lunes, 27 de diciembre de 2010

EL LADO EMPALAGOSO DEL CORAZON.


Por: Rubens Riol Hernández

Eliseo Subiela moviliza en sus películas recursos expresivos provenientes de diversas disciplinas artísticas, convocados con el ánimo de levantar un discurso poético, que al mismo tiempo pretende conmover y ser entendido como cine de arte (aspiración trunca, resultado cuestionable), si tenemos en cuenta que el simple palimsesto de referencias a pasajes reconocibles de la literatura o la poesía -dichos de manera delirante y cada cinco minutos- más que provocar la sugestión puede quedarse en un tímido amago de intenciones surrealizantes, que buscan la complicación de situaciones cotidianas (ejercicio estéril, euforia del símbolo que empalaga y redunda), sin más resultados que la obvia ridiculez que entraña el hecho de recitar poemas hasta el hartazgo. En El lado oscuro del corazón, Subiela apuesta, sin lugar a dudas, por la cursilería (exagerada, frondosa, impertinente), donde confluyen la música de la banda sonora protagonizada en mayor parte por las canciones de Fito Paez, poesía de Mario Benedetti como “Táctica y estrategia” -por sólo citar una de las más conocidas- entremezclada con los lugares más espesos de la cotidianidad artística argentina (motivos sexuales como vaginas, penes, nalgas y testículos escultóricos). Lo positivo de semejante promiscuidad de manifestaciones artísticas es el hecho de que resumen lo mejor de la cultura argentina en un sólo texto; su limitación está en la convivencia premeditada y barroca, pretenciosa y obstinada, que simplifica esencias y nociones. Pero lo que sí es innegable de esta propuesta fílmica es su voluntad francamente postmoderna de articular el discurso desde el homenaje, la cita, a veces con cierto tinte de humor y con el valor agregado que mencionaba antes. Algo muy inteligente en este sentido escribió Roland Barthes cuando reveló que “el intertexto no abarca solamente textos escogidos con delicadeza, amados en secreto, libres, discretos, generosos, sino también textos comunes, triunfantes”. Ese es el mayor acierto del filme con las claras manquedades que entraña esta misma condición.
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No quiero decir que la poesía de Benedetti y la música de Fito sean cursis, sino que la ridiculez y el mal gusto está en querer presentar todo eso de conjunto, (sin límites) y para un fin tan poco justificado como la ostentación.

sábado, 25 de diciembre de 2010

OFICINA: "LA IGLESIA, LOS PENES Y LAS VAGINAS".


PIER PAOLO PASOLINI.

