domingo, 8 de abril de 2012

H. P. LOVECRAFT: EL COLOR QUE CAYÓ DEL CIELO.


Al Oeste de Arkham las colinas se yerguen selváticas, y hay valles con profundos bosques en los cuales no ha resonado nunca el ruido de un hacha. Hay angostas y oscuras cañadas donde los árboles se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos arroyuelos que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de la Nueva Inglaterra; pero todas ellas están ahora vacías, con las amplias chimeneas desmoronándose y las paredes pandeándose debajo de los techos a la holandesa.
Sus antiguos moradores se marcharon, y a los extranjeros no les gusta vivir allí. Los francocanadienses lo han intentado, los italianos lo han intentado, y los polacos llegaron y se marcharon. Y ello no es debido a nada que pueda ser oído, o visto, o tocado, sino a causa de algo puramente imaginario. El lugar no es bueno para la imaginación, y no aporta sueños tranquilizadores por la noche. Esto debe ser lo que mantiene a los extranjeros lejos del lugar, ya que el viejo Ammi Pierce no les ha contado nunca lo que él recuerda de los extraños días. Ammi, cuya cabeza ha estado un poco desequilibrada durante años, es el único que sigue allí, y el único que habla de los extraños días; y se atreve a hacerlo, porque su casa está muy próxima al campo abierto y a los caminos que rodean a Arkham.

En otra época había un camino sobre las colinas y a través de los valles, que corría en mi recta donde ahora hay un marchito erial1; pero la gente dejó de utilizarlo y se abrió un nuevo camino que daba un rodeo hacia el sur. Entre la selvatiquez del erial pueden encontrarse aún huellas del antiguo camino, a pesar de que la maleza lo ha invadido todo. Luego, los oscuros bosques se aclaran y el erial muere a orillas de unas aguas azules cuya superficie refleja el cielo y reluce al sol. Y los secretos de los extraños días se funden con los secretos de las profundidades; se funden con la oculta erudición del viejo océano, y con todo el misterio de la primitiva tierra.

Cuando llegué a las colinas y valles para acotar los terrenos destinados a la nueva alberca, me dijeron que el lugar estaba embrujado. Esto me dijeron en Arkham, y como se trata de un pueblo muy antiguo lleno de leyendas de brujas, pensé que lo de embrujado debía ser algo que las abuelas habían susurrado a los chiquillos a través de los siglos. El nombre de "marchito erial" me pareció muy raro y teatral, y me pregunté cómo habría llegado a formar parte de las tradiciones de un pueblo puritano. Luego vi con mis propios ojos aquellas cañadas y laderas, y ya no me extrañó que estuvieran rodeadas de una leyenda de misterio. Las vi por la mañana, pero a pesar de ello estaban sumidas en la sombra. Los árboles crecían demasiado juntos, y sus troncos eran demasiado grandes tratándose de árboles de Nueva Inglaterra. En las oscuras avenidas del bosque había demasiado silencio, y el suelo estaba demasiado blando con el húmedo musgo y los restos de infinitos años de descomposición.

En los espacios abiertos, principalmente a lo largo de la línea del antiguo camino, había pequeñas casas de labor; a veces, con todas sus edificaciones en pie, y a veces con sólo un par de ellas, y a veces con una solitaria chimenea o una derruida bodega. La maleza reinaba por todas partes, y seres furtivos susurraban en el subsuelo. Sobre todas las cosas pesaba una rara opresión; un toque grotesco de irrealidad, como si fallara algún elemento vital de perspectiva o de claroscuro. No me estuvo raro que los extranjeros no quisieran permanecer allí, ya que aquélla no era una región que invitara a dormir en ella. Su aspecto recordaba demasiado el de una región extraída de un cuento de terror.

Pero nada de lo que había visto podía compararse, en lo que a desolación respecta, con el marchito erial. Se encontraba en el fondo de un espacioso valle; ningún otro nombre hubiera podido aplicársele con más propiedad, ni ninguna otra cosa se adaptaba tan perfectamente a un nombre. Era como si un poeta hubiese acuñado la frase después de haber visto aquella región. Mientras la contemplaba, pensé que era la consecuencia de un incendio; pero, ¿por qué no había crecido nunca nada sobre aquellos cinco acres de gris desolación, que se extendía bajo el cielo como una gran mancha corroída por el ácido entre bosques y campos? Discurre en gran parte hacia el norte de la línea del antiguo camino, pero invade un poco el otro lado. Mientras me acercaba experimenté una extraña sensación de repugnancia, y sólo me decidí a hacerlo porque mi tarea me obligaba a ello. En aquella amplia extensión no había vegetación de ninguna clase; no había más que una capa de fino polvo o ceniza gris, que ningún viento parecía ser capaz de arrastrar. Los árboles más cercanos tenían un aspecto raquítico y enfermizo, y muchos de ellos aparecían agostados o con los troncos podridos. Mientras andaba apresuradamente vi a mi derecha los derruidos restos de una casa de labor, y la negra boca de un pozo abandonado cuyos estancados vapores adquirían un extraño matiz al ser bañados por la luz del sol. El desolado espectáculo hizo que no me maravillara ya de los asustados susurros de los moradores de Arkham. En los alrededores no había edificaciones ni ruinas de ninguna clase; incluso en los antiguos tiempos, el lugar dejó de ser solitario y apartado. Y a la hora del crepúsculo, temeroso de pasar de nuevo por aquel ominoso lugar, tomé el camino del sur, a pesar de que significaba dar un gran rodeo.

Por la noche interrogué a algunos habitantes de Arkham acerca del marchito erial, y pregunté qué significado tenía la frase "los extraños días" que había oído murmurar evasivamente. Sin embargo, no pude obtener ninguna respuesta concreta, y lo único que saqué en claro era que el misterio se remontaba a una fecha mucho más reciente de lo que había imaginado. No se trataba de una vieja leyenda, ni mucho menos, sino de algo que había ocurrido en vida de los que hablaban conmigo. Había sucedido en los años ochenta, y una familia desapareció o fue asesinada. Los detalles eran algo confusos; y como todos aquellos con quienes hablé me dijeron que no prestara crédito a las fantásticas historias del viejo Ammi Pierce, decidí ir a visitarlo a la mañana siguiente, después de enterarme de que vivía solo en una ruinosa casa que se alzaba en el lugar donde los árboles empiezan a espesarse. Era un lugar muy viejo, y había empezado a exudar el leve olor miásmico que se desprende de las casas que han permanecido en pie demasiado tiempo. Tuve que llamar insistentemente para que el anciano se levantara, y cuando se asomó tímidamente a la puerta me di cuenta de que no se alegraba de verme. No estaba tan débil como yo había esperado; sin embargo, sus ojos parecían desprovistos de vida, y sus andrajosas ropas y su barba blanca le daban un aspecto gastado y decaído.

No sabiendo cómo enfocar la conversación para que me hablara de sus "fantásticas historias", fingí que me había llevado hasta allí la tarea a que estaba entregado; le hablé de ella al viejo Ammi, formulándole algunas vagas preguntas acerca del distrito. Ammi Pierce era un hombre más culto y más educado de lo que me habían dado a entender, y se mostró más comprensivo que cualquiera de los hombres con los cuales había hablado en Arkham. No era como otros rústicos que había conocido en las zonas donde iban a construirse las albercas. Ni protestó por las millas de antiguo bosque y de tierras de labor que iban a desaparecer bajo las aguas, aunque quizá su actitud hubiera sido distinta de no haber tenido su hogar fuera de los límites del futuro lago. Lo único que mostró fue alivio; alivio ante la idea de que los valles por los cuales había vagabundeado toda su vida iban a desaparecer. Estarían mejor debajo del agua..., mejor debajo del agua desde los extraños días. Y, al decir esto, su ronca voz se hizo más apagada, mientras su cuerpo se inclinaba hacia delante y el dedo índice de su mano derecha empezaba a señalar de un modo tembloroso e impresionante.

Fue entonces cuando oí la historia, y mientras la ronca voz avanzaba en su relato, en una especie de misterioso susurro, me estremecí una y otra vez a pesar de que estábamos en pleno verano. Tuve que interrumpir al narrador con frecuencia, para poner en claro puntos científicos que él sólo conocía a través de lo que había dicho un profesor, cuyas palabras repetía como un papagayo, aunque su memoria había empezado ya a flaquear; o para tender un puente entre dato y dato, cuando fallaba su sentido de la lógica y de la continuidad. Cuando hubo terminado, no me extrañó que su mente estuviera algo desequilibrada, ni que a la gente de Arkham no le gustara hablar del marchito erial. Me apresuré a regresar a mi hotel antes de la puesta del sol, ya que no quería tener las estrellas sobre mi cabeza encontrándome al aire libre. Al día siguiente regresé a Boston para dar mi informe. No podía ir de nuevo a aquel oscuro caos de antiguos bosques y laderas, ni enfrentarme otra vez con aquel gris erial donde el negro pozo abría sus fauces al lado de los derruidos restos de una casa de labor. La alberca iba a ser construida inmediatamente, y todos aquellos antiguos secretos quedarían enterrados para siempre bajo las profundas aguas. Pero creo que ni cuando esto sea una realidad, me gustará visitar aquella región por la noche..., al menos, no cuando brillan en el cielo las siniestras estrellas.

Todo empezó, dijo el viejo Ammi, con el meteorito. Antes no se habían oído leyendas de ninguna clase, e incluso en la remota época de las brujas aquellos bosques occidentales no fueron ni la mitad de temidos que la pequeña isla del Miskatonic, donde el diablo concedía audiencias al lado de un extraño altar de piedra, más antiguo que los indios. Aquéllos no eran bosques hechizados, y su fantástica oscuridad no fue nunca terrible hasta los extraños días. Luego había llegado aquella blanca nube meridional, se había producido aquella cadena de explosiones en el aire y aquella columna de humo en el valle. Y, por la noche, todo Arkham se había enterado de que una gran piedra había caído del cielo y se había incrustado en la tierra, junto al pozo de la casa de Nahum Gardner. La casa que se había alzado en el lugar que ahora ocupaba el marchito erial.

Nahum había ido al pueblo para contar lo de la piedra, y al pasar ante la casa de Ammi Pierce se lo había contado también. En aquella época Ammi tenía cuarenta años, y todos los extraños acontecimientos estaban profundamente grabados en su cerebro. Ammi y su esposa habían acompañado a los tres profesores de la Universidad de Miskatonic que se presentaron a la mañana siguiente para ver al fantástico visitante que procedía del desconocido espacio estelar, y habían preguntado cómo era que Nahum había dicho, el día antes, que era muy grande. Nahum, señalando la pardusca mole que estaba junto a su pozo, dijo que se había encogido. Pero los sabios replicaron que las piedras no se encogen. Su calor irradiaba persistentemente, y Nahum declaró que había brillado débilmente toda la noche. Los profesores golpearon la piedra con un martillo de geólogo y descubrieron que era sorprendentemente blanda. En realidad, era tan blanda como si fuera artificial, y arrancaron, más bien que escoplearon, una muestra para llevársela a la Universidad a fin de comprobar su naturaleza. Tuvieron que meterla en un cubo que le pidieron prestado a Nahum, ya que el pequeño fragmento no perdía calor. En su viaje de regreso se detuvieron a descansar en la casa de Ammi, y parecieron quedarse pensativos cuando la señora Pierce observó que el fragmento estaba haciéndose más pequeño y había empezado a quemar el fondo del cubo. Realmente no era muy grande, pero quizás habían cogido un trozo menor de lo que habían supuesto.

Al día siguiente -todo esto ocurría en el mes de junio de 1882-, los profesores se presentaron de nuevo, muy excitados. Al pasar por la casa de Ammi le contaron lo que había sucedido con la muestra, diciendo que había desaparecido por completo cuando la introdujeron en un recipiente de cristal. El recipiente también había desaparecido, y los profesores hablaron de la extraña afinidad de la piedra con el silicón. Había reaccionado de un modo increíble en aquel laboratorio perfectamente ordenado; sin sufrir ninguna modificación ni expeler ningún gas al ser calentada al carbón, mostrándose completamente negativa al ser tratada con bórax y revelándose absolutamente no volátil a cualquier temperatura, incluyendo la del soplete de oxihidrógeno. En el yunque apareció como muy maleable, y en la oscuridad su luminosidad era muy notable. Negándose obstinadamente a enfriarse, provocó una gran excitación entre los profesores; y cuando al ser calentada ante el espectroscopio mostró unas brillantes bandas distintas a las de cualquier color conocido del espectro normal, se habló de nuevos elementos, de raras propiedades ópticas, y de todas aquellas cosas que los intrigados hombres de ciencia suelen decir cuando se enfrentan con lo desconocido.

Caliente como estaba, fue comprobada en un crisol con todos los reactivos adecuados. El agua no hizo nada. Ni el ácido clorhídrico. El ácido nítrico e incluso el agua regia se limitaron a resbalar sobre su tórrida invulnerabilidad. Ammi se encontró con algunas dificultades para recordar todas aquellas cosas, pero reconoció algunos disolventes a medida que se los mencionaba en el habitual orden de utilización: amoniaco y sosa cáustica, alcohol y éter, bisulfito de carbono y una docena más; pero, a pesar de que el peso iba disminuyendo con el paso del tiempo, y de que el fragmento parecía enfriarse ligeramente, los disolventes no experimentaron ningún cambio que demostrara que habían atacado a la sustancia. Desde luego, se trataba de un metal. Era magnético, en grado extremo; y después de su inmersión en los disolventes ácidos parecían existir leves huellas de la presencia de hierro meteórico, de acuerdo con los datos de Widmanstalten. Cuando el enfriamiento era ya considerable colocaron el fragmento en un recipiente de cristal para continuar las pruebas Y a la mañana siguiente, fragmento y recipiente habían desaparecido sin dejar rastro, y únicamente una chamuscada señal en el estante de madera donde los habían dejado probaba que había estado realmente allí.

Esto fue lo que los profesores le contaron a Ammi mientras descansaban en su casa, y una vez más fue con ellos a ver el pétreo mensajero de las estrellas, aunque en esta ocasión su esposa no lo acompañó. Comprobaron que la piedra se había encogido realmente, y ni siquiera los más escépticos de los profesores pudieron dudar de lo que estaban viendo. Alrededor de la masa pardusca situada junto al pozo había un espacio vacío, un espacio que eran dos pies menos que el día anterior. Estaba aún caliente, y los sabios estudiaron su superficie con curiosidad mientras separaban otro fragmento mucho mayor que el que se habían llevado. Esta vez ahondaron más en la masa de piedra, y de este modo pudieron darse cuenta de que el núcleo central no era completamente homogéneo.

Habían dejado al descubierto lo que parecía ser la cara exterior de un glóbulo empotrado en la sustancia. El color, parecido al de las bandas del extraño espectro del meteoro, era casi imposible de describir; y sólo por analogía se atrevieron a llamarlo color. Su contextura era lustrosa, y parecía quebradiza y hueca. Uno de los profesores golpeó ligeramente el glóbulo con un martillo, y estalló con un leve chasquido. De su interior no salió nada, y el glóbulo se desvaneció como por arte de magia, dejando un espacio esférico de unas tres pulgadas de diámetro, Los profesores pensaron que era probable que encontraran otros glóbulos a medida que la sustancia envolvente se fuera fundiendo.

La conjetura era equivocada, ya que los investigadores no consiguieron encontrar otro glóbulo, a pesar de que taladraron la masa por diversos lugares. En consecuencia, decidieron llevarse la nueva muestra que habían recogido... y cuya conducta en el laboratorio fue tan desconcertante como la de su predecesora. Aparte de ser casi plástica, de tener calor, magnetismo y ligera luminosidad, de enfriarse levemente en poderosos ácidos, de perder peso y volumen en el aire y de atacar a los compuestos de silicón con el resultado de una mutua destrucción. La piedra no presentaba características de identificación; y al fin de las pruebas, los científicos de la Universidad se vieron obligados a reconocer que no podían clasificarla. No era nada de este planeta, sino un trozo del espacio exterior; y, como tal, estaba dotado de propiedades exteriores y desconocidas y obedecía a leyes exteriores y desconocidas.

Aquella noche hubo una tormenta, y cuando los profesores acudieron a casa de Nahum al día siguiente, se encontraron con una desagradable sorpresa. La piedra, magnética como era, debió poseer alguna peculiar propiedad eléctrica ya que había "atraído al rayo", como dijo Nahum, con una singular persistencia. En el espacio de una hora el granjero vio cómo el rayo hería seis veces la masa que se encontraba junto al pozo, y al cesar la tormenta descubrió que la piedra había desaparecido. Los científicos, profundamente decepcionados, tras comprobar el hecho de la total desaparición, decidieron que lo único que podían hacer era regresar al laboratorio y continuar analizando el fragmento que se habían llevado el día anterior y que como medida de precaución hablan encerrado en una caja de plomo. El fragmento duró una semana transcurrida la cual no se había llegado a ningún resultado positivo. La piedra desapareció, sin dejar ningún residuo, y con el tiempo los profesores apenas creían que habían visto realmente aquel misterioso vestigio de los insondables abismos exteriores; aquel único, fantástico mensaje de otros universos y otros reinos de materia, energía y entidad.

Como era lógico, los periódicos de Arkham hablaron mucho del incidente y enviaron a sus reporteros a entrevistar a Nahum y a su familia. Un rotativo de Boston envío también un periodista, y Nahum se convirtió rápidamente en una especie de celebridad local. Era un hombre delgado, de unos cincuenta años, que vivía con su esposa y sus tres hijos del producto de lo que cultivaba en el valle. Él y Ammi se hacían frecuentes visitas, lo mismo que sus esposas; y Ammi sólo tenía frases de elogio para él después de todos aquellos años. Parecía estar orgulloso de la atención que había despertado el lugar, y en las semanas que siguieron a su aparición y desaparición habló con frecuencia del meteorito. Los meses de julio y agosto fueron cálidos; y Nahum trabajó de firme en sus campos, y las faenas agrícolas lo cansaron más de lo que lo habían cansado otros años, por lo que llegó a la conclusión de que los años habían empezado a pesarle.

Luego llegó la época de la recolección. Las peras v manzanas maduraban lentamente, y Nahum aseguraba que sus huertos tenían un aspecto más floreciente que nunca. La fruta crecía hasta alcanzar un tamaño fenomenal y un brillo musitado, y su abundancia era tal que Nahum tuvo que comprar unos cuantos barriles más a fin de poder embalar la futura cosecha. Pero con la maduración llegó una desagradable sorpresa, ya que toda aquella fruta de opulenta presencia resultó incomible. En vez del delicado sabor de las peras y manzanas, la fruta tenía un amargor insoportable. Lo mismo ocurrió con los melones y los tomates, y Nahum vio con tristeza cómo se perdía toda su cosecha. Buscando una explicación a aquel hecho, no tardó en declarar que el meteorito había envenenado el suelo, y dio gracias al cielo porque la mayor parte de las otras cosechas se encontraban en las tierras altas a lo largo del camino.

