corres, que más, déjate llevar, corre, vuela, como prefieras, ascender si es preciso. Henry Miller bebe y me dice que eres una mujer bella, con eso me basta, (lo demás es inmediato) decirle a los astros cuanto los odias y que no vale la pena vivir así: sin Nicholas Ray, sin Henry Miller, con cosas que no son y dicen ser, con gente que queda atrás, con ademanes y gestos obligados, con tantas maniobras que se van a morir muy pronto. Me besas me quieres y te vas ligeramente haciéndote lejana en lo que yo alimento a mi doble y le cuento de tu ausencia.

ERNESTO OROZA: Inova – Exhibition Spotlight


Friday, January 21-Sunday, March 13
Opening Reception: Friday, January 21, 5-8 pm
Location: Inova/Kenilworth

Ernesto Oroza’s “Architecture of Necessity” chronicles the inventive solutions that arise under conditions of severe economic limitations, such as those in his native Havana. The island nation of Cuba has been embargoed and isolated for decades and restricted by an authoritarian government, and deprivation is the norm. Though private production is illegal under the current system, people invent the things they need, and make changes to their built environment as necessary.

Oroza’s work (in essays, photographs, collected and reconstructed objects) documents the range of inventive solutions borne out of these conditions, while charting a moral course for social discourse and development.
The exhibition at Inova will feature a combination of interior design and architectural elements, along with documentary photographs of architectural modifications in Havana, and video detailing various household inventions. Inova will publish an edition of Oroza’s Tabloids, an ongoing project that conveys ideas and visual information in an inexpensive and widely distributable format. The Inova tabloid will act as the exhibition publication for the concurrent shows (Matthew Girson and Jeanne Dunning), and contain information specific to the Milwaukee community. We are grateful for the support of the Walker’s Point Center for the Arts and Aprenda Invertir (Miami).

Image:
Moral Modulor # 81 (from Architecture of Necessity)
1997-2008
D-print
25 1/2 x 18 7/8"

domingo, 9 de enero de 2011

FAREWELL MY HONG KONG.


Magdiel Aspillaga

Roman Polanski se lanza por una ventana atravesando la corteza de cristal, dejandose caer por gravedad exacta varios pisos abajo.

–¡Está huyendo de la policía. Lo acusan de violar una menor. A una niña...monstruo agresivo. Is the creature of the black lagoon! ¡Atrápenlo!-

Lo curioso es que Polanski estaba vestido de mujer y se le viró una pierna completamente y quedó medio atontado y un tacón de los que llevaba salió disparado varios metros. Los vecinos del lugar se reunieron alrededor del cineasta polaco pero este seguía atontado y no decía palabra alguna, sangraba y era evidente que podía tener varios huesos rotos.

-¡Travesti! Gritó una anciana desde un piso vecino, la peluca y el carmín también se le corrían. Polanski trataba de que nadie lo descubriera, de que nadie notara que era un disfraz para escapar, como mismo escapó de los nazis, de los rusos, de las mujeres histéricas, de los productores ingleses, de la justicia norteamericana, hasta Arnold vestido de Terminator lo estaba buscando en nombre de California para llevarlo ante el tribunal, California le cobró arrancándole las tripas a su antigua esposa, pero eso no es suficiente, a California hay que pagarle. Pero Polanski no logra precisar los rostros de cada uno de los vecinos que lo rodean. Se incorpora, vuelve a mirar su piso, su escueta habitación de donde se lanzó hace solo unos momentos. Y comienza a subir lentamente las escaleras, nadie se atreve a hacer ni decir nada -¡Déjenlo!- ¡Es un loco!- y Polanski sigue subiendo y abre la puerta de su sitio y se asoma a la ventana, todo es un espectáculo preparado y el lo sabe, siempre lo ha sabido, siempre ha sido un payaso, un bufón de corto tamaño atractivo para el morbo de algunas señoras, para espectáculos y para que otros rían o lloren, pero el esta dispuesto, se lastima ligeramente con uno de los restos de la ventana, se sube ya sin un tacón, los panties carmelitas están raídos, su peluca movida, el carmín lloroso, se sube y zasss

Raaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Cae cae y se ve en plano cenital y contrapicado y vuelve a caer esta vez atravesándose de heridas por los antiguos cristales rotos y su cuerpo pesado y menudo se desparrama sobre el cemento frío de la acera, vuelve a golpearse, esta vez más definitivamente fuerte. Sus dientes sangran, perdió dos dientes en el vuelo y contra la caída otros dos, como el que se encontró escondido en la pared de su piso hace unos días -no entiendo, no entiendo, no entiendo- Polanski no logra entender porque le ha tocado un mundo tan hostil. Ahora está atontado. Se incorpora, un raro adefesio es Polanski, un travesti enano, un hombre blanco polaco que parece maricón o mujer o mujercita, mal vestido medio vestido de muchacha. Pero Polanski sabe que no lo van a descubrir tan fácilmente, Polanski nunca ha soportado los cambios y los cambios siempre lo persiguen, siempre se lo han dicho, pero el no lo entiende, sigue sin entenderlo y así y todo se acaba de lanzar y se va a seguir lanzando demostrándole al mundo cuanto es y cuanto ha sido porque teme que lo recluyan en Suiza de por vida en su chalet millonario y que solo pueda ver televisión y hablar de whisky con sus amigos por teléfono y degustar vinos regalados y hacerle el amor a su esposa una y otra vez hasta pensar que es libre y que corre por la nieve azul sacudida de funiculares. Polanski es travesti y lo sabe y por eso se lanza de la ventana. Hace unas semanas abofeteó a un niño frente a un lago y le hizo el amor a mil mujeres y caminó la sección del Louvre dedicada a Egipto sin comprender muy bien los jeroglíficos pero sintiendo una rara atracción por todo aquello, -que será…oh que será que será…. Polanski se acaba de lanzar de una ventana y caer al duro y rotundo pavimento, un hueso le ha atravesado la carne de la otra pierna.
-Definitivamente estoy hecho un desastre, hoy no es mi día, así no voy a llegar a ningún lado, porque he de lanzarme, eso solo yo lo sé, solo yo comprendo el porque de tirarme y tirarme y caer….decidido y listo caer como si no me importara. Caigo ligero de ropas y equipaje, vestido de niña, de loca, de lo que quieran pero rían, avisten mi silueta por el viento o lo que sea, nadie me va a recordar en mil y un años, solo el amor que hice por doquier, solo la sexualidad desenfrenada de alcohol y celuloide. Así estoy esperando a los gendarmes que vienen con silbatos en la boca y con aluminio en la cara y que llegan y me dicen Monsieur que pasa que pasa y te dan una galleta para que te incorpores y hasta éter para que huelas y abras los párpados porque estás cansado, a esta hora no sabes a ciencia cierta si eres hombre mujer o un personaje que es hombre y mujer al mismo tiempo, no aguante más y me lance. ¡Polanski se ha lanzado!- grito yo mismo.
Roman yace tirado sangrante sobre el piso, nadie hace nada, solo lo miran y lo miran, seguros que no se va a levantar de nuevo y que esta loco definitivamente loco. El olor de pan horneado abulta las caras de la mañana. En los hospitales se descansa de las caídas permanentes.


© Este fragmento pertenece al libro inédito REQUIEM EN BETA. No puede ser reproducido en ningún otro sitio, salvo con autorización de su autor.

domingo, 2 de enero de 2011

LARS VON TRIER AMA A TARKOVSKY.


Magdiel Aspillaga.

Muchos han sido los directores que han intentado conjurar con la obra de otros cineastas importantes y han perecido en el intento. Hace poco tiempo pude visionar la cinta mas reciente del iconoclasta director danes Lars Von Trier: “Antichrist”, con las excelentes actuaciones de Willem Defoe y Charlotte Gainsbourg. “Antichrist” esta dedicada y es un gran homenaje al cineasta ruso Andrei Tarkovsky como bien reza el credito final de la pelicula. En esta entrega Von Trier sigue siendo violento, misogeno, poetico, inusual, original. Para todo amante del buen cine siempre es un placer su obra. Si en peliculas anteriores se percibia un Von Trier mas “suave” con “Antichrist” se nota un regreso a sus primeras y potentes cintas “Medea”, “Europa”, “Rompiendo las olas”. “Antichrist” es una pelicula sicologica, poetica y profundamente antropomorfica. El fantasma de Tarkovsky deambula en el metraje junto a los propios fantasmas que evocan los protagonistas, solos a lo largo de todo el filme. Se siente la introspeccion de “El espejo” rozando con el horror, momentos a lo “Stalker”, “Nostalgia” (sobretodo el final), encuadres cargados de profundos significados. Para mi una pelicula sobre la depresion, la auto-reflexion del ser humano con respecto a la violencia, el sexo, la maternidad, la bipolaridad, la angustia, la muerte. A mi gusto la secuencia inicial de la pelicula es una de las mas logradas que he visto en cine. La misoginia del realizador aparece en un raro acto de amor-odio hacia la mujer, la mujer como ente materno, sexual, la maternidad como culpabilidad, como responsabilidad ante el miedo y la tristeza de la vida. (“Medea”, “Dancer in the dark”). Muchos momentos tambien que evocan a Bergman y Bresson. Von Trier acepta las influencias, parece no querer seguir siendo el enfant terrible del Dogma 95, ya la realidad y la aproximacion social tan determinante en sus ultimos trabajos da paso a lo onirico de su propio universo poetico pausado, adulto, a mi criterio su cinta mas lograda.


Cuando pienso en el cine de Von Trier me dan ganas de escribir un ensayo de miles de paginas, su obra ha influenciado a mas de una generacion de cineastas y movimientos cinematograficos a nivel mundial, ha trabajado con estrellas y ha convertido a otros en estrellas, sin dejar una y otra vez de atacar y molestar al “poder”, iconoclasta puro, su cine es impulsivo, violento, energico y sobretodo verdadero. Un cine plagado de fuertes accionantes a nivel semantico, su obra demuestra el valor y lo sublime de ese arte llamado cine.
Es bello su homenaje a Tarkosvky, uno de los genios sensibles mas grandes del siglo XX. Von Trier sale airoso de este encuentro, a traves de la imagen, el sonido y del atrapar el tiempo en lucha con la muerte. “Antichrist” es una bofetada de talento, amor y sangre, mas alla de la taquilla, del publico o de las exigencias del mercado, cada dia mas presentes.

Miami, 2 de enero del 2011.



FICHA TECNICA:

“Antichrist”
Dirección Lars von Trier
Producción Meta Louise Foldager
Guión Lars von Trier
Editor Anders Refn
Fotografía Anthony Dod Mantle
Reparto Willem Dafoe
Charlotte Gainsbourg
País(es) Dinamarca, Alemania, Francia, Suecia
2009
109 min
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