La Iglesia sólo puede ser reaccionaria; la Iglesia sólo puede estar de parte del poder; la Iglesia sólo puede aceptar las reglas autoritarias y formales de la convivencia; la Iglesia sólo puede aprobar las sociedades jerárquicas en que la clase dominante garantice el orden; la Iglesia sólo puede detestar cualquier forma de pensamiento aunque sólo sea tímidamente libre; la Iglesia sólo puede estar en contra de cualquier innovación antirrepresiva (esto no significa que no pueda aceptar formas, programadas desde arriba, de tolerancia: practicada en realidad, desde hace siglos, no ideológicamente, según los dictámenes de una «Caridad» disociada -repito, no ideológicamente- de la Fe); la Iglesia sólo puede actuar completamente al margen de las enseñanzas del Evangelio; la Iglesia sólo puede tomar decisiones prácticas mencionando sólo formalmente el nombre de Dios, e incluso alguna vez olvidándose de hacerlo; la Iglesia sólo puede imponer verbalmente la Esperanza porque su experiencia sobre los hechos humanos le impide alimentar ninguna especie de esperanza; la Iglesia sólo puede (para llegar a temas de actualidad) considerar eternamente válido y como un paradigma su concordato con el fascismo. Todo esto se ve muy claro a través de unas veinte sentencias «típicas» de la Sacra Rota, tomadas de los 55 volúmenes de las Sacrae Romanae Rotae Decisiones, publicados por la Librería Políglota Vaticana desde 1912 hasta 1972.
No había necesidad de leer este florilegio para saber todo lo que antes he enumerado de forma sumaria. Pero sin embargo las confirmaciones concretas -en este caso la «vivacidad » involuntaria de los documentos- refuerzan las viejas convicciones tendentes a la inercia. Más que como lectura literaria estas «sentencias» presentan notables elementos objetivos de interés (como observa Giorgio Zampa que ha hecho el prefacio del volumen). Aluden con la violencia de la objetividad -o sea de la referencia a la matriz común- a toda una serie de situaciones novelescas:
Balzac («Emilio Raulier había decidido asociarse a un tal José Zwingesteiln, pero no tenía el capital preciso para ello...», «Si papá Planchut me diera la cantidad...»), Bernanos, o Piovene (Frida... se quedó huérfana de padre y madre siendo aún una niña y fue enviada a casa del abuelo, que le hacía de padre, quien la mandó al colegio de N. N. en donde estuvo hasta los quince años...»), Sologub (»Al ser muy rica, en cuanto pasó de la pubertad, muchos pidieron su mano al abuelo, entre los que se contaban algunos de rancia y noble familia...»), Pushkin (Los campesinos contemplaron boquiabiertos la pompa nocturna de la boda celebrada en la capilla privada de la finca, entre María y el subteniente Miguel en la medianoche del 8 de junio de 19...»), Pirandello, Brancati y Sciascia (Fascinada por la apariencia de Giovanni, joven de veintiocho años, católica y piadosamente educado, Renata, que tenía ocho años menos que él y que había sido criada según principios y costumbres liberales, se prendó de él..., «así que ella contrajo matrimonio para satisfacer su libido, y no pudiendo obrar de otra manera ya que él al menos desde el punto de vista formal era católico y practicante»).
Confieso que me he leído este libro como novelista o quizá como director de cine. La casuística es tal que desde luego no se encuentra cada día. Pero me he quedado escandalizado (en una lectura tan profesional) de ver cómo aparece la Iglesia a través de este libro. Por primera vez se revela incluso formalmente desvinculada de las enseñanzas del Evangelio. Ya no digo una página, es que ni una línea, ni una sola palabra recuerda, en todo el libro, aunque sea a través de una cita retórica o edificante, al Evangelio. Cristo no interviene para nada, es letra muerta. Sí, se nombra a Dios, es verdad; pero sólo a través de alguna fórmula (teniendo ante los ojos sólo a Dios, invocado el nombre de Cristo»), o poco más, pero siempre con inerte solemnidad litúrgica que no diferencia en nada estas «sentencias» de cualquier texto sacerdotal faraónico o suras coránicas. La referencia es sencillamente autoritaria y nominal. Dios no penetra nunca en el meollo de los razonamientos que hacen que los «auditores» anulen o confirmen un matrimonio, y por tanto tampoco en el juicio pronunciado sobre el hombre o la mujer que piden el «divorcio y de la muchedumbre de testigos y de parientes que representan su vida social y familiar. Lo que los jueces emplean es el código, ya está bien. Esto se puede justificar por el hecho de que el código es específico y especializado. Pero ese código nunca es leído ni aplicado cristianamente: lo que cuentan en él son sus normas, y se trata de normas puramente prácticas, que traducen en términos de sentido único conceptos irreductibles como, por ejemplo, «sacramento».