El invierno se presentó muy pronto y fue muy frío. Ammi veía a Nahum con menos frecuencia que de costumbre, y observó que empezaba a tener un aspecto preocupado. También el resto de la familia había asumido un aire taciturno; y fueron espaciando sus visitas a la iglesia y su asistencia a los diversos acontecimientos sociales de la comarca. No pudo encontrarse ningún motivo para aquella reserva o melancolía, aunque todos los habitantes de la casa daban muestras de cuando en cuando de un empeoramiento en su estado de salud física y mental. Esto se hizo más evidente cuando el propio Nahum declaró que estaba preocupado por ciertas huellas de pasos que había visto en la nieve. Se trataba de las habituales huellas invernales de las ardillas rojas, de los conejos blancos y de los zorros, pero el caviloso granjero afirmó que encontraba algo raro en la naturaleza y disposición de aquellas huellas. No fue más explícito, pero parecía creer que no era característica de la anatomía y las costumbres de ardillas y conejos y zorros. Ammi no hizo mucho caso de todo aquello hasta una noche que pasó por delante de la casa de Nahum en su trineo, en su camino de regreso de Clark's Corners. En el cielo brillaba la luna, y un conejo cruzó corriendo el camino, y los saltos de aquel conejo eran más largos de lo que les hubiera gustado a Ammi y a su caballo. Este último, en realidad, se hubiera desbocado si su dueño no hubiera empuñado las riendas con mano firme. A partir de entonces, Ammi mostró un mayor respeto por las historias que contaba Nahum, y se preguntó por qué los perros de Gardner parecían estar tan asustados y temblorosos cada mariana. Incluso habían perdido el ánimo para ladrar.

En el mes de febrero los chicos de McGregor, de Meadow Hill, salieron a cazar marmotas, y no lejos de las tierras de Gardner capturaron un ejemplar muy especial. Las proporciones de su cuerpo parecían ligeramente alteradas de un modo muy raro, imposible de describir, en tanto que su rostro tenía una expresión que hasta entonces nadie había visto en el rostro de una marmota. Los chicos quedaron francamente asustados y tiraron inmediatamente el animal, de modo que por la comarca sólo circuló la grotesca historia que los mismos chicos contaron. Pero esto, unido a la historia del conejo que asustaba a los caballos en las inmediaciones de la casa de Nahum, dio pie a que empezara a tomar cuerpo una leyenda, susurrada en voz baja.

La gente aseguraba que la nieve se había fundido mucho más rápidamente en los alrededores de la casa de Nahum que en otras partes, y a principios de marzo se produjo una agitada discusión en la tienda de Potter, de Clark's Corners. Stephen Rice había pasado por las tierras de Gardner a primera hora de la mañana y se había dado cuenta de que la hierba fétida empezaba a crecer en todo el fangoso suelo. Hasta entonces no se había visto hierba fétida de aquel tamaño, y su color era tan raro que no podía ser descrito con palabras. Sus formas eran monstruosas, y el caballo había relinchado lastimeramente ante la presencia de un hedor que hirió también desagradablemente el olfato de Stephen. Aquella misma tarde, varias personas fueron a ver con sus propios ojos aquella anomalía, y todas estuvieron de acuerdo en que las plantas de aquella clase no podían brotar en un mundo saludable. Se mencionaron de nuevo los frutos amargos del otoño anterior, y corrió de boca en boca que las tierras de Nahum estaban emponzoñadas. Desde luego, se trataba del meteorito; y recordando lo extraño que les había parecido a los hombres de la Universidad, varios granjeros hablaron del asunto con ellos.

Un día, hicieron una visita a Nahum; pero como se trataba de unos hombres que no prestaban crédito con facilidad a las leyendas, sus conclusiones fueron muy conservadoras. Las plantas eran raras, desde luego, pero toda la hierba fétida es más o menos rara en su forma y en su color. Quizás algún elemento mineral del meteorito había penetrado en la tierra, pero no tardaría en desaparecer. Y en cuanto a las huellas en la nieve y a los caballos asustados... se trataba únicamente de habladurías sin fundamento, que habían nacido a consecuencia de la caída del meteorito. Pero unos hombres serios no podían tener en cuenta las habladurías de los campesinos, ya que los supersticiosos labradores dicen y creen cualquier cosa. Ese fue el veredicto de los profesores acerca de los extraños días. Sólo uno de ellos, encargado de analizar dos redomas de polvo en el curso de una investigación policíaca, año y medio más tarde, recordó que el extraño color de la hierba fétida era muy parecido al de las insólitas bandas de luz que reveló el fragmento del meteoro en el espectroscopio de la Universidad, y al del glóbulo que encontraran en el interior de la piedra. En el análisis que el mencionado profesor llevó a cabo, las muestras revelaron al principio las mismas insólitas bandas, aunque más tarde perdieran la propiedad.

Los árboles florecieron prematuramente alrededor de la casa de Nahum, y por la noche se mecían ominosamente al viento. El segundo hijo de Nahum, Thaddeus, un muchacho de quince años, juraba que los árboles se mecían también cuando no hacía viento; pero ni siquiera los más charlatanes prestaron crédito a esto. Desde luego, en el ambiente había algo raro. Toda la familia Gardner desarrolló la costumbre de quedarse escuchando, aunque no esperaban oír ningún sonido al cual pudieran dar nombre. La escucha era en realidad resultado de momentos en que la conciencia parecía haberse desvanecido en ellos. Desgraciadamente, esos momentos eran más frecuentes a medida que pasaban las semanas, hasta que la gente empezó a murmurar que toda la familia Nahum estaba mal de la cabeza. Cuando salió la primera saxífraga2, su color era también muy extraño; no completamente igual al de la hierba fétida, pero indudablemente afín a él e igualmente desconocido para cualquiera que lo viera. Nahum cogió algunos capullos y se los llevó a Arkham para enseñarlos al editor de la Gazette, pero aquel dignatario se limitó a escribir un artículo humorístico acerca de ellos, ridiculizando los temores y las supersticiones de los campesinos. Fue un error de Nahum contarle a un estólido ciudadano la conducta que observaban las mariposas -también de gran tamaño- en relación con aquellas saxífragas.

Abril aportó una especie de locura a las gentes de la comarca y empezaron a dejar de utilizar el camino que pasaba por los terrenos de Nahum, hasta abandonarlo por completo. Era la vegetación. Los renuevos de los árboles tenían unos extraños colores, y a través del suelo de piedra del patio y en los prados contiguos crecían unas plantas que solamente un botánico podía relacionar con la flora de la región. Pero lo más raro de todo era el colorido, que no correspondía a ninguno de los matices que el ojo humano había visto hasta entonces. Plantas y arbustos se convirtieron en una siniestra amenaza, creciendo insolentemente en su cromática perversión. Ammi y los Gardner opinaron que los colores tenían para ellos una especie de inquietante familiaridad, y llegaron a la conclusión de que les recordaban el glóbulo que había sido descubierto dentro del meteoro. Nahum labró y sembró los diez acres de terreno que poseía en la parte alta, sin tocar los terrenos que rodeaban su casa. Sabía que sería trabajo perdido y tenía la esperanza de que aquellas extrañas hierbas que estaban creciendo arrancarían toda la ponzoña del suelo. Ahora estaba preparado para cualquier cosa, por inesperada que pudiera parecer, y se había acostumbrado a la sensación de que cerca de él había algo que esperaba ser oído. El ver que los vecinos no se acercaban por su casa le molestó, desde luego; pero afectó todavía más a su esposa. Los chicos no lo notaron tanto porque iban a la escuela todos los días; pero no pudieron evitar el enterarse de las habladurías, las cuales los asustaron un poco, especialmente a Thaddeus, que era un muchacho muy sensible.

En mayo llegaron los insectos y la hacienda de Gardner se convirtió en un lugar de pesadilla, lleno de zumbidos y de serpenteos. La mayoría de aquellos animales tenían un aspecto insólito y se movían de un modo muy raro, y sus costumbres nocturnas contradecían todas las anteriores experiencias. Los Gardner adquirieron el hábito de mantenerse vigilantes durante la noche. Miraban en todas direcciones en busca de algo..., aunque no podían decir de qué. Fue entonces cuando comprobaron que Thaddeus había estado en lo cierto al hablar de lo que ocurría con los árboles. La señora Gardner fue la primera en comprobarlo una noche que se encontraba en la ventana del cuarto contemplando la silueta de un arce que se recortaba contra un cielo iluminado por la luna. Las ramas del arce se estaban moviendo y no corría el menor soplo de viento. Cosa de la savia, seguramente. Las cosas más extrañas resultaban ahora normales. Sin embargo, el siguiente descubrimiento no fue obra de ningún miembro de la familia Gardner. Se habían familiarizado con lo anormal hasta el punto de no darse cuenta de muchos detalles. Y lo que ellos no fueron capaces de ver fue observado por un viajante de comercio de Boston, que pasó por allí una noche, ignorante de las leyendas que corrían por la región. Lo que contó en Arkham apareció en un breve artículo publicado por la Gazette; y aquel articulo fue lo que todos los granjeros, incluido Nahum, se echaron primero a los ojos. La noche había sido oscura, pero alrededor de una granja del valle -que todo el mundo supo que se trataba de la granja de Nahum- la oscuridad había sido menos intensa. Una leve aunque visible fosforescencia parecía surgir de toda la vegetación, y en un momento determinado un trozo de aquella fosforescencia se deslizó furtivamente por el patio que había cerca del granero.

Los pastos no parecían haber sufrido los efectos de aquella insólita situación, y las vacas pacían libremente cerca de la casa, pero hacia finales de mayo la leche empezó a ser mala. Entonces Nahum llevó a las vacas a pacer a las tierras altas y la leche volvió a ser buena. Poco después el cambio en la hierba y en las hojas, que hasta entonces se habían mantenido normalmente verdes, pudo apreciarse a simple vista. Todas las hortalizas adquirieron un color grisáceo y un aspecto quebradizo. Ammi era ahora la única persona que visitaba a los Gardner, y sus visitas fueron espaciándose más y más. Cuando cerraron la escuela, por ser época de vacaciones, los Gardner quedaron virtualmente aislados del mundo, y a veces encargaban a Ammi que les hiciera sus compras en el pueblo. Continuaban desmejorando física y mentalmente, y nadie quedó sorprendido cuando circuló la noticia de que la señora Gardner se había vuelto loca.

Esto ocurrió en junio, alrededor del aniversario de la caída del meteoro, y la pobre mujer empezó a gritar que veía cosas en el aire, cosas que no podía describir. En su desvarío no pronunciaba ningún nombre propio, sino solamente verbos y pronombres. Las cosas se movían, y cambiaban, y revoloteaban, y los oídos reaccionaban a impulsos que no eran del todo sonidos. Nahum no la envió al manicomio del condado, sino que dejó que vagabundeara por la casa mientras fuera inofensiva para sí misma y para los demás. Cuando su estado empeoró no hizo nada. Pero cuando los chicos empezaron a asustarse y Thaddeus casi se desmayó al ver la expresión del rostro de su madre al mirarlo, Nahum decidió encerrarla en el ático. En julio, la señora Gardner dejó de hablar y empezó a arrastrarse a cuatro patas, y antes de terminar el mes, Nahum se dio cuenta de que su esposa era ligeramente luminosa en la oscuridad, tal como ocurría con la vegetación de los alrededores de la casa.

Esto sucedió un poco antes de que los caballos se dieran a la fuga. Algo los había despertado durante la noche, y sus relinchos y su cocear habían sido algo terrible. A la mañana siguiente, cuando Nahum abrió la puerta del establo, los animales salieron disparados como alma que lleva el diablo. Nahum tardó una semana en localizar a los cuatro, y cuando los encontró se vio obligado a matarlos porque se habían vuelto locos y no había quién los manejara. Nahum le pidió prestado un caballo a Ammi para acarrear el heno, pero el animal no quiso acercarse al granero. Respingó, se encabritó y relinchó, y al final tuvieron que dejarlo en el patio, mientras los hombres arrastraban el carro hasta situarlo junto al granero. Entretanto, la vegetación iba tomándose gris y quebradiza. Incluso las flores, cuyos colores habían sido tan extraños, se volvían grises ahora, y la fruta era gris y enana e insípida. Las jarillas y el trébol dorado dieron flores grises y deformes, y las rosas, las rascamoños y las malvarrosas del patio delantero tenían un aspecto tan horrendo, que Zenas, el mayor de los hijos de Nahum, las cortó todas. Al mismo tiempo fueron muriéndose todos los insectos, incluso las abejas que habían abandonado sus colmenas.

En septiembre toda la vegetación se había desmenuzado, convirtiéndose en un polvillo grisáceo, y Nahum temió que los árboles murieran antes de que la ponzoña se hubiera desvanecido del suelo. Su esposa tenía ahora accesos de furia, durante los cuales profería unos gritos terribles, y Nahum y sus hijos vivían en un estado de perpetua tensión nerviosa. No se trataban ya con nadie, y cuando la escuela volvió a abrir sus puertas los chicos no acudieron a ella. Fue Ammi, en una de sus raras visitas, quien descubrió que el agua del pozo ya no era buena. Tenía un gusto endiablado, que no era exactamente fétido ni exactamente salobre, y Ammi aconsejó a su amigo que excavara otro pozo en las tierras altas para utilizarlo hasta que el suelo volviera a ser bueno. Sin embargo, Nahum no hizo el menor caso de aquel consejo, ya que había llegado a impermeabilizarse contra las cosas raras y desagradables. Él y sus hijos siguieron utilizando la teñida agua del pozo, bebiéndola con la misma indiferencia con que comían sus escasos y mal cocidos alimentos y conque realizaban sus improductivas y monótonas tareas a través de unos días sin objetivo. Había algo de estólida resignación en todos ellos, como si anduvieran en otro mundo entre hileras de anónimos guardianes hacia un lugar familiar y seguro.

Thaddeus se volvió loco en septiembre, después de una visita al pozo. Había ido allí con un cubo y había regresado con las manos vacías, encogiendo y agitando los brazos y murmurando algo acerca de "los colores movibles que había allí abajo". Dos locos en una familia representaban un grave problema, pero Nahum se portó valientemente. Dejó que el muchacho se moviera a su antojo durante una semana, hasta que empezó a portarse peligrosamente, y entonces lo encerró en el ático, enfrente de la habitación ocupada por su madre. El modo como se gritaban el uno al otro desde detrás de sus cerradas puertas era algo terrible, especialmente para el pequeño Merwin, que imaginaba que su madre y su hermano hablaban en algún terrible lenguaje que no era de este mundo. Merwin se estaba convirtiendo en un chiquillo peligrosamente imaginativo, y su estado empeoró desde que encerraron al hermano que había sido su mejor compañero de juegos.

Casi al mismo tiempo empezó la mortalidad entre el ganado. Las aves de corral adquirieron un color gris y murieron rápidamente. Los cerdos engordaron desordenadamente y luego empezaron a experimentar repugnantes cambios que nadie podía explicar. Su carne era desaprovechable, desde luego, y Nahum no sabía qué pensar ni qué hacer. Ningún veterinario rural quiso acercarse a su casa, y el veterinario de Arkham quedó francamente desconcertado. La cosa resultaba tanto más inexplicable por cuanto aquellos animales no habían sido alimentados con la vegetación emponzoñada. Luego les llegó el turno a las vacas. Ciertas zonas, y a veces el cuerpo entero, aparecieron anormalmente hinchadas o comprimidas, y aquellos síntomas fueron seguidos de atroces colapsos o desintegraciones. En las últimas fases -que terminaban siempre con la muerte- adquirían un color grisáceo y un aspecto quebradizo, tal como había ocurrido con los cerdos. En el caso de las vacas no podía hablarse de veneno, ya que estaban encerradas en mi establo. Ninguna mordedura de un animal salvaje podía haber inoculado el virus, ya que no hay ningún animal terrestre que pueda pasar a través de obstáculos sólidos. Debía tratarse de una enfermedad natural..., aunque resultaba imposible conjeturar qué clase de enfermedad producía aquellos terribles resultados. En la época de la cosecha no quedaba ningún animal vivo en la casa, ya que el ganado y las aves de corral habían muerto y los perros habían huido. Los perros, en número de tres, habían desaparecido una noche y no volvieron a aparecer. Los cinco gatos se habían marchado un poco antes, pero su desaparición apenas fue notada, ya que en la casa no había ahora ratones y únicamente la señora Gardner sentía cierto afecto por los graciosos felinos.

El 19 de octubre Nahum se presentó en casa de Ammi con espantosas noticias. La muerte había sorprendido al pobre Thaddeus en su habitación del ático, y lo habla sorprendido de un modo que no podía ser contado. Nahum había excavado una tumba en la parte trasera de la granja y había metido allí lo que encontró en la habitación. En la habitación no podía haber entrado nadie, ya que la pequeña ventana enrejada y la cerradura de la puerta estaban intactas; pero lo sucedido tenía muchos puntos de contacto con lo ocurrido en el establo. Ammi y su esposa consolaron al atribulado granjero lo mejor que pudieron, aunque no consiguieron evitar un estremecimiento. El horror parecía rondar alrededor de los Gardner y de todo lo que tocaban, y la sola presencia de uno de ellos en la casa era como un soplo de regiones innominadas e innominables. Ammi acompañó a Nahum a su hogar de muy mala gana e hizo lo que pudo para calmar los histéricos sollozos del pequeño Merwin. Zenas no necesitaba ser calmado. Se encontraba en un estado de completo atontamiento y se limitaba a mirar fijamente un punto indeterminado del espacio y a obedecer lo que su padre le ordenaba. Y Ammi pensó que ese estado de abulia era lo mejor que podía ocurrirle. De cuando en cuando los gritos de Merwin eran contestados desde el ático, y en respuesta a una mirada interrogadora Nahum dijo que su esposa estaba muy débil. Cuando se acercaba la noche, Ammi se las arregló para marcharse, ya que ningún sentimiento de amistad podía hacerle permanecer en aquel lugar cuando la vegetación empezaba a brillar débilmente y los árboles podían o no moverse sin que soplara el viento. Era una verdadera suerte para Ammi el hecho de que no fuese una persona imaginativa. De haberlo sido, de haber podido relacionar y reflexionar sobre todos los portentos que lo rodeaban, no cabe duda de que hubiese perdido la chaveta. A la hora del crepúsculo regresó apresuradamente a su casa, sintiendo resonar terriblemente en sus oídos los gritos de la loca y del pequeño Merwin.

Tres días más tarde Nahum se presentó en casa de Ammi muy de mañana, y en ausencia de su huésped le contó a la señora Pierce una horrible historia que ella escuchó temblando de miedo. Esta vez se trataba del pequeño Merwin. Había desaparecido. Había salido de la casa cuando ya era de noche con un farol y un cubo para traer agua, y no había regresado. Hacía días que su estado no era normal y se asustaba de todo. El padre oyó un frenético grito en el patio, pero cuando abrió la puerta y se asomó el muchacho había desaparecido. No se veía ni rastro de él, y en ninguna parte brillaba el farol que se había llevado. En aquel momento, Nahum creyó que el farol y el cubo habían desaparecido también; pero al hacerse de día, y al regreso de su búsqueda de toda la noche por campos y bosques, Nahum había descubierto unas cosas muy raras cerca del pozo: una retorcida y semifundida masa de hierro, que había sido indudablemente el farol; y junto a ella un asa doblada junto a otra masa de hierro, asimismo retorcida y semifundida, que correspondía al cubo. Eso fue todo. Nahum imaginaba lo inimaginable. La señora Pierce estaba como atontada, y Ammi, cuando llegó a casa y oyó la historia, no pudo dar ninguna opinión. Merwin había desaparecido y sería inútil decírselo a la gente que vivía en aquellos alrededores y que huían de los Gardner como de la peste. Tan inútil como decírselo a los ciudadanos de Arkham que se reían de todo. Thad había desaparecido, y ahora había desaparecido Merwin. Algo estaba arrastrándose y arrastrándose, esperando ser visto y oído. Nahum no tardaría en morirse, y deseaba que Ammi velara por su esposa y por Zenas, si es que lo sobrevivían. Todo aquello era un castigo de alguna clase, aunque Nahum no podía adivinar a qué se debía, ya que siempre había vivido en el santo temor de Dios.

Durante más de dos semanas, Ammi no tuvo ninguna noticia de Nahum; y entonces, preocupado por lo que pudiera haber ocurrido, dominó sus temores y efectuó una visita a la casa de los Gardner. De la chimenea no salía humo y por unos instantes el visitante temió lo peor. El aspecto de la granja era impresionante: hierba y hojas grisáceas en el suelo, parras cayéndose a pedazos de arcaicas paredes y aleros, y enormes árboles desnudos silueteándose malignamente contra el gris cielo de noviembre. Ammi no pudo dejar de notar que se habla producido un sutil cambio en la inclinación de las ramas. Pero Nahum estaba vivo, después de todo. Estaba muy débil y reposaba en un catre en la cocina de techo bajo, pero conservaba la lucidez y seguía dando órdenes a Zenas. La estancia estaba mortalmente fría; y al ver que Ammi se estremecía, Nahum le gritó a Zenas que trajera más leña. La leña, en realidad, era muy necesaria, ya que el cavernoso hogar estaba apagado y vacío, y el viento que se filtraba chimenea abajo era helado. De pronto, Nahum le preguntó si la leña que había traído su hijo lo hacía sentirse más cómodo, y entonces Ammi se dio cuenta de lo que había ocurrido. Finalmente, la mente del granjero había dejado de resistir a la intensa presión de los acontecimientos.

Interrogando discretamente a su vecino, Ammi no consiguió poner en claro lo que le había sucedido a Zenas. "En el pozo... vive en el pozo...", fue todo lo que su padre dijo.

Luego el visitante recordó súbitamente a la esposa loca y cambió de tema. "¿Nabby? Está aquí, desde luego...", fue la sorprendida respuesta del pobre Nahum, y Ammi no tardó en darse cuenta de que tendría que investigar por sí mismo. Dejando al inofensivo granjero en su catre, cogió las llaves que estaban colgadas detrás de la puerta y subió los chirriantes escalones que conducían al ático. La parte alta de la casa estaba completamente silenciosa y no se oía el menor ruido en ninguna dirección. De las cuatro puertas a la vista, sólo una estaba cerrada, y en ella probó Ammi varias llaves del manojo que había cogido. A la tercera tentativa la cerradura giró, y Ammi empujó la puerta pintada de blanco.

El interior de la habitación estaba completamente a oscuras, ya que la ventana era muy pequeña y estaba medio tapada por las rejas de hierro; y Ammi no pudo ver absolutamente nada. El aire estaba muy viciado, y antes de seguir adelante tuvo que entrar en otra habitación y llenarse los pulmones de aire respirable. Cuando volvió a entrar vio algo oscuro en un rincón, y al acercarse no pudo evitar un grito de espanto. Mientras gritaba creyó que una nube momentánea había tapado la escasa claridad que penetraba por la ventana, y un segundo después se sintió rozado por una espantosa corriente de vapor. Unos extraños colores danzaron ante sus ojos; y si el horror que experimentaba en aquellos momentos no le hubiera impedido coordinar sus ideas hubiera recordado el glóbulo que el martillo de geólogo había aplastado en el interior del meteorito, y la malsana vegetación que habla crecido durante la primavera. Pero, en el estado en que se hallaba, sólo pudo pensar en la horrible monstruosidad que tenía enfrente, y que sin duda alguna había compartido la desconocida suerte del joven Thaddeus y del ganado. Pero lo más terrible de todo era que aquel horror se movía lenta y visiblemente mientras continuaba desmenuzándose.

Ammi no me dio más detalles de aquella escena, pero la forma del rincón no reapareció en su relato como un objeto movible. Hay cosas que no pueden ser mencionadas, y lo que se hace por humanidad es a veces cruelmente juzgado por la ley. Comprendí que en aquella habitación del ático no quedó nada que se moviera, y que no dejar allí nada capaz de moverse debió de ser algo horripilante y capaz de acarrear un tormento eterno. Cualquiera, no tratándose de un estólido granjero, se hubiera desmayado o enloquecido, pero Ammi volvió a cruzar el umbral de la puerta pintada de blanco y encerró el espantoso secreto detrás de él. Ahora debía ocuparse de Nahum; éste tenía que ser alimentado y atendido, y trasladado a algún lugar donde pudieran cuidarlo.

Cuando empezaba a bajar la oscura escalera, Ammi oyó un estrépito debajo de él. Incluso le pareció haber oído un grito, y recordó nerviosamente la corriente de vapor que lo había rozado mientras se hallaba en la habitación del ático. Oprimido por un vago temor, oyó más ruidos debajo suyo. Indudablemente estaban arrastrando algo pesado, y al mismo tiempo se oía un sonido todavía más desagradable, como el que produciría una fuerte succión. Sintiendo aumentar su terror, pensó en lo que había visto en el ático. ¡Santo cielo! ¿En qué fantástico mundo de pesadilla había penetrado? No se atrevió a avanzar ni a retroceder, y permaneció inmóvil, temblando, en la negra curva del rellano de la escalera. Cada detalle de la escena estallaba de nuevo en su cerebro.

De repente se oyó un frenético relincho proferido por el caballo de Ammi, seguido inmediatamente por un ruido de cascos que hablaba de una precipitada fuga. Al cabo de un instante, caballo y calesa estaban fuera del alcance del oído, dejando al asustado Ammi, inmóvil en la oscura escalera, la tarea de conjeturar qué podía haberlos impulsado a desaparecer tan repentinamente. Pero aquello no fue todo. Se produjo otro ruido fuera de la casa. Una especie de chapoteo en el agua..., debió de haber sido en el pozo. Ammi había dejado a Hero desatado cerca del pozo, y algún animalito debió meterse entre sus patas, asustándolo, y dejándose caer después en el pozo. Y la casa seguía brillando con una pálida fosforescencia. ¡Dios mío! ¡Qué antigua era la casa! La mayor parte de ella edificada antes de 1670, y el tejado holandés más tarde de 1730.

En aquel momento se oyó el ruido de algo que se arrastraba por el suelo de la planta baja, y Ammi aferró con fuerza el palo que había cogido en el ático sin ningún propósito determinado. Procurando dominar sus nervios, terminó su descenso y se dirigió a la cocina. Pero no llegó a ella, ya que lo que buscaba no estaba ya allí. Había salido a su encuentro, y hasta cierto punto estaba aún vivo. Si se había arrastrado o si había sido arrastrado por fuerzas externas, es cosa que Ammi no hubiera podido decir; pero la muerte había tomado parte en ello. Todo había ocurrido durante la última media hora, pero el proceso de desintegración estaba ya muy avanzado. Había allí una horrible fragilidad, debida a lo quebradizo de la materia, y del cuerpo se desprendían fragmentos secos. Ammi no pudo tocarlo, limitándose a contemplar horrorizado la retorcida caricatura de lo que había sido un rostro. "¿Qué ha pasado, Nahum..., qué ha pasado?", susurró, y los agrietados y tumefactos labios apenas pudieron murmurar una respuesta final.

"Nada..., nada...; el color... quema...; frío y húmedo, pero quema...; vive en el pozo..., lo he visto..., una especie de humo... igual que las flores de la pasada primavera...; el pozo brilla por la noche... Se llevó a Thad, y a Merwin, y a Zenas..., todas las cosas vivas...; sorbe la vida de todas las cosas...; en aquella piedra tuvo que llegar en aquella piedra...; la aplastaron...; era el mismo color..., el mismo, como las flores y las plantas...; tiene que haber más...; crecieron..., lo he visto esta semana...; tuvo que darle fuerte a Zenas...; era un chico fuerte, lleno de vida...; le golpea a uno la mente y luego se apodera de él...; quema mucho...; en el agua del pozo...; no pueden sacarlo de allí..., ahogarlo... Se ha llevado también a Zenas...; tenías razón...; el agua está embrujada... ¿Cómo está Nabby, Ammi?... Mi cabeza no funciona...; no sé cuánto hace que no le he subido comida...; la cosa la atacó también a ella...; el color...; su rostro tiene el mismo color por las noches..., y el color quema y sorbe; procede de algún lugar donde las cosas no son como aquí...; uno de los profesores lo dijo...; tenía razón, mira, Ammi, está sorbiendo más..., sorbiendo la vida..."

Pero eso fue todo. La cosa que había hablado no podía hablar más porque se había encogido completamente. Ammi lo cubrió con un mantel a cuadros blancos y rojos y salió de la casa por la puerta trasera. Trepó por la ladera que conducía a las tierras altas y regresó a su hogar por el camino del Norte y los bosques. No pudo pasar junto al pozo desde el cual había huido su caballo. Miró hacia el pozo a través de una ventana y recordó el chapoteo que había oído..., el chapoteo de algo que se había sumergido en el pozo después de lo que había hecho con el desdichado Nahum...

Cuando Ammi llegó a su casa se encontró con que el caballo y la calesa lo habían precedido; su esposa lo aguardaba llena de ansiedad. Después de tranquilizarla, sin darle ninguna explicación, se dirigió a Arkham y notificó a las autoridades que la familia Gardner ya no existía. No entró en detalles, limitándose a hablar de las muertes de Nahum y de Nabby; la de Thaddeus era ya conocida, y dijo que la causa de la muerte parecía ser la misma extraña dolencia que había atacado al ganado. También dijo que Merwin y Zenas habían desaparecido. En la jefatura de policía lo interrogaron ampliamente, y al final se vio obligado a acompañar a tres agentes a la granja de Gardner, juntamente con el fiscal, el médico forense y el veterinario que había atendido a los animales enfermos. Ammi fue con ellos de muy mala gana, ya que la tarde estaba muy avanzada y temía que la noche lo cogiera en aquel lugar maldito, aunque era un consuelo saber que iba a estar acompañado de tantos hombres.

Los seis hombres montaron en un carro, siguiendo a la calesa de Ammi, y llegaron a la granja alrededor de las cuatro. A pesar de que los agentes estaban acostumbrados a presenciar espectáculos horripilantes, todos se estremecieron a la vista de lo que fue encontrado debajo del mantel a cuadros rojos y blancos, y en la habitación del ático. El aspecto de la granja, con su desolación gris, era ya bastante terrible, pero aquellos dos retorcidos objetos sobrepasaban toda medida de horror. Nadie pudo contemplarlos más allá de un par de segundos, e incluso el médico forense admitió que allí había muy poco que examinar. Podían analizarse unas muestras, desde luego, de modo que él mismo se encargó de agenciárselas..., y al parecer aquellas muestras provocaron el más inextricable rompecabezas con que se enfrentara nunca el laboratorio de la Universidad. Bajo el espectroscopio, las muestras revelaron un espectro desconocido, muchas de cuyas bandas eran iguales que las que había revelado el extraño meteoro al ser analizado. La propiedad de emitir aquel espectro se desvaneció en un mes, y el polvo consistía principalmente en fosfatos y carbonatos alcalinos.

Ammi no les hubiera hablado del pozo de haber sabido que iban a actuar inmediatamente. Se acercaba la puesta de sol y estaba ansioso por marcharse de allí. Pero no pudo evitar el dirigir miradas nerviosas al pozo, cosa que fue observada por uno de los policías, el cual lo interrogó. Ammi admitió que Nahum había temido a algo que estaba escondido en el pozo... hasta el punto de que no se había atrevido a comprobar si Merwin o Zenas se habían caído dentro. La policía decidió vaciar el pozo y explorarlo inmediatamente, de modo que Ammi tuvo que esperar, temblando, mientras el pozo era vaciado cubo a cubo. El agua hedía de un modo insoportable, y los hombres tuvieron que taparse las narices con sus pañuelos para poder terminar la tarea. Menos mal que el trabajo no fue tan largo como habían creído, ya que el nivel del agua era sorprendentemente bajo. No es necesario hablar con demasiados detalles de lo que encontraron. Merwin y Zenas estaban allí los dos, aunque sus restos eran principalmente esqueléticos. Había también un pequeño cordero y un perro grande en el mismo estado de descomposición, aproximadamente, y cierta cantidad de huesos de animales más pequeños. El limo del fondo parecía inexplicablemente poroso y burbujeante, y un hombre que bajó atado a una cuerda y provisto de una larga pértiga se encontró con que podía hundir la pértiga en el fango en toda su longitud sin encontrar ningún obstáculo.

La noche se estaba echando encima y entraron en la casa en busca de faroles. Luego, cuando vieron que no podían sacar nada más del pozo, volvieron a entrar en la casa y conferenciaron en la antigua sala de estar mientras la intermitente claridad de una espectral media luna iluminaba a intervalos la gris desolación del exterior. Los hombres estaban francamente perplejos ante aquel caso y no podían encontrar ningún elemento convincente que relacionara las extrañas condiciones de los vegetales, la desconocida enfermedad del ganado y de las personas, y las inexplicables muertes de Merwin y Zenas en el pozo. Habían oído los comentarios y las habladurías de la gente, desde luego; pero no podían creer que hubiese ocurrido algo contrario a las leyes naturales. Era evidente que el meteoro había emponzoñado el suelo pero la enfermedad de personas y animales que no habían comido nada crecido en aquel suelo era harina de otro costal. ¿Se trataba del agua del pozo? Posiblemente. No sería mala idea analizarla. Pero ¿por qué singular locura se habían arrojado los dos muchachos al pozo? Habían actuado de un modo muy similar... y sus restos demostraban que los dos habían padecido a causa de la muerte quebradiza y gris. ¿Por qué todas las cosas se volvían grises y quebradizas?

El fiscal, sentado junto a una ventana que daba al patio, fue el primero en darse cuenta de la fosforescencia que había alrededor del pozo. La noche había caído del todo, y los terrenos que rodeaban la granja parecían brillar débilmente con una luminosidad que no era la de los rayos de la luna; pero aquella nueva fosforescencia era algo definido y distinto, y parecía surgir del negro agujero como la claridad apagada de un faro, reflejándose amortiguadamente en las pequeñas charcas que el agua vaciada del pozo había formado en el suelo. La fosforescencia tenía un color muy raro, y mientras todos los hombres se acercaban a la ventana para contemplar el fenómeno, Ammi lanzó una violenta exclamación. El color de aquella fantasmal fosforescencia le resultaba familiar. Lo había visto antes, y se sintió lleno de temor ante lo que podía significar. Lo había visto en aquel horrendo glóbulo quebradizo hacía dos veranos, lo había visto en la vegetación durante la primavera, y había creído verlo por un instante aquella misma mañana contra la pequeña ventana enrejada de la horrible habitación del ático donde habían ocurrido cosas que no tenían explicación. Había brillado allí por espacio de un segundo, y una espantosa corriente de vapor lo había rozado..., y luego el pobre Nahum habla sido arrastrado por algo de aquel color. Nahum lo había dicho al final..., había dicho que era como el glóbulo y las plantas. Después se había producido la fuga en el patio y el chapoteo en el pozo..., y ahora aquel pozo estaba proyectando a la noche un pálido e insidioso reflejo del mismo diabólico color.

Una prueba fehaciente de la viveza mental de Ammi es que en aquel momento de suprema tensión se sintió intrigado por algo que era fundamentalmente científico. Se preguntó cómo era posible recibir la misma impresión de una corriente de vapor deslizándose en pleno día por una ventana abierta al cielo matinal, y de una fosforescencia nocturna proyectándose contra el negro y desolado paisaje. No era lógico..., resultaba antinatural... Y entonces recordó las últimas palabras pronunciadas por su desdichado amigo: "Procede de algún lugar donde las cosas no son como aquí..., uno de los profesores lo dijo..."

Los tres caballos que se encontraban en el exterior de la casa, atados a unos árboles junto al camino, estaban ahora relinchando y coceando frenéticamente. El conductor del carro se dirigió hacia la puerta para ver qué sucedía, pero Ammi apoyó una mano en su hombro.

-No salga usted -susurró-. No sabemos lo que sucede ahí afuera. Nahum dijo que en el pozo vivía algo que sorbía la vida. Dijo que era algo que había surgido de una bola redonda como la que vimos dentro del meteorito que cayó aquí hace más de un año. Dijo que quemaba y sorbía, y que era una nube de color como la fosforescencia que ahora sale del pozo, y que nadie puede saber lo que es. Nahum creía que se alimentaba de todo lo viviente y afirmó que lo había visto la pasada semana. Tiene que ser algo caído del cielo, igual que el meteorito, tal como dijeron los profesores de la Universidad. Su forma y sus actos no tienen nada que ver con el mundo de Dios. Es algo que procede del más allá.

De modo que el hombre se detuvo, indeciso, mientras la fosforescencia que salía del pozo se hacía más intensa y los caballos coceaban y relinchaban con creciente frenesí. Fue realmente un espantoso momento; con los restos monstruosos de cuatro personas -dos en la misma casa y dos en el pozo-, y aquella desconocida iridiscencia que surgía de las fangosas profundidades. Ammi había cerrado el paso al conductor del carro llevado por un repentino impulso, olvidando que a él mismo no le había sucedido nada después de ser rozado por aquella horrible columna de vapor en la habitación del ático, pero no se arrepentía de haberlo hecho. Nadie podía saber lo que había aquella noche en el exterior; nadie podía conocer la índole de los peligros que podían acechar a un hombre enfrentado con una amenaza completamente desconocida.