La llaneza lógica que se deriva es digna de los peores tribunales borbónicos (si se quita a los foros meridionales la pasión hirviente y el amor por el derecho aunque sólo sea formal). El horroroso tono gris eclesiástico carece tétricamente aún más de toda clase de «calor humano» que el borbónico. Los hombres, a los ojos de los jueces de la Sacra Rota, aparecen totalmente privados no sólo de toda inclinación al bien sino, lo que es peor, de toda vitalidad para cumplir el mal (o el no-bien). Conocidos desde siempre por sus debilidades, no presentan ninguna novedad. Su desesperado deseo de conseguir de la vida lo poco que pueden, quizá incluso a través de mentiras, hipocresías, cálculos, reservas mentales, etc. (todo ese instrumental que al fin y al cabo hace a los hombres hermanos) a los ojos de la Sacra Rota no merecen ser materia ni de meditación, ni de conmoción, ni de indignación. Los únicos acentos de indignación en todas estas sentencias son de carácter ideológico; es decir, que tienen como blanco la cultura laica y liberal y, naturalmente, y lo que es aún peor, la cultura socialista. Contra el fascismo se pronuncian palabras de condena, pero se trata de la condena objetiva que se pronuncia indiferentemente contra todas las debilidades humanas y los pecados. Fascismo y debilidades humanas forman parte, indistintamente, de una realidad, fundada sobre poderes instituidos, que parece ser la única que reconoce la Iglesia. Por otra parte estos jueces tampoco se dejan llevar nunca por arranques de simpatía o de aprobación. Los únicos casos, también en este sentido, son puramente formales. Se considera por ejemplo con simpatía y se aprueba a las personas que, socialmente, son consideradas como «católicas y observantes». Sobre este punto los jueces de la Sacra Rota no tienen recato: están dispuestos a cualquier disociación y a cualquier contradicción removiendo cualquier posibilidad de casuística jesuita (que parece su modelo lógico principal). Por ejemplo, una chica es impotente a causa de una contracción vaginal de carácter histérico. Esto los jueces lo saben: ¡y lo tienen en cuenta! Pero ni por un momento se les ocurre remotamente relacionar esa monstruosa forma de histerismo con la educación rígidamente católica que ha recibido esa chica en un colegio de monjas -por lo que habían tenido palabras de indiscutible elogio-. Por otra parte en una causa de nulidad matrimonial debida a la impotencia, esta vez, del cónyuge, no le escatiman a aquel pobre desgraciado ninguna de las más atroces condenas con que se marca, se margina, se lincha a un impotente, cuando dicha impotencia se debe a la homosexualidad. Parecen simplemente dispuestos a entregarlo a manos de un verdugo para que lo encierre en un lager, en espera de eliminarlo en algún horno crematorio o en alguna cámara de gas.
No se ha profundizado por su parte si por casualidad también él había estudiado en un colegio de curas (con la consiguiente represión sexual), no se han planteado si a lo mejor su tentativa de matrimonio tenía como finalidad mendigar un título de honorabilidad o de normalidad con la vecindad o quizá incluso la búsqueda ilusoria de una situación materna.
Tampoco se han planteado si se había casado por interés, por miserable cálculo (cubrirse la espalda haciéndose mantener, el pobre): no. Lo único que les ha interesado a los jueces es el puro y simple dato de su indignidad social: la maldición que lo coloca fuera de aquella realidad donde las debilidades humanas, los pecados y el fascismo encuentran una posibilidad objetiva de existir. Pero lo que más impresiona (escandaliza) al leer estas sacras sentencias, es la degeneración de la Caridad. He dicho que los que dictan estos textos nunca se refieren, sinceramente, a Dios y a sus razones: la Fe y la Esperanza tienen cabida sólo como fundamentos de reglas: fundamentos a los que no se acude nunca, confiriendo a las autoridades -es decir a santo Tomás o a alguna lumbrera de derecho canónico desconocida por nosotros- la responsabilidad normativa del hecho. En cuanto a la relación entre la Fe y la Esperanza y los códigos que se han creado (en este caso, los códigos que regulan las anulaciones matrimoniales, y que por tanto definen el matrimonio), los jueces no entran nunca en materia. Es cíerto que el plano puramente práctico en que actúan les podría permitir una justificación a este respecto: pero si en dicho plano práctico pueden ignorar la Fe y la Esperanza, lo que no pueden ignorar es la Caridad.
Y eso es lo horrible. La Caridad, que es el más elevado de los sentimientos evangélicos, y el único autónomo (puede haber Caridad sin Fe y Esperanza, pero sin Caridad, la Fe y la Esperanza pueden ser hasta monstruosas), queda degradada aquí a mera medida pragmática, de un qualunquismo y de un cinismo que resultan escandalosos. Parece como si la Caridad sólo sirviera para descubrir a los hombres en su más escuálida y atroz desnudez de criaturas: sin perdonarlos ni comprenderlos después de haberlos descubierto tan cruelmente. El pesimismo hacia el hombre terrenal es demasiado total como para consentir el ímpetu del perdón y de la comprensión. Arroja una confusa luz plúmbea sobre todo. Y no veo nada menos religioso y más repugnante que esto.