De repente, uno de los policías que estaba en la ventana profirió una exclamación. Los demás se le quedaron mirando, y luego siguieron la dirección de los ojos de su compañero. No había necesidad de palabras. Lo que había de discutible en las habladurías de los campesinos ya no podría ser discutido en adelante porque allí había seis testigos de excepción, media docena de hombres que, por la índole de sus profesiones, no creían más que lo que veían con sus propios ojos. Ante todo es necesario dejar sentado que a aquella hora de la noche no soplaba ningún viento. Poco después empezó a soplar, pero en aquel momento el aire estaba completamente inmóvil. Y, sin embargo, en medio de aquella tensa y absoluta calma, los árboles del patio estaban moviéndose. Se movían morbosa y espasmódicamente, agitando sus desnudas ramas, en convulsivas y epilépticas sacudidas, hacia las nubes bañadas por la luz de la luna; arañando con impotencia el aire inmóvil, como empujados por una misteriosa fuerza subterránea que ascendiera desde debajo de las negras raíces.

Por espacio de unos segundos todos los hombres reunidos en la granja de Gardner contuvieron el aliento. Luego, una nube más oscura que las demás veló la luna, y la silueta de las agitadas ramas se disipó momentáneamente. En aquel instante un grito de espanto se escapó de todas las gargantas, ya que el horror no se había desvanecido con la silueta, y en un pavoroso momento de oscuridad más profunda los hombres vieron retorcerse en la copa del más alto de los árboles un millar de diminutos puntos fosforescentes, brillando como el fuego de San Telmo o como las lenguas de fuego que descendieron sobre las cabezas de los Apóstoles el día de Pentecostés. Era una monstruosa constelación de luces sobrenaturales, como un enjambre de luciérnagas necrófagas bailando una infernal zarabanda sobre una ciénaga maldita; y su color era el mismo que Ammi había llegado a reconocer y a temer. Entretanto, la fosforescencia del pozo se hacía cada vez más brillante, infundiendo en los hombres reunidos en la granja una sensación de anormalidad que anulaba cualquier imagen que sus mentes conscientes pudieran formar. Ya no brillaba: estaba vertiéndose hacia afuera. Y mientras la informe corriente de indescriptible color abandonaba el pozo, parecía flotar directamente hacia el cielo.

El veterinario se estremeció y se acercó a la puerta para echar la doble barra. Ammi estaba también muy impresionado y tuvo que limitarse a señalar con la mano, por falta de voz, cuando quiso llamar la atención de los demás sobre la creciente luminosidad de los árboles. Los relinchos de los caballos se habían convertido en algo espantoso, pero ni uno solo de aquellos hombres se hubiese aventurado a salir por nada del mundo. El brillo de los árboles fue en aumento, mientras sus inquietas ramas parecían extenderse más y más hacia la verticalidad. De pronto se produjo una intensa conmoción en el camino, y cuando Ammi alzó la lámpara para que proyectara un poco más de claridad al exterior, comprobaron que los frenéticos caballos habían roto sus ataduras y huían enloquecidos con el carro.

La impresión sirvió para soltar varias lenguas y se intercambiaron inquietos susurros.

-Se extiende sobre todas las cosas orgánicas que hay por aquí -murmuró el médico forense.

Nadie contestó, pero el hombre que había bajado al pozo aventuró la opinión de que su pértiga debió de haber removido algo intangible.

-Fue algo terrible -añadió-. No había fondo de ninguna clase. Únicamente fango, y burbujas, y la sensación de algo oculto debajo...

El caballo de Ammi seguía coceando y relinchando desesperadamente en el camino exterior y casi ahogó el débil sonido de la voz de su dueño mientras éste murmuraba sus deshilvanadas reflexiones.

-Salió de aquella piedra..., fue creciendo y alimentándose de todas las cosas vivas...; se alimentaba de ellas, alma y cuerpo... Thad y Merwin, Zenas y Nabby... Nahum fue el último... Todos bebieron agua del... Se apoderó de ellos... Llegó del más allá, donde las cosas no son como aquí..., y ahora regresa al lugar de donde procede...

En aquel momento, mientras la columna de desconocido color brillaba con repentina intensidad y empezaba a entrelazase, con fantásticas sugerencias de forma que cada uno de los espectadores describió más tarde de un modo distinto, el desdichado Hello profirió un aullido que ningún hombre había oído nunca salir de la garganta de un caballo. Todos los que estaban en la casa se taparon los oídos, y Ammi se apartó de la ventana horrorizado. Cuando miró de nuevo hacia el exterior, el pobre animal yacía inerte en el suelo bañado por la luz de la luna entre las astilladas varas de la calesa. Y allí se quedó hasta que lo enterraron al día siguiente. Pero el momento presente no permitía entregarse a lamentaciones, ya que casi en el mismo instante uno de los policías les llamó silenciosamente la atención sobre algo terrible que estaba sucediendo en el interior de la habitación donde se encontraban. Donde no alcanzaba la claridad de la lámpara podía verse una débil fosforescencia que había empezado a invadir toda la estancia. Brillaba en el suelo de tablas y en la raída alfombra, y resplandecía débilmente en los marcos de las pequeñas ventanas. Corría de un lado para otro, llenando puertas y muebles. A cada momento se hacía más intensa, y al final se hizo evidente que las cosas vivientes debían abandonar enseguida aquella casa.

Ammi les mostró la puerta trasera y el camino que conducía a las tierras altas. Avanzaron con paso inseguro, como sonámbulos, y no se atrevieron a mirar atrás hasta que llegaron al camino del Norte. Ninguno de ellos hubiera osado pasar por el camino que discurría junto al pozo... Cuando miraron atrás, hacia el valle y la distante granja de Gardner, contemplaron un horrible espectáculo. Toda la granja brillaba con el espantoso y desconocido color; árboles, edificaciones e incluso la hierba que no había sido transformada aún en quebradiza y gris. Las ramas estaban todas extendidas hacia el cielo, coronadas con lenguas de fuego, y radiantes goterones del mismo monstruoso fuego ardían encima de la casa, del granero y de los cobertizos. Era una escena de una visión de Fusell, y sobre todo el resto reinaba aquella borrachera de luminoso amorfismo, aquel extraño arco iris de misterioso veneno del pozo..., hirviendo, saltando, centelleando y burbujeando malignamente en su cósmico e irreconocible cromatismo.

Luego, súbitamente, la horrible cosa salió disparada verticalmente hacia el cielo, como un cohete o un meteoro, sin dejar ningún rastro detrás de ella y desapareciendo a través de un redondo y curiosamente simétrico agujero abierto en las nubes, antes de que ninguno de los hombres pudiera expresar su asombro. Ningún espectador podría olvidar nunca aquel espectáculo, y Ammi se quedó mirando estúpidamente el camino que habla seguido el color hasta mezclarse con las estrellas de la Vía Láctea. Pero su mirada fue atraída inmediatamente hacia la tierra por el estrépito que acababa de producirse en el valle. Había sido un estrépito, y no una explosión, como afirmaron algunos de los componentes del grupo. Pero el resultado fue el mismo, ya que en un caleidoscópico instante la granja y sus alrededores parecieron estallar, enviando hacia el cenit una nube de coloreados y fantásticos fragmentos. Los fragmentos se desvanecieron en el aire, dejando una nube de vapor que al cabo de un segundo se había desvanecido también. Los asombrados espectadores decidieron que no valía la pena esperar a que volviera a salir la luna para comprobar los efectos de aquel cataclismo en la granja de Nahum.

Demasiado asustados incluso para aventurar alguna teoría, los siete hombres regresaron a Arkham por el camino del Norte. Ammi estaba peor que sus compañeros y les suplicó que lo acompañaran hasta su casa en vez de dirigirse directamente al pueblo. Por nada del mundo hubiera cruzado el bosque solo a aquella hora de la noche. Estaba más asustado que los demás porque había sufrido una impresión que los otros se habían ahorrado, y se sentía oprimido por un temor que por espacio de muchos años no se atrevió a mencionar. Mientras el resto de los espectadores en aquella tempestuosa colina había vuelto estólidamente sus rostros al camino, Ammi había mirado hacia atrás por un instante para contemplar el sombrío valle de desolación al que tantas veces había acudido. Y había visto algo que se alzaba débilmente para hundirse de nuevo en el lugar desde el cual el informe horror había salido disparado hacia el cielo. Era solamente un color..., aunque no era ningún color de nuestra tierra ni de los cielos. Y porque Ammi reconoció aquel color, y supo que sus últimos y débiles restos debían seguir ocultos en el pozo, nunca ha estado completamente cuerdo desde entonces.

Ammi no se acercaría a aquel lugar por nada del mundo. Hace cuarenta y cuatro años que sucedieron los hechos que acabo de narrar, pero Ammi no ha vuelto a pisar aquellas tierras y le alegra saber que pronto quedarán enterradas debajo de las aguas. También a mí me alegra la idea, ya que no me gustó nada ver cómo cambiaba de color la luz del sol al reflejarse en aquel abandonado pozo. Espero que el agua será siempre muy profunda, pero aunque así sea nunca la beberé. No creo que regrese a la región de Arkham. Tres de los hombres que habían estado con Ammi volvieron al día siguiente para ver las ruinas a la luz del día, pero en realidad no había ruinas. Únicamente los ladrillos de la chimenea, las piedras de la bodega, algunos restos minerales y metálicos, y el brocal de aquel nefando pozo. A excepción del caballo de Ammi, que enterraron aquella misma mañana, y de la calesa, que no tardaron en devolver a su dueño, todas las cosas que habían tenido vida habían desaparecido. Sólo quedaban cinco acres de desierto polvoriento y grisáceo, y desde entonces no ha crecido en aquellos terrenos ni una brizna de hierba. En la actualidad aparece como una gran mancha comida por el ácido en medio de los bosques y campos, y los pocos que se han atrevido a acercarse por allí a pesar de las leyendas campesinas le han dado el nombre de "erial maldito".

Las leyendas campesinas son muy extrañas. Y podrían ser incluso más extrañas si los hombres de la ciudad y los químicos universitarios tuvieran el interés suficiente para analizar el agua de aquel pozo olvidado, o el polvo gris que ningún viento parece dispersar. Los botánicos podrían estudiar también la sorprendente flora que crece en los límites de aquellos terrenos, ya que de este modo podrían confirmar o refutar lo que dice la gente: que la zona emponzoñada está extendiéndose poco a poco, quizás una pulgada al año... La gente dice que el color de la hierba que crece en aquellos alrededores no es el que le corresponde y que los animales salvajes dejan extrañas huellas en la nieve cuando llega el invierno. La nieve no parece cuajar tanto en el erial maldito como en otros lugares. Los caballos -los pocos que quedan en esta época motorizada- se ponen nerviosos en el silencioso valle; y los cazadores no pueden acercarse con sus perros a las inmediaciones del erial maldito.

Dicen también que las influencias mentales son muy malas, y que todos los que han tratado de establecerse allí, extranjeros en su inmensa mayoría, han tenido que marcharse acosados por extrañas fantasías y sueños. Ningún viajero ha dejado de experimentar una sensación de extrañeza en aquellas profundas hondonadas, y los artistas tiemblan mientras pintan unos bosques cuyo misterio es tanto de la mente como de la vista. Y yo mismo estoy sorprendido de la sensación que me produjo mi único paseo solitario por aquellos lugares antes de que Ammi me contara su historia.

No me pregunten mi opinión. No sé: esto es todo. La única persona que podía ser interrogada acerca de los extraños días es Ammi, ya que la gente de Arkham no quiere hablar de este asunto, y los tres profesores que vieron el meteorito y su coloreado glóbulo están muertos. ¿Había otros glóbulos? Probablemente. Uno de ellos consiguió alimentarse y escapar, en tanto que otro no había podido alimentarse suficientemente y continuaba en el pozo... Los campesinos dicen que la zona emponzoñada se ensancha una pulgada cada año, de modo que tal vez existe algún tipo de crecimiento o de alimentación incluso ahora. Pero, sea lo que sea lo que haya allí, tiene que verse trabado por algo, ya que de no ser así se extendería rápidamente. ¿Está atado a las raíces de aquellos árboles que arañan el aire?

Lo que es, sólo Dios lo sabe. En términos de materia, supongo que la cosa que Ammi describió puede ser llamada un gas, pero aquel gas obedecía a unas leyes que no son de nuestro cosmos. No era fruto de los planetas y soles que brillan en los telescopios y en las placas fotográficas de nuestros observatorios. No era ningún soplo de los cielos cuyos movimientos y dimensiones miden nuestros astrónomos o consideran demasiado vastos para ser medidos. No era más que un color surgido del espacio..., un pavoroso mensajero de unos reinos del infinito situados más allá de la Naturaleza que nosotros conocemos; de unos reinos cuya simple existencia aturde el cerebro con las inmensas posibilidades extracósmicas que ofrece a nuestra imaginación.

Dudo mucho de que Ammi me mintiera de un modo consciente, y no creo que su historia sea el relato de una mente desquiciada, como supone la gente de la ciudad. Algo terrible llegó a las colinas y valles con aquel meteoro, y algo terrible -aunque ignoro en qué medida- sigue estando allí. Me alegra pensar que todos aquellos terrenos quedarán inundados por las aguas. Entretanto, espero que no le suceda nada a Ammi. Vio tanto de la cosa..., y su influencia era tan insidiosa... ¿Por qué no ha sido capaz de marcharse a vivir a otra parte? Ammi es un anciano muy simpático y muy buena persona, y cuando la brigada de trabajadores empiece su tarea tengo que escribir al ingeniero jefe para que no lo pierda de vista. Me disgustaría recordarlo como una gris, retorcida y quebradiza monstruosidad de las que turban cada día más mi sueño.

FIN

viernes, 16 de marzo de 2012

ENTREVISTA NINA HARTLEY.


“Me gustaría hacer el amor con todo el mundo por lo menos una vez.”
Noviembre 2006. Texto: Cesar Martin. Tomado de "POPULAR 1".


Nina había acudido a Barcelona para asistir al Festival Erótico, pero por fortuna dispondría de algún tiempo libre, así que tuvimos oportunidad de salir un par de veces por la ciudad en los siguientes días.

Siempre había querido conocer a Nina. Ella es una verdadera rareza en el mundo del porno. La mayoría de sus compañeras de los 80’s abandonaron el negocio hace años para no volver jamás, o dejaron de rodar películas y hoy en día se limitan a posar desnudas en sus respectivas webs y a acudir a convenciones. Nina, por el contrario, jamás abandonó el porno, por un simple motivo: ama el sexo. Por ello, seguirá rodando films y actuando en festivales como el de Barcelona mientras le apetezca.

Otro aspecto de su carrera que la diferencia de la mayoría de actrices del negocio, es que Nina se ha servido de sus miles de experiencias en el porno para explorar la sexualidad a fondo, y en la actualidad es una de las sexólogas más capacitadas del mundo para solucionar cualquier problema. En los últimos años ha editado una larga serie de videos sexuales educativos, y es muy probable que en el futuro, cuando decida apartarse del porno, se vuelque por completo en su labor como sexóloga.

Caminar con Nina Hartley por las calles es toda una experiencia. “Bonito culo!”, comentaba de vez en cuando, si se tropezaba con alguna dama que le parecía atractiva. El sexo siempre está presente en su rutina diaria, y habla de ello a menudo. Visitamos una exposición de Dalí, y le llamó la atención cada referencia sexual que encontró en sus cuadros.

La entrevista que leeréis a continuación se llevó a cabo a lo largo de dos días por las calles de Barcelona. Y podríamos haber seguido hablando con ella dos días más, porque cada uno de los temas que tocaba daba pie a una hora entera de conversación: su inusual familia, su trayectoria en el porno, sus experiencias sexuales de todo tipo, su matrimonio con dos personas que duró bastante más que muchos matrimonios convencionales… Una mujer fascinante, no hay duda.

¿Qué me puedes contar de tu nuevo libro “Nina Hartley’s Guide To Total Sex”?

“El libro está basado en mi serie de videos ‘Nina Hartley’s Guide To…’, en los que hablo de cómo hacer buen cunilingus, fellatios, S/M, etc. Es un libro sobre relaciones entre hombres y mujeres, etc.”.

¿No has pensado en la posibilidad de escribir una autobiografía? Con todas las experiencias que has vivido, sería muy interesante.

“Mi próximo libro seguramente será una autobiografía, sí. Pero primero quería hacer esto. Mis videos educativos han vendido miles de copias, así que me apetecía publicar este libro. El siguiente proyecto serán unas memorias, como te decía, aunque sólo hablaré de mis años en el porno. A mi familia no les gusta lo que hago y no tengo permiso para hablar de ellos en un libro. No puedo hablar de mi hermano o de mi hermana. Si mencionase sus nombres, no les gustaría”.

¿Tus padres tampoco aceptan lo que haces?

“Mis padres saben lo que hago desde hace veinte años, y en la actualidad finalmente parece que se han relajado un poco al respecto. Ya sabes, es sexo y no lo entienden. Mi padre me dijo: ‘¿Por qué sexo?, ¿por qué no el violín?’. ¿Qué puedes decir ante un comentario como ese? Pero por lo menos ahora me ven feliz, casada con un hombre que me ama, y están un poco más relajados. Mi madre es budista, y en los últimos tiempos parece sentirse más relajada conmigo. No lo entiende, pero por lo menos se esfuerza”.

Es sorprendente, leí un artículo en el que se hablaba de tus padres y creía que eran más abiertos.

“Son abiertos en el sentido de que no me dicen: ‘No puedes hacer esto’, pero no son tan abiertos como para entenderlo. Aunque para su edad tienen una actitud bastante abierta, mi madre tiene ya 80 años. Ellos eran comunistas, probaron la terapia antes que nadie, también el tai-chi, pero al mismo tiempo son de una generación muy determinada y no espero que entiendan lo que hago. Cuando estoy con ellos siempre me visto muy formal, jamás me visto sexy, ni llevo maquillaje”.

¿Cuál fue su reacción cuando empezaste a hacer porno?

“Al principio les mentí durante dos años con respecto a lo que hacía, y cuando finalmente se lo dije, odiaron lo que estaba haciendo, no lo entendieron. Mi madre es feminista y no entendía que una mujer pudiese hacer esto. Además, el sexo no destaca en su lista de prioridades, y no entiende porqué es tan importante para mí, pero nunca me dijo que no me dedicase a esto. La reacción de mi hermano, que es judío ortodoxo, fue peor, no volvió a hablarme durante quince años, e incluso ahora casi no me habla. Cuando conversamos, sólo lo hacemos sobre judaísmo o sobre política, pero nunca sobre nuestra relación como hermanos. Mi familia es alemana, y no estamos muy unidos. Cuando veo que hay familias que se quieren, y se reunen todos y se lo pasan bien, siempre pienso: ‘¿Qué es eso?’. En mi familia todos somos más estirados el uno con el otro. Yo soy la más joven, y me di cuenta muy pronto que yo era diferente de otros niños. Descubrí el sexo muy pronto. Cuando tenía doce años sospechaba que podía ser bisexual, y cuando cumplí catorce ya sabía que mi interés por las chicas no iba a desaparecer y mi interés por hacer sexo en público no iba a desaparecer. Me di cuenta de que en el mundo estaba la gente normal y luego estábamos nosotros, lo que yo llamo ‘queers’, somos la ‘queer nation’. Está la gente normal, los monógamos, y luego estamos nosotros, los geeks, nerds, gente a la que le gusta fantasear, bisexuales, gays, lesbianas, la gente ‘queer’. Siento que formo parte de una tribu, de una familia que no es mi familia de sangre. Veo a mi familia de sangre dos o tres veces al año, y hablo con mis padres por teléfono dos o tres veces cada mes. También estoy tratando de mantener una relación un poco más cercana con mi hermana, que tiene hijos. Yo soy la única tía que tienen sus hijos, así que estamos tratando de acercarnos un poco como adultos”.