* 20 sentencias de La Sacra Rota, a cargo de Stelio Raiteri, con prólogo de Giorgio Zampa, Giorgio Borletti Editore. 1974.

«Tempo», 1 de marzo de 1974
(Tomado de www.pasolini.net. Palabra de Corsario)

sábado, 13 de noviembre de 2010

DIRECTORES DE “VIDEOCASSETE”.


Magdiel Aspillaga

Hoy me levante pensando en la secuencia inicial de “Magnolia” el filme de Paul Thomas Anderson. La aparente inconexion de historias y vidas que transcurren junto a la tuya y que por alguna razon u otra van a encontrarse, chocar o simplemente seguir de largo, un extraño y raro sentimiento, como una especie de angustia sobre el infinito universo de todos los conflictos que yacen junto a ti y que estan sucediendo paralelos. Creo que Paul Thomas Anderson “dio en el clavo” con esta secuencia, y no solo se trata de calidad cinematografica, razon filosofica sobre: quienes somos? de donde venimos? y a hacia donde vamos? sino sobre la energia vital que desprende esta secuencia. Me gusta empezar el dia asi.

Alguien definio que PT Anderson pertenecia a los llamados “Directores de videocassete”, junto a otro igual de importante como Tarantino. Citas, refencias, tomar de aquí o de alla, reciclar lo ya hecho, aunque yo incluiria otros muchos y no necesariamente y solamente norteamericanos. Estos directores crecieron viendo peliculas en video, el video se convirtio en algo mas accesible y facil a la hora de consumir cine, el saber y conocimiento “cinefilo” de los mismos es de enciclopedia, vision que traducen a sus peliculas.

El refrito, como algunos tambien lo llaman, el reciclaje o simplemente el tomar de lo ya hecho es algo que en la actualidad avanza con total licencia para alegria de muchos que como yo simpatizan con esto. Como preguntarse hoy en dia donde esta la verdadera creatividad, lo verdaderamente nuevo en el mundo de la creacion, no son acaso el reciclaje, la cita y la referencia un reflejo del lenguaje actual no solo en cine sino en el arte en general, quizas las artes plasticas como siempre a la cabeza del lenguaje creativo son mucho mas osadas y abiertas al respecto, todavia hay quien asegura que el remake del “Psycho” de Hitchcock realizado por Gus Van Sant es una obra totalmente innecesaria, cosa con la cual discrepo por completo, Gus Van Sant realiza este remake plano a plano identico al original, solo varia la iluminacion y el cast interpretado por Anne Heche y Julian Moore. Gus Van Sant copia al calco, rehaciendo la obra maestra, realizando con esto una operación de lenguaje y de recolocacion cinematografica, yo me atreveria a decir que casi unica en el universo cinematografico contemporaneo, ya otro maestro habia filmado un personal remake casualmente casi idem al original, se trata del “Nosferatus” realizado por Werner Herzog en el año 1979 con Klaus Kinski de protagonista e inspirado en el clasico de Murneau, obra cumbre del cine expresionista aleman. Y dice Van Sant un poco a raiz de las fuertes criticas sobre su remake:
"Yo no copié, hice arte con mi talento. Fotografié y pincelé los movimientos. Plasmé las imágenes y realicé una obra de ensayo...”
El propio Hitchcock se copio a si mismo en “The man who knew too much” y mucho tiempo despues el iconoclasta belga Michael Haneke realizaria un remake de su propio “Funny games” en version norteamericana, igual sucederia con Hideo Nakata y su “Ring II” norteamericano, casualmente los remakes de ambos autores tendrian a la bella Naomi Wats como protagonista.