¿Y aceptan tus padres el hecho de que seas bisexual?

“Ese es un tema que no tocamos. Ellos saben que viví durante veinte años con un hombre y una mujer, pero nunca hablamos de sexo. Ellos prefieren no pensar en ese tipo de cosas. Pero mi tía es gay y ha estado con la misma mujer durante 45 años, así que mis padres están al tanto de estas cosas. Mi tía nunca fue explícita al respecto, la otra mujer siempre estuvo allí, pero no se hablaba de ello, y mi tío tenía una novia con la que iba a fiestas. Cuando tenía veinte años, mi hermana me dijo: ‘¡Son gays!’. (Risas) En otro mundo, mi madre seguramente habría sido también bisexual, incluso mi padre es posible que hubiese sido bisexual, si fuese más joven, pero el momento y el lugar no era apropiado para eso”.

Acabas de estrenar una nueva película, “O-The Power of Subimission”. ¿Estás satisfecha con el resultado?

“Sí, es fantástica. ‘The Power of Submission’ está basada en ‘Story of O’. Mi marido la actualizó, y situó la acción en Los Angeles. La diferencia con la película original es que en ‘Story of O’ se supone que ella lo hace todo por amor, pero mi marido dijo: ‘Nadie acepta un segundo azote por amor, quien acepta un segundo azote es porque le gustan los azotes’. Así que él presentó su sexualidad de un modo más abierto, en otras palabras: a ella le gusta lo que hace. Quizá tenga algún problema para conectar a nivel emocional, pero le gusta el sexo. Hay que recordar que el libro lo escribió una mujer a la que no le gustaba el sexo especialmente para su amante a quien sí le gustaba mucho el sexo, de modo que ella era una extraña que observaba esos comportamientos desde fuera sin llegar a entenderlos. Como consecuencia de ello, al leer el libro te das cuenta de que ella no entiende realmente porqué una mujer actuaría así. Eso es algo que hemos cambiado en la película. Es una muy buena película”.

¿Cuál es tu opinión sobre el porno en la actualidad? Le he hecho esta misma pregunta a muchas estrellas de los 70’s y los 80’s, y la mayoría de ellas opinan que en el pasado el porno era mucho más glamuroso.

“Del porno actual me gusta una parte, y no me gustan la mayoría de cosas. Es algo muy personal. Lo importante es no enfadarte por lo que no te gusta, y tratar de disfrutar lo que te gusta. En mi opinión, el porno debe hacerte feliz, debe excitarte, debe hacer que tengas ganas de hacer el amor con tu marido o tu mujer. Hay muchas cosas en el porno que no me gustan, pero no centro mi atención en esas cosas que no me gustan. En el porno de hoy en día hay algo para todo el mundo. Tu visión del porno tiene más que ver contigo que con el porno en sí, y recomiendo que la gente se relaje. Hay algo para todo el mundo, desde besitos, besitos, besitos hasta un bate de beisbol por el culo”.

Pero, ¿ves una diferencia entre el porno actual y el porno de los 80’s? En aquella época, había grandes presupuestos para muchas de las películas que se rodaban, y el porno tenía más que ver con el cine que en la actualidad.

“Bueno, en aquellos años yo hice también muchas películas baratas. Las llamábamos ‘one day wonders’: algunas escenas de sexo, un pequeño diálogo y un rodaje que duraba 18 horas. Siempre ha habido porno barato, incluso en los 80’s. Lo que ocurre es que ahora hay mucho más porno. En los 80’s se rodaban 500 películas al año, y ahora se ruedan 10.000. Hay Internet, y se ha producido una explosión de especialidades: cintas en las que sólo hay sexo oral, o sólo hay sexo anal, o sólo hay sexo en grupo… Antes, si a un tipo le gustaba algo en particular, encontraba una sola escena en concreto que le gustaba en un film. Ahora, cuando a alguien le gusta algo, tiene una película entera basada en ello, sea lo que sea. Uno pensaría que la gente se aburriría de esto al cabo de un tiempo, pero no es así, lo cual me parece extraño. La gran diferencia con los 80’s es la enorme cantidad de porno que hay ahora”.

Apareciste en la película “Boogie Nights”. ¿Cómo fue esa experiencia?

“Fue muy divertido. Fue algo fantástico, me lo pasé muy bien. En el fondo no fue muy diferente de rodar porno. Allí también tuve que decir mis líneas, preocuparme de no tapar las luces, etc. La diferencia es que en lugar de tener un carrito con comida, teníamos cuatro carpas con carritos de comida, y en lugar de un asistente de producción había cinco asistentes de producción, y en lugar de rodar durante dos días lo hicimos durante cincuenta días”.

Senen: ¿Piensas que esa película representa lo que fue el porno en los 70’s?

“No. Esa película está escrita por un tipo que ni siquiera había nacido en los 70’, o que nació a finales de los 70’s”.

Cesar: ¿El director no contó con la ayuda de consejeros que le asesorasen?

“Sí. De hecho, yo fui uno de ellos. Un detalle que falla en el guión que él escribió es el hecho de que en los 70’s era ilegal rodar porno en L.A., y debería haber añadido escenas de policía persiguiendo a gente del porno, porque era algo que sucedía todo el tiempo. También es un error que basase la película en un tipo, porque las mujeres siempre fueron las grandes estrellas en el porno. El tercer detalle que no cuadra es que el protagonista, Dirk Diggler, habría encontrado trabajo si hubiese querido tras cortar con aquel productor, porque en Los Angeles había más de un productor haciendo pornografía. Pero hay que recordar que es una película de Hollywood, y Hollywood siempre distorsiona un poco las cosas. Es una película y punto. Siempre pasa lo mismo en los biopics, hay que condensar cinco años en un período de cinco meses”.

En ese film trabajaste con grandes actores, como William Macy, imagino que debió ser un enorme placer para ti.

“Sí, sí, sí. William Macy es uno de los tipos más agradables que he conocido. Es una gran persona, es la clase de individuo que querrías que fuese tu vecino. Adora a su esposa y es un gran padre. Se portó muy bien conmigo, fue muy considerado y muy profesional en todo momento, no me trató en plan: ‘Oh, es una actriz porno’, me trató de igual a igual. Rodé una escena con él en la carretera, mientras nos dirigíamos a la fiesta, en la que él me está diciendo: ‘No vuelvas a hacer eso’, y otra escena cuando salimos de la fiesta en la que me dice: ‘¿Por qué lo has hecho?’. Hicimos doce o quince tomas de esas secuencias, daba la impresión de que el director realmente deseaba que esas secuencias quedasen perfectas, y al final cortaron esa parte. Creo que dichas escenas hacían que mi personaje pareciese una persona real, no un ‘cartoon’, y el director quería que fuese un ‘cartoon’. Él me dijo: ‘No te preocupes, incluiremos esas secuencias en el DVD’, pero a mí eso me da igual, habría deseado verlas en el film, porque eran las únicas escenas en las que se nos veía a William y a mí juntos. Me cabreó mucho ese detalle”.

¿Te gustaría aparecer en otras películas convencionales o es algo que no te importa?

“Tienen que acudir a mí para que algo así suceda. Yo no voy a ir detrás de la gente de Hollywood, porque sé que no les intereso. Soy mayor, tengo un pasado… Si alguien me lo pidiese, por supuesto lo haría, me lo pasé muy bien. Yo no soy difícil de localizar, cualquiera en Hollywood puede hacer dos o tres llamadas y encontrarme, así que si les intereso ya me llamarán”.

Algo que has comentado en muchas ocasiones es que para ti el sexo es algo utópico. Imagino que debe haber sido difícil tratar con cierta gente en el porno, porque no es un mundo nada “utópico”, está todo basado en el negocio.

“Si estás en el porno, debes aceptar compromisos. No soy una purista. Si fuese purista, habría tenido que dejar este negocio después de rodar mi primera película. Como te decía antes, siempre trato de centrarme en las cosas positivas. Hay muchas cosas negativas en el porno: no hay royalties, los rodajes pueden alargarse mucho, no hay asociación de actores que te defienda… así que si me pasase el día pensando en todo eso, estaría siempre irritada. El aspecto malo del porno es el negocio. Es una lástima que las actrices y los actores porno no podamos formar parte del Screen Actors Guild. Hace treinta años, algunos actores lo intentaron, y les dijeron: ‘No, lo que hacéis no es legítimo’. Así que desde entonces hemos estado al margen de la industria cinematográfica convencional. Y nadie puede dar el salto al cine normal. Ni siquiera Ron Jeremy lo ha conseguido, a pesar de ser quien ha tenido más éxito dándose a conocer fuera de la pornografía. La gente creía que después de mi aparición en ‘Boogie Nights’ yo daría el salto al cine convencional, pero yo sabía que era algo que sólo pasa una vez en la vida. Nunca tuve ilusiones de que el director me llamaría para participar en sus siguientes películas. Y no hay problema, a mí me encanta el porno. Sí, es ridículo, es estúpido, es un ‘cartoon’, pero me gusta. El porno está basado en ‘life action cartoons’, y me parece fantástico. Lo que ves en el porno no es lo que pasa en la vida real. Las mujeres a veces se quejan de eso, pero es que el porno de las mujeres son las novelas románticas. Para las mujeres el ideal es un hombre rico y guapo que ha hecho sexo con miles de mujeres y que de pronto te encuentra a ti, y te ama sólo a ti y se convierte en monógamo. Y el porno de los hombres es conseguir sexo fácil, porque en la vida real cuando quieren hacer sexo, su pareja les dice: ‘Oh, cariño, me duele la cabeza’, así que sueñan con que el sexo sea fácil y sin esfuerzo. Además, en el porno para el público es todo fantasía, no hay muerte, no hay enfermedad, no hay que pagar dinero tras un divorcio, no hay niños. Está todo basado en la fantasía. En mis fantasías, tal vez estoy caminando por un callejón, me encuentro a una bella mujer que me pide que le acompañe, hacemos sexo, y luego sigo mi camino. No es algo que me suceda en la vida real, pero tengo esas fantasías, y me gusta rodar películas sobre mis fantasías. Siempre le digo a la gente que no pueden pretender hacer lo que han visto en una película sin pedir antes permiso a su pareja. Sólo porque a la chica de una película aparentemente le guste que le cojan la cabeza y la aplasten contra la polla mientras hace una felación, no significa que a su pareja real le vaya a agradar eso. Cuando estás con una persona real, debes hablar antes de hacer ese tipo de cosas”.

Echemos la vista atrás y hablemos un poco de tus inicios. La legendaria Juliet Anderson fue quien te descubrió, ¿no es así?

“Efectivamente, me descubrió en un supermercado. Mi marido y yo coincidimos con ella en un supermercado, le di mi tarjeta, le envié unas fotos mías y me llamó inmediatamente e hicimos una película. Yo tenía 25 años y casi había terminado mis cursos de enfermería. Para mí empezar a hacer porno fue una manera de tener la oportunidad de follar con mucha gente sin terminar en prisión, ni tener que ir a cenar con nadie, ni aguantar citas, ni tener que empezar una relación. También fue una manera de adquirir experiencia para ayudar a la gente con sus problemas sexuales. La mayoría de los sexólogos estudian el tema, pero son gente convencional, son monógamos. No hay demasiados sexólogos que sean ‘queer’, como yo, y que entiendan que es posible no ser monógamo y lo hayan experimentado. Me gusta ayudar a las personas con problemas sexuales, si una persona me permite poner mis manos sobre su cuerpo y ayudarle a tener un orgasmo, puedo conseguir que esa persona se sienta como si hubiese visto a Dios. Me gustaría hacer el amor con todo el mundo por lo menos una vez. (…) Para mucha gente es impensable tener una relación que no sea monógama, pero hay un sólido 20% de gente que prefiere otra opción. La cuestión es que es posible la no monogamia que sea sana, y al mismo tiempo la monogamia en algunos casos no es nada sana. Yo vengo de una época muy poco convencional y una familia muy poco convencional, y tengo deseos muy poco convencionales, así que pude hacer realidad lo que deseaba sin ningún sentimiento de culpa. De lo único que me arrepiento es de no haberme divorciado de mi marido antes, pero estoy satisfecha por cómo se ha desarrollado mi vida en lo que respecta a lo demás. De las 600 películas que he rodado, sólo me avergüenzo de 5, el resto fueron buenas experiencias, así que no me puedo quejar. En la actualidad estoy muy feliz con mi marido. Sabía que no podía casarme con un hombre convencional, que fuese celoso y posesivo”.

¿Cómo te sentiste trabajando con Juliet Anderson en tu debut en el porno?

“Estuvo muy bien. Ella es muy divertida y seguimos siendo amigas. Cada seis meses nos escribimos. Ella tiene 65 años pero parece que tenga 45; tiene un rostro increíble”.

Ella también ha editado algún video sexual educativo.

“Sí, ha hecho algunos videos educativos sobre sexo entre personas mayores. Eso es algo que se echa falta en el porno: sexo después de los 45. Cuando ves a alguien mayor en una película porno, lo presentan sin ningún respeto. Sus películas tratan de personas humanas que son mayores y que sienten su sexualidad. Sus films cada vez tendrán más interés, porque cada vez hay más personas divorciadas que tienen 60 años y quieren ser sexuales durante toda su vida”.



¿Cómo te sentiste la primera vez que hiciste sexo frente a una cámara?

“Me sentí como en casa. Antes de eso había bailado una temporada desnuda en el Mitchell Brothers Theater en San Francisco, y solía hacer sexo con vibradores, así que la única diferencia al rodar un film fue hacer sexo con un pene real en lugar de hacerlo con un juguete. Estaba muy preparada. Ya tenía 25 años, y había pasado ocho años pensando: ‘Algún día rodaré una película, algún día rodaré una película…’ Así que me sentía totalmente preparada y muy feliz de hacerlo”.

Cuéntanos un poco cómo fue la experiencia de trabajar en el legendario teatro de los hermanos Mitchell.

“Era genial. Hacía ‘lap dancing’, no llegué a hacer ‘hand jobs’ (trabajos manuales), lo cual fue triste… (Risas) Me gustan los ‘hand jobs’ porque es algo fácil, es algo seguro y no necesitas quitarte la ropa. Lo que solía hacer era masturbarme en escena y hacer sexo con mujeres en el escenario. Ese teatro era el único lugar en América, en esa época, en el que podías masturbarte en escena y hacer sexo con mujeres, lo único que no podías hacer era follar con hombres. Así es América”.

¿Cómo eran los hermanos Mitchell?

“Jim Mitchell era el más estirado de los dos, y Artie era el tipo colocado y loco. Cuando se dio cuenta de que no podía hacer nada conmigo, dejó de agobiarme”.

¿Quienes eran tus sex symbols favoritos de teenager?

“Errol Flynn… Oohhh… (Nina suspira excitada), Marlene Dietrich. Me gustaba mucho más Marlene Dietrich que Jean Harlow o Marilyn Monroe. Soy bisexual, me gusta lo ambiguo, y Marlene Dietrich era bisexual y le sentaban muy bien los smokings. Esos eran mis dos sex symbols favoritos, Marlene Dietrich y Errol Flynn. Quería follarle a él y quería ser ella. Vi a Errol Flyn en la película ‘Captain Blood’. Yo tenía doce años, vi ese film un día en la tele, al regresar de la escuela, y él salía con el torso al desnudo atado a un poste, y eso me pareció extrañamente excitante. No sabía porqué me parecía excitante, pero ahora logicamente lo entiendo; me gusta el bondage S/M, es algo que siempre ha formado parte de mí, y al ver a un símbolo justo de eso, fue como si me tirasen agua a la cara, me tocó muy de cerca. Yo aún no tenía el periodo, nunca había besado a un chico, pero… él era tan sexy…”

¿Recuerdas la primera película porno que viste?

“Sí, por supuesto, oh Dios mío… Mi primer contacto con este mundo fueron unos libros que tenía una gente que cuidaba de mí. Mis padres me dejaban a veces en su casa, y tenían una gran cama de agua. Al lado de la cama recuerdo que tenían dos libros en donde vi mis primeras imágenes porno, uno se titulaba ‘Erotic Art of the Masters’ y el otro se titulaba ‘Erotic Art of the West’. Eran libros muy serios de arte con imágenes porno. Uno de los libros que leí en esa época fue ‘Autobiography of a Flea’, un libro porno de 1890, y me encantó. Luego, en 1976, se estrenó la película basada en ‘Autobiography of a Flea’, y decidí ir a verla. Había leído el libro, y por lo tanto deseaba ver la película, ya sabes, es como ‘El Padrino’, lees el libro y luego vas a ver la película… (Risas) Yo no había cumplido 18 y fui al cine, en Berkeley, pensando: ‘Por favor, no miréis mi carnet, por favor, no miréis mi carnet’, y por supuesto no miraron mi carnet!, simplemente les daba igual. Fui sola, no conocía a nadie que quisiera acompañarme, y recuerdo que vi las secuencias de sexo y me dije a mí misma: ‘Yo quiero hacer eso’. (Risas) En esa época era vírgen, y en ese momento supe que eso era lo que quería hacer con mi vida, y ocho años después hice mi primera película”.

¿Te interesaba alguna estrella porno antes de meterte en el negocio?

“Las únicas estrellas porno que conocía antes de empezar eran Vanessa Del Río y Georgina Spelvin, y me gustaban mucho las dos. Vanessa era preciosa, divertida, latina y tenía personalidad, algo que yo realmente apreciaba. La vi en una película que se titulaba ‘The Dancers’ y sentí verdaderas ganas de hacer films”.

Me gustaría saber tu opinión sobre algunas estrellas. La primera de ellas es Ginger Lynn.

“Ella fue la mayor estrella del porno después de que Seka se retirase. En América el ideal es la ‘girl next door’ que hace cosas sucias, y Ginger encajaba perfectamente con eso. Ginger era una especialista anal antes de que todo tuviese que ser anal como pasa hoy en día. Ella hacía doble penetración, y realmente le gustaba el sexo. Disfrutaba con ello, le gustaba follar y eso se notaba. Así que tenía imagen de buena chica a la que gustaba hacer cosas sucias, una combinación que siempre ha sido muy popular en USA”.