Otro director de citas y referencias al cine es Martin Scorsese, Joe Pesci disparando a camara en “Goodfellas” es un gran e inteligente homenaje al vaquero del “Gran asalto al tren”, aquella primera pelicula silente de Edward S Porter donde por primera vez los nacientes espectadores se asustaban ante alquien que les estuviera disparando, o las transiciones cerradas en circulos que suceden una y otra vez en su "Edad de la inocencia" al estilo de los filmes silentes de inicios del cine. “Shutter island” es quizas su mas reciente homenaje al cine negro y de horror de los años cuarenta (La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls, 1932) de Erle C. Kenton y El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932) de Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel) y por supuesto del Hitchcock de “Vertigo”. Scorsese realizo tambien en 1991 un remake de la cinta de 1962 “Cape Fear” con Robert Mitchum, protagonizado por Robert de Niro.

Durante mucho tiempo fui un seguidor ferviente de Peter Greenaway y sus maximas sobre el cine, creo que todo realizador ha tenido un periodo Greenaway, aun hoy sigo admirando sus peliculas y atento a sus statements, decia Greenaway que el cine que realiza hoy en dia Scorsese es igual al que realizara D. W Grifith, y con este hipotetico ejemplo trataba de demostrar lo atrasado del cine con respecto a otras manifestaciones artisticas. Creo que Greenaway esta inmerso en una especie de renovacion moderna del arte cuando el cine quizas precisamente por ser el arte mas joven ha entendido que no se trata de innovar a toda hora sino de asumir una logica narrativa (y no me estoy refiriendo a la narracion literal sino al lenguaje) y que el reciclaje, la cita y la comprension de su propia esencia como arte es lo que determina a la hora de la creacion y el consumo de dicho lenguaje.


Volviendo a los directores de videocassetes, Anderson y Tarantino realizan un cine, donde cada filme esta plagado de motivos y citas especificas, realizadores que trabajan el cine dentro del cine, donde el disfrute de cada uno de sus trabajos por encima del factor sorpresa, lo original o no que sean, o lo “novedoso” que estan aportando al arte (siempre hay algo que aportar en materia de arte según la critica) se trata de el cine como esencia, como lenguaje, como historiadores y al final directores de cine donde la historia es determinante. (There will be blood, Inglourious basterds).

Tempranas cintas como “Reservois Dogs” o “Boogies nights” son sendos refritos del cine de los 70, y de las subculturas, el universo del porno y el mundo de la pornografia en San Fernando como muestra el filme de Anderson, y el universo de los gansters y las publicaciones “baratas” de historias de atracos y violencia en el caso de Tarantino, ambos crean una aproximacion a la cultura popular desde una optica enciclopedica. En Tarantino hay notables influencias en este cine inicial de John Woo, Akira Kurosawa, Sergio Leone y Sam Peckimpack. En Anderson estan Robert Altman, John Cassavettes, y el propio Scorsese. Pero sobretodo en ambos yace esa fuerza de quien ama al cine, del cinefilo que por sobretodas las cosas ansia jugar y homenajear, hacer cine con el mayor respeto posible, de quien lo idolatra.