¿Te gusta Ginger a nivel personal?

“Sí, desde luego. De hecho, Ginger y yo tenemos pendiente un polvo. Un día de estos la llevaré a mi casa, la ataré bien y follaremos. Ella no tiene a nadie con quien pueda hacer bondage S/M, y yo soy buena en eso. Así que tenemos ese acuerdo verbal, de que un día follaremos”. (Risas)

¿Qué me dices de Marilyn Chambers?

“No la conozco muy bien en persona. Vi ‘Behind The Green Door’, y ella fue Ginger Lynn antes que Ginger Lynn; con eso quiero decir que era literalmente ‘the girl next door’. Salía en la portada de las cajas de Ivory Snow, debutó en el porno, y a partir de entonces Ivory Snow dejó de poner fotos de chicas en las cajas y decidieron usar ilustraciones. A ella le va muy bien, hablamos hace cinco meses y está muy contenta. Ella se retiró más o menos cuando debuté yo, en 1984, así que no llegué a conocerla bien”.

¿Has visto sus films de retorno?

“No. No veo mucho porno hoy en día, porque la mayor parte del porno que se hace no me gusta. El porno actual no encaja con mi idea de lo que es sexy, y además cada vez que veo una película no puedo evitar pensar: ‘Oh, ella tiene un mal día, se nota’, o ‘esa es la escena de las dos de la madrugada’, o ‘esa es la escena justo después de comer’, (Risas) o ‘esa es la escena de la habitación demasiado calurosa para follar’ (Risas), así que no me lo paso demasiado bien viendo films, prefiero ver ilustraciones porno. A mi marido también le gustan las ilustraciones porno. Hay un par de webs muy interesantes que recopilan material de artistas porno: www.dofantasy.com y www.bdsmartwork.com, es muy excitante. El porno que me gusta a mí es muy extremo, y prefiero ver ilustraciones, no me gusta ver a modelos recreando escenas. Sé que les pagan y están actuando, así que no es tan excitante para mí”.



¿Cuál es tu opinión de Traci Lords?

“Coincidí con Traci Lords cuando yo acababa de empezar. Ella ya era una gran estrella. Era muy guapa, tenía un rostro muy bonito, parecía bastante joven, aunque no teníamos ni idea de que fuese tan joven, tenía un buen cuerpo, y pechos naturales muy bonitos. Sus pechos eran muy firmes, porque tan sólo tenía 16 años!!, (Risas) pero no teníamos ni idea de eso. Recuerdo que me fijé en sus tetas, y eran grandes, pero no tenía los pezones muy formados, una clara señal de que era muy joven. Coincidí con ella en el plató, pero ella no hablaba. Era tímida, se la veía un poco fuera de su elemento y probablemente asustada o enfadada. Al cabo de un par de años se supo que era menor de edad, y sólo hizo una película legal y dejó el porno. No creo que nadie supiera realmente si era menor o no, imagino que había gente que lo sospechaba, pero era tan excitante y tenía tanto éxito, que la gente del negocio prefirió no comprobar el tema de la edad. Hoy en día tiene 37 o 38 años, vive en L.A. y no sé exactamente qué hace”.

¿Qué piensas de lo que hizo Traci en su momento? Parece ser que reveló nombres de mucha gente del porno a la policía.¿No tuviste ningún problema por culpa de ella?

“Me molestó mucho que hiciera eso en aquella época, pero cuando he pensado en ello posteriormente, ya sabes… el porno es un negocio, no hay ningún tipo de seguridad, no hay seguros médicos, no hay protección para los actores, no hay nada. Si te rompes las piernas, la gente del negocio te dirán: ‘OK, vuelve cuando puedas caminar’. Así que, teniendo en cuenta que es un negocio y que a ella le jodieron muchas veces, si ella hizo eso luego, no me parece tan grave. En la época, como te decía, me molestó, porque nos mintió, pero no fue a la cárcel, y nadie fue a la cárcel por su culpa tampoco, de modo que no tiene tanta importancia. Yo no habría hecho algo así, pero no puedo juzgarle por haber hecho algo así, y espero que sea feliz ahora”.

Bueno, Ginger Lynn me contó una historia diferente: afirma que fue a la cárcel por culpa de Traci Lords. Según Ginger, Traci reveló su nombre a las autoridades y le acosaron para que ella también revelase nombres, pero al final se negó y la metieron en la cárcel por sus problemas de drogas.

“Mira, quiero mucho a Ginger, pero ¿sabes qué?, hay que pagar los impuestos. Yo siempre pago mis impuestos. Lo único que quiere el gobierno es dinero. Si les das el dinero, te dejan en paz. Ese fue el problema que tuvo Ginger con el gobierno. Antes o después la habrían arrestado, era una cuestión de tiempo”.

Quería preguntarte también por Christy Canyon.

”Ella y Ginger presentan ahora un programa en Playboy Radio, cinco días por semana. Yo sólo hice una película con Christy, y ella era una de las chicas más populares del momento. Sus pechos eran naturales y grandes, y eso fascinaba a la gente. Ahora es madre de una niña”.

¿Con qué actores y actrices te has sentido más a gusto trabajando?

“Randy Spears, Peter North, Porsche Lynn, Barbara Dare…”

¿Sabes qué ha sido de Barbara Dare?

“Vive en New Jersey y está bien. La mayoría de chicas que dejan el negocio jamás vuelven. Ahora las chicas siguen más tiempo en el porno, y terminan dirigiendo o trabajando detrás de las cámaras como asistentes o lo que sea. En los últimos diez años hay más oportunidades para las mujeres que dejan de actuar en películas. Cuando Barbara Dare abandonó el negocio, no dejó dirección ni teléfono a nadie, no envía postales por Navidad, simplemente no quiere tener ningún contacto con nadie de esa etapa de su vida”.

¿Qué opinión tenías de Lisa De Leeuw?

“Oí que había muerto, luego que no había muerto, luego resulta que sí había muerto… No sé”.

Yo estaba convencido de que estaba muerta.

“He oído eso varias veces, pero no lo sé. Nunca llegué a rodar una escena con ella. Aparecimos en la misma película, pero no compartimos escena”.

¿Cuál es tu película favorita de tu filmografía?

“Una de mis favoritas es ‘Debbie Does Dishes’, es una película muy divertida que hice en 1985. Mi nueva película ‘O-The Power Of Submission’ es realmente muy buena. También citaría ‘Young Girl in Tight Jeans’. He hecho muchas películas. Me lo pasé muy bien en 500 escenas, lo pasé bastante bien en 250 escenas, me divertí en otras 250 escenas, y lo pasé mal, quizá, en 50 escenas. Por lo tanto la proporción entre escenas en las que me lo pasé bien y escenas en las que lo pasé mal es excelente. La mayoría de veces que lo pasé mal fue porque el director era un gilipollas, o rodamos muy tarde, o hacía mucho calor, o hacía mucho frío. Y sólo en un par de ocasiones lo pasé mal porque a mi compañero de escena no se le levantó. Mis videos educativos sexuales se pueden adquirir a través de la web www.adameve.com. Son muy útiles, pero hay que tener buen inglés para entenderlos. En cada video hago sexo y hablo directamente al espectador sobre lo que estoy haciendo en cada momento. Son videos sexy, pero no están enfocados para hacerse pajas, ya sabes, son educativos”.

Quería preguntarte también sobre música. ¿Qué bandas te interesan?

“Soy una chica de los 70’s, me gusta Santana, Earth Wind & Fire, Isley Brothers, Tower Of Power… Mi marido me introdujo en la música de Elvis Costello, y me gusta mucho. Hace años alguien me introdujo en la música de The Clash, me encanta ‘London Calling’; cuando escuché ese álbum fue una gran sorpresa, no esperaba encontrar ningún disco de Punk que me gustase. El Punk viene de un momento muy especial en la historia, tanto a nivel social como económico, y yo no viví en Inglaterra a finales de los 70’s, nunca viví en un país tan deprimente (Risas) y nunca fui una persona cabreada. Entiendo que hay gente joven irritada que se identifica con ese tipo de música, pero yo nunca fui esa clase de persona. Si quiero escuchar música agresiva, prefiero el Jazz, si necesito algo duro escucho a John Coltrane, Charlie Parker, Miles Davis u Ornette Coleman que es muy ‘avant garde’. Si busco una representación abstracta de mi ira, prefiero el Jazz antes que el Punk. En los 70’s y los 80’s, en Berkeley, el Funk era más popular que el Rock. Había gente joven que escuchaba a Aerosmith primero y a Metallica después, pero yo no me relacionaba con esa gente, yo salía con amigos que escuchaban Funk. Pero por supuesto me gusta el Rock también, me gustan The Who, adoro ‘Tommy’, me gustan los Beatles aunque no los calificaría como Rock. También me gustó siempre el Rock de los 50: Little Richard, Buddy Holly… Me gusta Buddy Holly más que Elvis”.

¿Cuál fue el primer concierto al que asististe?

“Frank Zappa. Le vi estando en ácido. (Risas) En los 70’s, mi novio y yo solíamos tomar ácido antes de ir a cada concierto. Vi a muchas bandas que ni siquiera recuerdo. La experiencia tenía más que ver con tomar ácido bajo el sol que con quién tocase en el escenario”.

Quería preguntarte también por el matrimonio con dos personas que tuviste durante muchos años. Es algo que despierta una gran curiosidad en la gente.

“Conocí al que sería mi marido y él tenía una novia. Yo era bisexual, así que ese detalle me atrajo mucho. Tenían una relación abierta. Estaban juntos, pero él tenía novias y ella tenía novias, y pensé: ‘Yo quiero tener eso también!’. Nuestro matrimonio a tres al final no funcionó por problemas emocionales, pero el problema nunca fue el hecho de que fuese un matrimonio de tres, eso estaba bien. Con las personas adecuadas, esa clase de matrimonio puede ser estable. Con mi actual marido también tenemos una relación abierta: él ve a otras mujeres cuando yo no estoy en casa, yo tengo una amante, a veces jugamos juntos con otra gente, y todo va bien. Si estás con la persona adecuada, no hay problema. Mi marido no tiene interés en vivir con nadie además de mí, así que nunca viviremos con otra mujer en la misma casa, pero tenemos amantes a los que vemos todo el tiempo”.

¿Recuerdas algún momento especialmente ridículo en un rodaje porno?

“Cualquier momento que tenga que ver con flatulencias es…, en fin, ¡qué vas a hacer!, ¡somos humanos!, si ves venir algo, sólo puedes decir: ‘Coloca tu culo en otra dirección’… Pasan muchas cosas: te caes de camas, chocas contra paredes.. Pero por encima de todo, éste es un negocio muy serio. La películas son ridículas, pero los rodajes son serios, porque los presupuestos son bajos y no se pueden repetir tomas la semana siguiente. Hay que hacer cada escena en el tiempo que tienes, y no hay más. Es difícil cuando a un actor no se le levanta. Trabajamos con cuerpos humanos, y son cosas que pasan. Puedes subir un peldaño más de una escalera aunque estés cansado, pero no puedes forzar una erección. Y el Viagra no ayuda. El Viagra sólo funciona si tú quieres hacer sexo con esa persona. Ves a tipos todo el tiempo metiéndose Viagras sin parar para conseguir erecciones, cuando lo que deberían hacer en realidad es irse a casa y no tratar de ganarse la vida follando frente a una cámara. Hay tipos que han nacido para hacer esto, pero los que tienen problemas de erección frente a una cámara deberían quedarse en casa y limitarse a ver porno. Todo el tiempo me encuentro a tipos que me dicen: ‘Yo nunca tuve este problema!’. Pero sólo habían hecho sexo con sus novias, estaban con una persona que deseaba estar con ellos, sin embargo el porno es muy artificial. La vagina es real, pero todo lo demás es artificial: el momento, el lugar, el motivo, la persona. Estás follando con ella porque ella es quien debes follar hoy, no porque ella te guste. Y a ella le sucede lo mismo”.

A menudo has comentado que en tus films la comedia es importante para ti.

“Es importante porque lo que hacemos es realmente ridículo. Hay muy pocos buenos actores en el porno. Yo soy correcta, pero no hago drama. Me gusta que el porno sea divertido. Porno y comedia combinan muy bien, aunque no todo el mundo está de acuerdo conmigo. Hay actores que quieren que se considere lo que hacen como algo serio: ‘Mi orgasmo es algo serio!’. Es absurdo”.

Para terminar, una pregunta que te habrán hecho miles de veces, pero no puedo resistirme: conociste a John Holmes, ¿cierto?

“Sí. Le vi rodando una película, y fue un shock ver que su pene cabía en la vagina de la chica, tenía un pene muy grande. Coincidí con él un par de veces. Ya era mayor y estaba enfermo. Era muy educado, muy tranquilo, y se le veía realmente cansado. Pero no sentí ninguna energía sexual por su parte”.

Si deseáis seguir las aventuras de Nina, chequead su web: www.nina.com. Incluye un blog que actualiza a menudo, y en donde relata algunas de sus experiencias sexuales.

miércoles, 22 de febrero de 2012

SAMUEL FEIJOO: EL ENJAMBRE.


En el patio, veo a Lelo moler maíz para el cuerpo en ceba. Se aparece su hermano Lico, con su sombrero alón medio roto y el rostro prieto en demasía. ¿No saben- nos dice- que acaba de morir la muchacha curandera de Palmira? Vivía en un colmenar: se negaba a salir de allí, y curaba el cáncer con unas yerbas. Cuando se puso grave millones de abejas le hicieron pared y techo con sus cuerpos y nadie la vio morir. Cuando salió del entierro las abejas fueron en enjambres con la comitiva hasta la misma tumba.

jueves, 16 de febrero de 2012

Capítulo 12.- Tory Lane por Marla.


Camino por la acera tibia, no hay brisa o si la hay parece que quema. Camino bajo un sol que se ensaña sobre los transeúntes de una ciudad en la que no todos respiran el aire fabricado de un automóvil. Por estas fechas no parece sencillo encontrar una oficina decorosa donde desempeñar las funciones que a uno le gustan. No hay posibilidad. Continuamente, y a pesar de lo que digan los señores fascinados por la aldeización
del planeta, en esta ciudad se cierran las fronteras. Se cierran al menos para las mentes lúcidas, para quienes hurgan entre las suciedades y desperdicios de una sociedad que se llama a sí misma moderna, con una ingenuidad provinciana y asquerosa.

En mi mente, no había otro designo que el estar en contra por la simple -y honrosa- satisfacción de estar en contra. Como si pudiera reestablecerse la idea de que todo lo que nos acontece proviene de un mito asociado al destino -cosa más
grande!

Llego hasta Las Peñas y parece que se termina la agonía, he decido gastar los pocos dólares que le extraigo a mis alumnos en aplacar el ardor que consume mi garganta. (Por lo menos tengo estudiantes mediocres que pagan para pintar malos cuadros que luego venderán a precios módicos en galerías desacreditadas.) Subo el empedrado maldito que lastima mis tacos, pero ¿quién dice miedo si voy por unas copas? Llego hasta el bar, el Rytazz, un sitial impreciso cuya dirección exacta no recuerdo
jamás cuando quiero dar explicaciones. Entro sin reparos por la aparatosa entrada –una puerta agonizante del siglo XIX violada por decoraciones pop trash y la psicodelia lumínica del neón-, y descubro que, increíblemente, no hay nadie adentro. Busco inmediatamente aquel lugar que es perfecto para mis tertulias nocherniegas, justo entre los posters de Uma Thurman, Angelina Jolie y Courtney Love –imágenes extáticas del ojo endemoniado de Lachapelle-, y una vez sentada sobre un amplio sillón de terciopelo, vislumbro en el lejano mostrador la presencia de un ángel.

Este ángel tiene una cintura magnífica, y viste de rosa; lleva tacones altos como una puta flamante consagrada a preconizar los deleites de su oficio. Pero hay algo extraño en su mirada, algo que se escapa en las burbujas de su copa de champaña. “Su labial es disonante”, pienso mientras la mesera se acerca con la cartilla en la mano, y recuerdo una canción de Sabina donde se narra la historia de una princesa con boca de fruto rojo...

Pido algo que me recuerda la otra noche en Diva, y sigo mirando a este ángel impecable, sentada como una bebedora de ajenjo, hierática y escultórica. (Nunca supe su nombre, pero hube de llamarla Tory. Tory como la joven de pelo oscuro que se desnuda en mi televisor por las noches. Tory como Tory Lane...).

Bebo varios vasos de un líquido caliente, y manso, y la tarde se reduce a un montón de cenizas bajo mis zapatos de tacón. Me invade una sobrecogedora necesidad de humo. Tengo a Tory a cinco metros de distancia, pero hay algo que detiene mis pasos hacia ella. Ella casi no se mueve, fuma, sorbe un trago, cruza las piernas o deposita la ceniza sobre el cajoncito de madera dispuesto para tal propósito. No me ha visto, no sabe que me recuerda también a Daisy Lowe sentada sobre la silla del mostrador. De pronto, se levanta y camina en dirección del baño. Sus pies parecen flotar, moverse con la levedad de un martini. Trato de pararme, pero ya tengo suficiente alcohol en las venas, debilitándome. “Esperaré a que salga y la llamaré”, murmuran mis labios, y mi mente dibuja una escena donde ella está acostada en el sofá que tengo cerca, con las piernas estiradas y los brazos extendidos sobre el terciopelo... La imagino flotando sobre la corriente de un río, el agua le dispersa los cabellos negros y lacios como algas dormidas. Tory me recuerda a la Ofelia de William Morris, agonizante... pero prefiriría ver ese mismo darse a las aguas en un darse a mis brazos; yo la deseo. Los minutos se estiran, ella demora demasiado, cuando sale estoy desprevenida, imaginando estas cosas, y tengo que conformarme con verla sentada, nuevamente, en el minúsculo sitial que retiene su figura.

Una blusa transparente se incendia sobre su torso, justo como el vestuario que Jaje Lens concibiera para el personaje de Ofelia en la tediosa versión de Lee Romans de Hamlet. Luego de tres copas más, muy poco me importa Shakespeare y sus divas
suicidas, así que me aproximo, dando traspies, al mostrador donde se encuentra el ángel.

- Te pareces a Tory Lane –susurro muy cerca de su cuello, ella me mira y en sus ojos enrojecidos puedo constatar la inminencia de un fuerte pesar que la atormenta.
- Vamos a lado –murmura ella, y yo la sigo...

Caminamos cogidas de la mano hacia el salón contiguo, de luz tenue y música a bajo volumen. Nos tumbamos en un sofá acolchado de terciopelo fucsia. Luego de un par de copas, Tory se acuesta y pone sus pies descalzos sobre mi falda. Nuestros cuerpos resplandecen bajo la luz ultravioleta. No paramos de reír y de aspirar polvo. Pronto, acontece la noche, y se pone fría; las horas transcurren y es ya de madrugada. Comienzo a darle un masaje en los pies, acariciando la tersa disposición de su piel bajo mis manos. Poco a poco, un silencio grave repta sobre nuestros labios, y callamos; como si pronunciar palabra, decir la más mínima cosa, fuera romper un convenio celebrado con el destino. Y poco a poco, su cuerpo se va relajando. Se relaja, se contrae, se relaja hasta el punto de invalidar mis escasos gestos de seducción improvisados... se contrae otra vez, y no sé cómo retenerla, no sé si se escapa, o si quiere quedarse conmigo para siempre, como la Ofelia de Lee Romans, como la de Shakespeare, o la de Morris...

Cuando salgo del Rytazz no hay nadie en el mostrador, ni en las butacas que conspiran alrededor de las mesas rojas; no hay nadie, excepto ella y yo, cogidas de la mano bajo las luces de neón del Rytazz. Esta noche, pondré la cinta de Tory Lane, pero algo me dice que no habrá magia ni ritmo, ni una masturbación gloriosa, porque mis dedos ya han soportado demasiado.

2008.

martes, 31 de enero de 2012

VUELO INCONCLUSO PARA UN OBITUARIO TARDÍO.


Magdiel Aspillaga.

Me acabo de enterar que Theo Angelopoulos ha muerto, sucedió hace seis días atrás, por qué tan tarde la noticia, y entonces trato de repasar todas mis acciones a lo largo de la semana, el tiempo volvió a hacer de las suyas, esta vez con alguien que lo miró de frente en alguna ocasión y el tiempo también lo encaró y se encararon y ambos tuvieron que dispararse de pecho a pecho y hombro a hombro para después caer unidos infinitamente.
Dicen los diarios que estaba cruzando un túnel medio oscuro prohibido para los peatones y que una motocicleta lo atrapó a toda velocidad provocándole una hemorragia interna que más tarde le produciría la muerte. El conductor, un policía que viajaba tránquilo, no imaginó lo que le iba a suceder justo en el momento en que decidió internarse en el oscuro túnel, internarse en un túnel para encontrarse al cineasta cruzando a media luz, el choque…..el encuentro final del que tanto habló el propio Angelopoulos en sus películas, el tiempo, lo instantáneo de la inmovilidad y la muerte, el final y el volver a nacer, principio y fin de todo lo hablado y todo lo repetido, Angelopoulos moría a la misma vez que el mundo seguía olvidando y como dijera alguien que también admiro …puedo perdonar todo menos el olvido, olvido tu olvido y rememoro tu presencia….

La primera película de Angelopoulos que vi fue “La mirada de Ulises” y fueron muchas las claves no solo para entender el cine que en aquellos años comenzaba a estudiar, el cine y yo empezamos a vernos en aquella sala con “La mirada de Ulises” que casualmente trata de un cineasta que regresa a su tierra siguiéndole los pasos a la primera película rodada en Grecia, a su vez es una revisión de la historia de los Balcanes a través de este viaje , la Odisea, el eterno regreso, Ulises y el afán de volver a esa tierra a la que pertenece, (me es un tanto raro esta muerte de este lado) nuevamente el cruento mirar a la distancia de tu origen y saber sin pensarlo dos veces que solo perteneces a la región más cercana posible del cordón umbilical, a la esencia imantada del feto y el origen. Mi preferida “Paisaje en la niebla” el viaje otra vez como símil de la vida a través de una niña y su pequeño hermanito, una especie de cuento infantil para dormir, demasiado descarnado, directo y a la vez poético como toda su obra.

Realmente tengo ganas de decir algo, algo que suena a pésame y a la misma vez no, a nota final o obituario, de esos grises que aparecen en la parte olvidada de los periódicos, ayer vi “The rum diary” y me acuerdo de Hunter Thompson y me dan ganas de tomarme un barril entero de whisky y caer, soplar sobre la nieve inexistente de mi barrio o sentarme a mirar el horizonte tranquilo, el horizonte que es una pantalla, la pantalla que es una película, una película que es la vida, la vida que es triste y alegre, la alegría y la tristeza que nos llevan a un universo onírico e impoluto, donde las aguas son más salobres, donde esperamos por la eternidad durmiendo como si estuviéramos despertando.

viernes, 20 de enero de 2012

CAMBIO DE LUZ.


Magdiel Aspillaga.

Sin dudas “Biutiful” es una de la películas que más me ha golpeado últimamente, demasiado diría yo. Todo sucede al unísono, yo escribo, pasa un avión, recuerdo “Pedro Páramo” de Rulfo, las calles me parecen coloridas y a veces frecuentemente llueve y ahora frío, mucho frío, callado y celoso invierno que se funde con esa tarde que lleva el color sublime y respetuoso de la nostalgia o de algo que denominaron nostalgia y que no se explica sino como un respeto breve hacia los que no están, hacia los que estuvieron, de los que están sin estar entre esas dos fronteras exactas que conforman la noche y el día. En algún momento escribí algo que reproducía un fragmento de “Amarcord” de Fellini. Un anciano borracho se pierde entre la profunda niebla de su pueblo sin lograr encontrar la entrada a su casa en el regreso. Está turbado y teme lo peor, estar muerto y no haberlo notado todavía. A lo lejos se acerca un coche conducido por un misterioso personaje (un carruaje que es como el de “Nosferatu” de Morneau o el del “Drácula” de Copolla, de donde parece que el cochero va a estirar una mano grande llena de sombras y levantar al menudo anciano por el aire). El enigmático cochero se acerca a el anciano que está expectante ya sin borrachera alguna, el cochero le pregunta el que hace allí a esas horas de la madrugada y el anciano le cuenta con miedo que no encuentra la entrada a su casa, el cochero amablemente le indica entre la niebla con su mano (que no era larga) que la misma se encuentra a sus espaldas. Genialidad de Fellini y bella metáfora-símil-construcción o interpretación de un mundo que no por real deja de ser mágico. “Biutiful” muestra a un hombre que busca la vida en el momento en que la está perdiendo, quizás la película más mexicana de Iñarritu, la más “Pedro Páramo” de todas, ver a tu padre joven junto a ti anciano, recordar una emisora fantasma que solo transmitía el sonido de las olas del mar, no precisar quienes somos los vivos y quienes los que han muerto. Caminar y preguntar por alguien que ha pasado junto a tu baño, en la callada madrugada en que todo se volvió a detener.

sábado, 14 de enero de 2012

ÁLBUM DE FOTOS.


Griselda Ortiz

El primer año. Ahí estaba yo, llorando porque no me quería retratar.
El segundo, el tercero. Toda la familia reunida alrededor de la mesa del comedor cantando. El cuarto cumpleaños me lo celebraron en un parque. Me retrataron con mi primo soplando las velitas. Mi papá y mi mamá, juntos, sonrientes. En el quinto mi papá no está en las fotos y en mis seis años tampoco está mi primo, ni mi abuela ni casi nadie. Después de los seis, no hay más fotos. No sé como era a los diez, a los catorce. Tampoco recuerdo ningún otro cumpleaños. Hay un gran espacio en blanco, un vacío. Sólo lo que quedó en mi memoria suple la falta de material fotográfico. Pero eso nadie puede verlo. Le cuento a mi hija lo feo que era a los 14 y se ríe, pero sólo yo me veo flaco como un güin, con las orejas paradas, mirando con cara de bobo a una cámara que no existe. Las fotos que no me tiré con mi madre, con mis amiguitos de la infancia, con la gente del pre, las fotos de mis graduaciones, las fotos de mis novias son páginas en blanco del álbum de mi vida, que un día, más temprano que tarde, se irán conmigo para siempre. Entonces será como si nunca hubiera existido.

martes, 10 de enero de 2012

Capítulo 34. UNA NOCHE PERFECTA.


Ana Rosa Valdez

No hay excusas cuando alguien quiere marcharse. Quienes buscan o inventan las explicaciones son los que se quedan, el que parte sólo necesita un ticket de ida y seiscientos dólares en efectivo, un mapa quizás, y algo donde guardar un libro, una bufanda y un perfume ligero. Cuando Marla entró en el dormitorio, a Jeannie no le faltaba el bolso perfecto -completamente amarillo de Afolfo Dominguez- y los zapatos -unos azules de Ana Sui- en la mano. Tampoco estaba ausente el perfume, algo de Lolita como de costumbre.


- Otra vez... - Marla suspiró.
- Debo buscar esos documentos, en algún lugar de los estantes, ay! tantos estantes! - Jeannie parecía preocupada. Su angustia desapareció sin dar lugar a la sospecha, y continuó librando una batalla descomunal contra sus pestañas, había que rizarlas de cualquier manera.
- No deberías... - A Marla la inquietud no le sentaba bien, se ponía tensa y torpe, extremadamente torpe.
- Los zapatos me van bien, quizás deberías quedarte con los otros. Deberías tenerlos todos, la verdad. Ah! Pero tus pies pequeños... - Sonrió, quizás por última vez en aquella tarde.


Marla continuó observando, creando excusas, casi redactándolas en el libro mágico de su cabeza. Jeannie no dejaba de moverse, buscaba cosas a tientas, al azar. Mirándose en el espejo de un estuche dorado, Marla lucía como la chica que aparece en la portada de la Harper´s Bazaar de agosto de 1902. Con esa exactitud, pero sin las flores en el cabello. El cabello de Marla siempre estaba corto y era imposible adornarlo siquiera con vinchas o con diademas de colores. Por ello, a Jeannie le parecía justo colocarlas todas en su cabello naranja, a pesar de las burlas de los empleados del almacén y los transeúntes en la estación del autobus.

Jeannie se marcha por fin, sacude sus zapatos y coge el maldito bolso amarillo. Dice que debe estudiar un asunto importante en la biblioteca de la Universidad de Miskatonik; por supuesto Marla no puede concebir tal desfachatez, no sólo porque dicha biblioteca sea en realidad una justificación insensata, sino porque a Jeannie el olor de los libros viejos le producen alergias. Sin embargo, y contra cualquier reclamo de última hora, ella se marcha, huye otra vez, y Marla no puede sino quedarse frente al pequeño espejo del estuche, mirando sus ojos sin lágrimas y escuchando el silencio que comienza a atraparla por los pies.


***

En la última página del diario dominical, bajo la sombra de unos abedules artificiales en Second Life, en la acera derruida de una calle de Bagdad, Marla espera con los tobillos cruzados. Lleva un par de minutos o un par de horas, el tiempo no es importante, pero las manos ya comienzan a sudarle y es incómodo entre tanta humedad que sofoca el ambiente. Diminutos insectos han decidido agobiar aún más sus piernas cansadas, no tiene repelente ni una manta con qué cubrir más allá de sus hombros desnudos. El día amenaza con aparecerse sin que haya alguna respuesta. En su cabeza, las ideas chocan entre sí como espíritus que vagan por este mundo. Piensa en cómo han sucedido las cosas, han pasado años, muchos años desde que la tuvo en sus brazos. Y le cuesta estar en donde está ahora. Haberse quedado así, con la impresión de que uno de estos día toda la red colapsará, como un vaticinio del demonio, y se llevará consigo todas las imágenes y las letras, no sólo las de Jeannie sino las de todas las personas que confiaron en ella. Ese día -piensa- no quedará nada, se tendrá que expectar el vacío, la gente se mirará al espejo y alguien dirá que hemos muerto -otra vez.

Si Marla pudiera verla por última vez, sería en una noche sin estrellas. ¿Sería esa noche acaso una noche perfecta?

lunes, 9 de enero de 2012

LOS LUNES DE SIGNOS: LA YEGUA DE ALBERTO MOYA.


Por René Batista Moreno. Publicado en "Signos 49", 2004

La yegua que está pa’ uno
no hay caballo que la «coja».
TORIBIO GARAÑÓN


Aquí se cuenta la historia de las familias Moya y Garañón (Hernández, si la llamamos por su verdadero apellido). La primera se jactaba de que sus yeguas eran invulnerables a los ataques sexuales de personas y animales, mientras la otra ejercía el bestialismo (1) de manera deportiva. Pero no fue hasta 1955 cuando dos descendientes de estas —Alberto y Juan— se vieron involucrados en una disputa que terminaría con el prestigio de que gozaron los Moya durante tantos años.

Yo vivía en la zona donde se produjo el encuentro, y conocí el lugar exacto. La familia Garañón radicaba en Aguas Negras, mientras los otros vivían en la zona del Pesquero. Conocí a Armando Pérez, joven de catorce o quince años por entonces, quien junto a sus amigos Burucha y Chacumbele promovió la disputa. Conocí al anciano Cheo Crica, muy amigo de mi abuelo, y también a Felino Torres, un fabulador con un estilo muy rico al contar historias. Felino decía haber conocido a estas familias desde hacía mucho, y narraba las andanzas de Toribio, Rodolfo y Tomás Garañón, los tres más grandes «cogedores» de yeguas de todos los tiempos, según él.

A Felino Torres y a Armando Pérez los entrevisté en junio de 1989. Felino murió poco después, y Armando aún vive. Lo que se cuenta aquí ocurrió en realidad, aunque los testimonios han sido enriquecidos por la imaginación y el humor de sus narradores.

ARMANDO PÉREZ
Alberto Moya tenía una yegua que no se dejaba arrimar a la gente. Pateaba, mordía. Sólo Alberto podía acercársele y montarla. Él se vanagloriaba de que a los Moya nunca les habían «cogido» una de sus yeguas, ni personas ni caballos: ellas nacían y morían vírgenes, ¡lo que se perdieron esas yeguas, pobrecitas!
Nosotros estábamos locos por «cogerla»; pero era muy peligroso. Aquí había unos cuantos profesionales, con muy buen «currículum», sin embargo no se atrevían. Una vez Daniel Moreno lo intentó, y la yegua le partió cuatro costillas. Los «cogedores» de aquí no podíamos hacer nada y nos sentíamos muy molestos. Pero un día, en una fiesta que se dio en El Mamey, hablé con Cheo Crica del tema. Él tenía cerca de noventa años y me dijo que conocía desde niño a la familia Moya, y que eso venía desde más atrás, que era una tradición, y me aconsejó que viera a Juan Garañón, en Aguas Negras, que Juan podía resolver el problema, aunque pensaba que ya se había retirado de esos menesteres.

(Monumento ecuestre a Martínez Campos quién abandonó la isla por la vergüenza de lo sucedido)

FELINO TORRES
La familia de los Garañones era terrible: los mejores «cogedores» de yeguas de todos los tiempos, con fama sobrada, reputación, inteligencia, eran muy creativos y valientes. ¡Qué valor tenían esos hombres! ¡Cómo sacrificaron sus vidas! Porque,¿qué mujer se iba a casar con un «cogedor» de yeguas? No tuvieron un hogar, no tuvieron hijos, ¡qué sacrificio, mi madre, qué sacrificio! Para ellos todas las yeguas eran vulnerables: no había barreras ni muros de contención. Bueno, mire, Toribio Garañón era capitán mambí, y tres días antes del Pacto del Zanjón, le templó la yegua al general Martínez Campos, ¡nada menos que al Capitán General de la Isla! Fue un triunfo sonado para las armas mambisas, porque Martínez Campos se sintió tan humillado que renunció a su cargo y se fue del país. Pero hay más: ocurrió una tarde, cuando la Guerra del 95, a Toribio lo agarraron coqueteando con la yegua de Valeriano Weyler, y este lo mandó a fusilar. Y se dio el caso, en el siglo XX de Tomás Garañón, El Demoledor. Ese viajó por toda Cuba «cogiendo» yeguas: estuvo en Baracoa invitado por Esther La Rusa (2), en Isla de Pinos, en San Juan y Martínez (Pinar del Río). Allí, para cerrar con broche de oro, le templó un mulo a Joaquín Correoso, un isleño de muy malas pulgas que vivía en el lugar. Pasó por La Habana, Matanzas,Camagüey... Fue una cruzada contra las yeguas vanidosas y engreídas que creían que nadie podía «cogerlas».

Pero dentro de los Garañones estaba Rodolfo Garañón, le decían «El Violento». Vivía en el Monte Cundiamor, en una cabaña. No trataba a la gente. Vivía en un ranchito de piso de tierra. Una vez lo vi y me escondí, porque metía miedo, tenía más de seis pies de estatura, unas botas que le llegaban más allá de las rodillas, un machete enorme, un cuchillo, un hacha. Fumaba una pipa de cañabrava y tenía puesto un sombrero roto y a la diabla. ¡Ah!, y tenía una barba muy espesa. Bueno, ese hombre, ¿qué hacía? Pues bien, era «cogedor» de yeguas salvajes, siempre estaba metido en las cayerías: en Cayo Romano, donde había alrededor, por aquellos tiempos, de tres mil y pico de yeguas salvajes; en los Ensenachos; en Cayo Francés; en Cayo Cruz; en Cayo Fragoso... Nunca «cogió» una yegua de la isla. En el año 1956 salió para Cayo Sal, una propiedad inglesa, y no regresó más, aunque se tejió la leyenda de que tenía una herrería en Londres.

Pero hay más de los Garañones, porque no sé si usted sabía que fueron criados con leche de yegua. Por eso ellos decían que las yeguas eran sus segundas madres. Y qué respetuosos eran con esos animales, ¡qué sentido del respeto, del honor! Un día a Julio Guayacón se le ocurrió decir en la tienda del Pesquero que todas las yeguas eran putas. ¡Y pa’ qué fue aquello! Tito Garañón, que lo oyó, le dio tres trompadas, lo sacó del lugar, lo llevó a donde estaba amarrada la yegua del negro Candela, lo hizo arrodillar, y le dijo: «¡Pide perdón, degenera’o, a esa yegua y a todas las yeguas de Las Villas!»

Sí, porque los Garañones eran regionalistas y pico, ¿qué les importaban a ellos las yeguas de otras provincias? Y Julio pidió perdón y dijo que estaba muy arrepentido. Pero, ¿qué pasó después?, bueno, que las yeguas se enteraron, no sé cómo ocurrió, pero se enteraron. Y entonces cuando pasaban cerca de Tito o Tito pasaba cerca de ellas, comenzaban a caminar con un trotecito y levantaban el rabo, y lo mantenían en alto y seguían con el trotecito. Y muchos decían que eso era señal de agradecimiento por lo que él había hecho: defender el honor de las yeguas.

ARMANDO PÉREZ
Fuimos a Aguas Negras. Llegamos a casa de Juan Garañón, y un anciano nos mandó a entrar. En las paredes del comedor había fotos de las yeguas más famosas del mundo, y reconocí a la del príncipe Alberto, la de Alfonso XII, la del emperador Mussolini, y la más famosa de todas: la yegua de Tom Mix. Preguntamos por Juan, y el viejito nos dijo que estaba en la arboleda.