Si entendemos el nuevo dia como una sucesion de tiempos, acciones, y sobretodo personas que deambulan complices muchas veces de conflictos semejantes entonces cabe perfectamente esa frase de que no hay nada nuevo entre cielo y tierra, asumir las referencias, y olvidar un poco lo nuevo por lo nuevo nos hace en medio de este "original" mundo que nos ha tocado vivir, mas sobre todas las cosas sinceros, y esas cosas suceden, lo creamos o no.



FINALMUSIK


NARRACION DE VICTOR BASELLS EN "HUESOS DE SEPIA".

domingo, 7 de noviembre de 2010

"FLORES NO ME PONGAN"

Spot de presentación para la obra de teatro "Flores no me pongan", de Rita Martin por Akuara Teatro, bajo la dirección de Yvonne López Arenal.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA HUELLA DE UNA SONRISA


De Julie De Grandy

Uno de mis sueños desde muy pequeña fue conocer París. Sentía una poderosa atracción hacia esa ciudad, y deseaba aprender a hablar francés. Tanto así que solía repetir de corrido ante el espejo la cadena de palabras en francés que me sabía la cual constaban de varios saludos, pedacitos de canciones y el nombre en francés de algunos perfumes.

No fue hasta la edad de 28 años en que finalmente pude conocer la ciudad con que tanto había soñado. Para aquel entonces, no sólo hablaba el idioma con sorprendente maestría, sino que me sabía de memoria el mapa de París y la historia de todos sus rincones y monumentos.

A partir de aquella primera vez, tuve la suerte de poder regresar a París muchas veces más. Fui descubriendo un París más bello y sensual de lo que yo me había imaginado durante los años de mi niñez y mi adolescencia en América. Y, lejos de aburrirme, París iba creciendo para mí en encanto, en seducción y en magia.

En un viaje llevé a mi madre a conocer Paris. Deseaba enseñarle paso a paso mi ciudad favorita, narrándole personalmente su historia con el fin de hacerle sentir la emoción que yo allí sentía.

Desde la llegada al aeropuerto de Orly, me convertí en su guía y su intérprete. Planeamos el recorrido turístico de cada uno de los días y noches que iba a permanecer en la ciudad. Caminamos por las majestuosas avenidas, visitamos los museos, los restaurantes famosos, las boutiques de exquisita moda, los cementerios donde yacen enterrados tantos personajes famosos de la historia. Paseamos en barco por el Sena, visitamos las legendarias iglesias y catedrales, presenciamos los espectáculos nocturnos de los míticos cabarets y admirábamos desde todos los rincones de la ciudad la eterna presencia de la orgullosa torre de hierro, símbolo de la
ciudad.

Pero no fue hasta uno de los últimos días de su estancia en París que decidí llevarla a subir hasta lo más alto de la Torre Eiffel para disfrutar de la vista panorámica y mostrarle desde allí arriba la ciudad en su máximo esplendor.

Era una mañana otoñal y apenas se terminaba de disipar la bruma. Hacía frío y ambas andábamos del brazo cobijadas por largos abrigos, botas y pañuelos de lana y seda que nos protegían el cuello. Cuando iniciamos el recorrido de la larga pasarela del Campo de Marte que culmina a los pies de la torre, a lo lejos veía a unos niños jugueteando alegremente alrededor de una de la fila de bancos que flanquean el campo. Según nos acercábamos a ellos, e inmersa en conversación con mamá, me percaté que aquellos niños nos miraban y señalaban con picardía. Observé como uno de ellos se separaba del grupo y caminaba hacia nosotras con una hoja blanca de papel en la mano.

Al encontrarnos frente a frente, el niño se detuvo y con voz temblorosa, llena de dulzura y de vergüenza, me habló en francés:

- Madame, mis amigos han hecho una apuesta conmigo. Me apostaron a que yo no era capaz de conseguir la huella de una sonrisa.