Y sí, allí estaba, sentado bajo un dagame y fumando con una pipa. Era un hombre como de cincuenta años de edad, canoso, flaco, y se le veía fuerte.
Le contamos por qué fuimos a verlo, y quedó pensativo, dio dos chupadas a su pipa, y nos dijo:
—Esos Moyas son unos fatos; yo nunca les he hecho caso, pero parece que hay que darles una buena lección. Este es un encuentro que puede ser muy profesional, bueno, eso depende del grado de preparación que tenga la yegua, y lo voy a conocer desde aquí. Díganme de qué color es, cuál es su tamaño, cómo tiene el rabo, las crines, las ancas, dónde la amarran: en lugares llanos o de mucha vegetación, o si la esconden; si es de trote o de marcha, cuántas veces a la semana la bañan, y si hay un lugar elevado desde donde observarla.

(Waleriano Weyler ofendido usó el fusilamiento como escarmiento)

Le dije que era dorada, pequeña, de rabo y crines tusados, de ancas cortas y gordas, que la amarraban en el llano, que la bañaban tres veces a la semana, y que había una lomita, a unos cien metros, de donde se podía observar. Y nos dijo:

—Miren, muchachos, ustedes no conocen nada de esto. Ustedes son «cogedores» nuevos, con muy poca experiencia; pero esa yegua está muy bien preparada, y el terreno ha sido escogido para que todo el que se le acerque sea detectado. Miren: es dorada, es malo: cuando el sol le da, encandila la vista; bajita, es malo: pierdes el control sobre ella y te saca un par de patadas de donde menos lo esperas; las crines y el rabo tusados, es malo, malísimo: no tiene punto de agarre, no puedes sujetarte; ancas cortas y gordas: eso se prepara, se le amarra una cincha de guamá cuando es una potrica y con el tiempo se logran esos resultados. Tampoco hay donde agarrarla, donde sujetarse y eso obliga a «una cogida en el aire» y, para la edad que tengo, no sé si resulte. El baño es una manera de tratar de quitarle sus olores naturales, de que la yegua se te pierda en las noches, porque a veces un buen «cogedor», en las noches oscuras, tiene que trabajar con el olfato, a base de olfato nada más. Si es de trote, es fuerte, las de trote se resisten con más violencia... Esa yegua está muy bien preparada, no va a resultar fácil. Y yo le dije:
—Hay algo más.
Y me preguntó:
—¿Qué cosa?
Y yo le dije:
—Que todas las semanas Alberto Moya le afila los cascos con una lima. Pero hay más: la yegua tiene los cascos de canda’o y es patizamba cerrada. Entonces dijo:
—Ah, ¡ese cabrón de Alberto Moya! Voy a ir, coño, acepto el reto, vengan a la noche, a las nueve, voy a prepararme ahora mismo. Y no se lo digan a nadie, nadie puede saberlo, solo ustedes y yo.
Salimos de allí muy contentos, el corazón nos decía que ese hombre sí se la templaba, y había que apoyarlo en todo. Nos llegamos a la elevación y construimos un varaentierra para que pernoctara. Así lo apartábamos de los demás, cosa que él quería, y manteníamos el secreto. A las once de la noche llegó, con una maleta grande, acompañado de Burucha, quien había ido a buscarlo.
—¿Dónde está la yegua? —preguntó.
—Allá abajo —le respondí.
—Pues bien, vayan para sus casas, yo voy a descansar y a pensar mucho, porque si me descuido, no salgo vivo de esta. Ustedes no tienen conciencia de lo que está ocurriendo, muchachos, eso que está allá abajo no es una yegua: ¡Es un tanque de guerra con rabo!

Y se metió en el varaentierra. Por la mañana temprano lo visitamos. Estaba detrás de una piedra, y con unos anteojos de la Marina de Guerra de los Estados Unidos observaba a la yegua. A veces dejaba de mirar y hacía anotaciones en una libreta; otras tomaba un cronómetro, observaba con mucha atención y hacía nuevas anotaciones. Tomó, en una oportunidad, un puñado de tierra y lo lanzó al aire e hizo nuevas anotaciones.
—Mire —le dije—, le trajimos agua para que beba, chorizos, salchichones, latas de galletas, vino tinto, así no tendrá que cocinar nada y, todas las mañanas, le traeremos dos termos de café.
No me oyó, seguía observando a la yegua, y así lo dejamos.

Una mañana fuimos a llevarle el café y lo vimos acostado aún.
—¿Qué le pasa? —le pregunté.
Y me respondió:
—No, que el viento lo tengo a mis espaldas y eso tal vez me delate; ella puede percibir mis olores, y debo evitarlo. Esa yegua es muy astuta, muchachos, está bien entrenada, y ese cabrón de Alberto Moya la deja ahí todas las noches para provocar, porque él piensa que nadie puede «cogerla» y se acuesta a dormir confiado, tranquilo; pero él va a saber las gallinas pelás que lleva un saco, él va a saber. Fumó un poco de su pipa y, mirando al techo, nos dijo:
—Déjenme solo, mañana a las once de la noche, vengan, ya es hora de hacerlo.
Ha pasado una semana, el tiempo justo que dediqué a esta operación y no puede pasar un día más. ¡Ah!, y silencio, todo en secreto.
Nos vimos a esa hora. La noche era clara. Él estaba desnudo, había embadurnado su cuerpo con aceite (menos los pies y las manos) y tenía en su pecho un peto de yagua, como los que usan los quechers. Me dio un cartón con letras escritas y un pedazo de alambre para que lo llevara, y me dijo:
—No lo leas, no lo leas, y vamos.
Llevaba una soga en sus manos, corta, en forma de lazo, y nos advirtió:
—Si van a hablar tiene que ser muy bajito, fíjense bien en lo que van a ver, ustedes son testigos.
Menos mal que el viento es favorable.
Arrastrándonos, nos situamos a casi tres metros de la yegua y esperamos a que volviera grupa a nosotros.
—Cada cinco minutos levanta el rabo, mi observación no me falló, eso está cronometrado —nos dijo.
Yo me quedé perplejo y me acordé de Cheo Crica cuando me aseguró que Juan podía resolver el problema. La Luna se ocultó. Juan cerró los ojos y estuvo un rato callado. Cuando se puso de pie, tenía su miembro muy erecto, ¡qué poder de concentración! La yegua levantó el rabo. Corrió hacia ella con el lazo en la mano, dio un salto, clavó sus dedos pulgares e índices de los pies en las corvas del animal y la enlazó. La yegua fue sorprendida, tiró mordidas, patadas, trató de quitárselo de arriba, pero él se sostenía del lazo y de las corvas. La penetró y comenzó a moverse, se movía con mucha rapidez. La yegua dejó de resistirse, comenzó a mover sus ancas y lanzó un relincho.
—Es un relincho de satisfacción, muchachos —gritó, y comenzó a moverse con más rapidez aun.
—Ahora la estoy castigando, muchachos —dijo muy alegre.

La yegua dejó de moverse, él se afincó en sus corvas, saltó, y quedó montado en ella y le dio un paseo por el lugar del encuentro. Me pidió el cartelito, le puso el alambre y lo colgó del cuello del animal. Lo felicitamos, quisimos darle un abrazo; pero era mucho el aceite que llevaba en el cuerpo. Fuimos hasta el arroyo, se limpió con un trapo y luego se bañó. Después volvimos al varaentierra donde recogió su maleta, montó en su caballo, y nos dijo:
—Si alguien pregunta lo que pasó esta noche, ustedes le dicen que sufrí varias patadas, que la yegua por poco me mata, y que desistí, que no lo logré, y así no van a buscarme más. Esta es la última vez que hago esto, muchachos. Y se fue. Por la mañana, cuando Alberto fue a buscar su yegua, y vio el lazo y el cartel que le pendía del pescuezo, y lo revolcado que estaba el terreno, se horrorizó, y más aun cuando leyó:

ALBERTO, ¡QUÉ TEMPLÁ LE DI A TU YEGUA!
Y LA MONTÉ TAMBIÉN.
EL GARAÑÓN

La tradición de los Moya, que venía desde mediados del siglo XIX, se había roto y, como Martínez Campos, Alberto se sintió tan humillado que abandonó la zona, sin que hasta hoy se sepa de él. «¡Ni una yegua más, coño!», dijo el Viejo Pepe Moya, y desde entonces en su familia comenzaron a criar caballos.

(1) Relación sexual de personas con animales.

(2) Magdalena Menasset Robascalla, Esther la Rusa. En 1954 se radicó en Baracoa, donde construyó el hotel Miramar.
Allí se hospedó —entre otras personalidades— Alejo Carpentier. Tras la muerte de esta célebre señora (5 de septiembre
de 1978) el inmueble se empezó a conocer como Hotel «La Rusa».

viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 29.- En la sala B


Ana Rosa Valdéz

Tu cuerpo te traiciona, colapsa. Tú colapsas. Ya nada resiste. Una hoja se agita en el viento. Gritas en la oscuridad de tu cuarto un nombre innombrable. Te sientes ajeno en la proximidad de otros. Alguien te cuida, su ternura podría conmoverte pero el pulmón derecho te lastima. Parece que te ahogas, tu cuerpo se rinde. Lágrimas que ruegan en el asfalto. La lluvia se niega a tocar tus heridas. El asco. La náuseas. Las ganas de quitarte todos esos cables que te unen a las máquinas de supervivencia. Quieres un poco de agua, sólo un poco, lo suficiente como para que no se resequen tus labios. La piel áspera, los ojos húmedos y muy abiertos, esperando que el reloj avance, pero nada, las horas transcurren despacio. Nuevamente tienes ganas de gritar en la oscuridad del cuarto, pero hay mucha gente que grita más fuerte que tú. Seguro que no te escucharán y habrás gastado un poco de la energía que aún te sostiene. Amanece. Pero pronto cae noche. La luz del día no tarda en reaparecer, pero otra vez las nubes grises cubren el cielo. La noche. El día. La noche. Las jeringas, los sueros, las vitaminas, los minerales. Qué simple. Todo tan a la mano, en las frutas, en las verduras, en el vaso de leche que hoy te niegan. Todos deciden menos tú. Todos tienen algo que decir, pero lo que tú dices carece de sentido. Es de día, pero la fluorescente es más intensa. Y lastima tus ojos.

jueves, 5 de enero de 2012

CINEMA NOIR: "DRIVE" UN NUEVO CLÁSICO.


Anoche casi por accidente vi esta película que desconocía y que llevó a su director Nicolas Widing Refn a ganar la Palma de Oro de Cannes como mejor director.
Se trata de una obra que logra unir el más puro arte y ensayo con el serie B y los filmes de acción de los años 70. "Drive" es una cinta potente, violentamente bella, los primeros seis minutos de película son maestros, un arranque como pocos en el cine, “Drive” es a su vez una análisis de la soledad y la incomunicación, un filme vivo y necesario.


Drive es una película dramática y thriller Neo-noir estrenado el 16 de septiembre de 2011 en Estados Unidos y cuyo estreno previsto en España es para el 28 de diciembre del mismo año. Protagonizada por Ryan Gosling y Carey Mulligan. Dirigida por Nicolas Winding Refn. Basada en el libro de título homónimo escrito por James Sallis en 2005. Nicolas Winding Refn ganó como mejor director en el Festival de Cine de Cannes, Francia, en 2011.
Se empezó a rodar el 25 de septiembre de 2010. Se filmó íntegramente en la ciudad de Los Ángeles, California, Estados Unidos. Hugh Jackman fue el primer actor vinculado al proyecto para el personaje principal. Neil Marshall fue sustituido por Nicolas Winding Refn en las tareas de dirección; asimismo este último contrató a Ryan Gosling para protagonizar la película. Como preparación para su interpretación Ryan Gosling restauró el Chevy Malibu de 1973 que utiliza su personaje en el film.
Inicialmente la pareja de Standard e Irene era hispánica, hasta que Carey Mulligan formó parte del reparto. Ron Perlman consiguió el personaje de Nino al decirle al director que "quería interpretar a un judío que quería ser un gangster italiano porque era eso lo que él es, un judío de Nueva York". Jacinda Barrett realizó una audición para dar vida a Blanche, finalmente la actriz contratada fue Christina Hendricks.
Según la página de Internet Rotten Tomatoes obtuvo un 93% de comentarios positivos, llegando a la siguiente conclusión: "una mezcla súper estilizada de imágenes impactantes y violencia, Drive representa plenamente una película de acción de arte y ensayo". Peter Travers le otorgó cuatro estrellas y la nombró "la mejor película del año", expresando: "abrochense el cinturón para el baño de sangre existencial de Drive, una brillante obra artesanal que corre en la pista de serie B hasta que cambia a la gasolina vertiginosa de la creatividad pura. Maldita sea, es buena". Scott Tobias de The A.V. Club, expresó: "es poco más que un ejercicio de estilo, pero es deslumbrante y mítico, un testamento fundamental de los coches rápidos, los hombres peligrosos, y de la tensión que aprieta como una mano en la garganta".
Por su parte, Roger Ebert escribió "he aquí otra muestra del viejo principio del noir en Hollywood que dice que una película vive no a través del héroe, sino de sus sombras". Luis Martínez señaló para El Mundo que la película era "brutal y voraz. (...) Refn no se limita a copiar un modelo, sino que intenta poner en pie lo que queda de un recuerdo cuando se olvida". Según la página de Internet Metacritic obtuvo críticas positivas, con un 79%, basado en 40 comentarios de los cuales 35 son positivos. A.O Scott de The New York Times por otro lado, disintió con la película diciendo: "Drive es sombría, crispada y honesta, pero también prisionera de su propio vacío, sustituyendo la atmósfera por las emociones, y un estilo prestado por verdadero atrevimiento".
Albert Brooks fue galardonado con el premio al Mejor actor de reparto otorgado por la New York Film Critics Circle Awards. Carey Mulligan fue premiada en el Hollywood Film Festival como «mejor actriz de reparto» del año. Fue candidata como «mejor película» en el National Board of Review. Es candidata en la Broadcast Film Critics Association en ocho categorías, «mejor película», «mejor director» (Winding Refn), «mejor actor» (Gosling), «mejor actor de reparto» (Brooks), «mejor película de acción», «mejor montaje», «mejor fotografía» y «mejor banda sonora».

Notas tomadas de Wikipedia sobre la película.

miércoles, 4 de enero de 2012

PARK CHAN-WOOK. “UN GENIO SUELTO”.


Magdiel Aspillaga.

No recuerdo exactamente cuando fue que vi por primera vez el trabajo del cineasta de Corea del Sur, Park Chan-Wook. Su nombre me llegaba a través de catálogos, algunas reviews y la novedosa semblanza de que el cine de Corea del Sur se estaba convirtiendo en uno de los mejores del mundo. Comenzaba a descubrir el cine asiático y a fascinarme cada vez más con él: los chinos Zhan Yimou y Chen Keige, el cine japonés de horror y su maestro contemporáneo Takashi Miike, el hongkones Wong Kar Wai, los hermanos Pham y otros muchos. Primero de Corea del Sur conocí “Tale of two sisters” de Jee-Woon Kim y después las películas de Kim Ki-Duk, solo me faltaba el protagonista de este texto.
No fue hasta algunos años mas tarde que compré su más famosa película: “Old boy”, la primera cinta de su famosa “Trilogía de la venganza”. En lo particular me fascinan demasiado algunas trilogías y otras que yo mismo suelo agrupar como: La trilogía de la vida de Pasolini, “Azul”, “Blanco” y “Rojo” de Kieślowski; “La aventura”, “El eclipse” y “La noche” de Antonioni; “Elephant”, “Last days” y “Gerry” de Gus Van Sant; “Stalker”, “Nostalgia” y “Sacrificio” de Tarkovski.
La Trilogía de la venganza de Park Chan-Wook se constituye de las cintas: “Old boy”, “Lady vengeance” y “Sympathy for vengeance” (mi preferida). Como indica su nombre la venganza es el tema central de estos filmes donde el cineasta transita por el amor, la culpa, la redención, el cuestionamiento de la relaciones humanas. El cine de Park Chan-Wook es genialmente “extremo”, extremo en violencia, en pasión, en entrega y lucha individual de sus personajes que por lo general están atormentados por conflictos que surgen de sus ideas morales, la moral y los preceptos del ser humano contemporáneo. Son filmes sensuales, sangrientos. La venganza en esta trilogía no abarca la sencillez argumental a lo Charles Bronson de un protagónico que trata de vengar el daño causado por el mal, la venganza ahora viene de la propia venganza, viene de la redención que se convierte en otra a su vez como serpiente nefasta que se muerde la cola.
Graduado del departamento de Filosofía de la Universidad de Sogang, decidió saltar a la realización cinematográfica (según cuenta el cineasta) después de ver “Vértigo”, por lo que no es raro que su cine esté marcado por un fino humor con fuertes influencias de Hitchcock y del también incomodo Polanski. Park Chank Wook absorbió a los maestros genialmente convirtiendo su cine en una obra llena de referencias y citas y a su vez totalmente original, posmoderna, contemporáneo, arte sin tabúes, sus filmes son piezas que se convierten en clásicos instantáneamente. Su “Thirst ”, a mí gusto es la mejor película de vampiros que se haya realizado jamás. Se unen en ella lo mismo el “Drácula” de Copolla, el “Nosferatus” de Morneau, “El Baile de los vampiros” de Polanski que las cintas de John Carpenter.
Este texto surgió cuando vi una de sus primeras cintas “Joint security area”. La película cuenta la historia de dos grupos de soldados de ambas coreas en la zona fronteriza que divide el norte del sur y como contrarios a lo establecido ambos grupos hacen amistad en lo que realizan peligrosos encuentros que terminan en una sangrienta tragedia. Es interesante el contraste entre el norte y el sur a todos los niveles pero si se quiere valorar la libertad política y avance de pensamiento de un país sola hay que mirar su cine, mirando el casi inexistente cine de Corea del Norte y el excelente de la Corea del sur podemos ejemplificar esta idea. “Joint security area”, no es exactamente una película política ni sobre el conflicto de las dos naciones o de una nación separada por las ideologías políticas, pienso es un filme sobre la amistad, la tolerancia y lo absurdo por momentos del odio como aberración del ser humano, una película bella, de una belleza descarnada, de un lirismo agresivo y genial como el de su creador.
No explico las razones por las que considero genial a Park Chan Wook solo mi criterio personal y mi gusto, pero reitero la recomendación de ver su cine por lo sublime y enigmático del mismo, un creador real y coherente de una país que por momentos se me hace lejano y otros demasiado presente cercano, sensitivamente próximo.

La cinta “Three extremes” es un largometraje compuesto de tres cuentos, el primero del hongkones Fruit Chang, el segundo de Park Chan-Wook y el tercero de Takashi Miike. Excelente festín de violencia, drama, humor y cine del mejor.

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