Le miré un tanto sorprendida y esperé que continuara su relato. Pero él no dijo nada más. Sus ojitos - llenos de inocencia y súplica - se clavaron en los míos. Con timidez levantó la mano que sostenía la hoja blanca de papel y me la extendió.

En la distancia veía al grupo de sus amigos observándonos con morbosa curiosidad y risa traviesa. Miré a la angelical criatura de pie ante mí, que no tendría más de unos ocho añitos de edad, y sentí que mis labios, pintados de carmín, involuntariamente esbozaban una tierna sonrisa. Entonces, tomé el papel de su mano, lo acerqué a mis labios y grabé sobre él la huella de mi sonrisa.

Al devolverle la hoja, el niño quedó mudo. Hizo un pequeño gesto de agradecimiento con la cabeza y arrancó a correr con entusiasmo mientras gritaba algo a sus amigos y sacudía en el aire aquella frágil hoja de papel.

Me mantuve en silencio unos instantes observándole partir. Interrumpió mi silencio la voz de mi madre que preguntaba qué me había dicho aquel niño. Me volví hacía ella y la tomé del brazo. Iniciamos nuevamente nuestra marcha en lo que yo le relataba lo sucedido.

Aquel momento se grabó para siempre en mi recuerdo. Miré a mi alrededor y percibí como París se había abrigado con una luz diferente. Una luz aún más bella que cualquiera que antes hubiese visto. Subimos por el elevador de la Torre Eiffel hasta su cúspide. Y desde aquellos balcones de hierro, vi París por primera vez.

Regresé a la Ciudad de las Luces muchas veces más. Y en mis paseos por sus calles o sentada en las mesitas de sus legendarios cafés, siempre he buscado entre la gente el rostro de aquel niño de grandes ojos azules y nacarado cutis con chapas coloradas en las mejillas.

No sé qué fue de aquel niño que ya será un hombre. No sé si él recordará aquella gélida mañana de otoño en el Campo de Marte. No sé qué destino tuvo aquella hoja de papel. Quizás quedó abandonada esa misma mañana en algún basurero o fue pisoteada por transeúntes. Quizás fue hecha pequeños pedazos que volaron en el viento, o se convirtió en un barquito de papel que luego se hundió en las aguas del Sena. Nunca lo sabré.

Pero prefiero pensar que aquel niño no se deshizo de ella. Que la guardó como un pequeño tesoro de su niñez. Y que, en alguna gaveta olvidada, en algún baúl de cedro de un ático polvoriento o entre las hojas amarillentas de un antiguo libro, existe aún en París la huella de mi sonrisa.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Capítulo 19.- Marla en la cocina


Por Ana Rosa Valdez


El reloj sin carga, sin baterías, suspendido el tiempo en una permanencia incesante, demasiado intensa. Marla está sentada sobre el mesón blanco de la cocina, lleva tacones rojos, medias rojas, quizás el esmalte de sus uñas es rojo oscuro, pero es sólo una probabilidad. Pareciera que ella también se ha quedado sin carga, inmovilizada en la fracción de tiempo en que mis ojos la miran, pero hay un detalle que se enciende en su boca, un cigarrillo blanco que enuncia la petición de calmar una angustia. El humo se condensa en la temperatura persuasiva de la estufa, pero el humo que brota de los labios de Marla es como un escape sustancial de su corazón eventualmente convertido en cenizas. Marla se baja del mesón y me toca el hombro al pasar muy cerca, luego ella se desvanece en la penumbra del corredor donde se ilumina una pintura de Chagall semi consumida por el fuego. No escucho el taconeo de sus zapatos rojos, ni percibo el aroma que despiden sus muñecas. He prefigurado un sueño. Quizás Marla siga sentada cerca del reloj plateado que duerme en la cocina, mientras yo la observo desde esta silla mal dispuesta alrededor de la mesa. Quizás Marla no baje, o no se decida por acariciarme en su huida. No he de saber, he prefigurado una coincidencia demasiado probable, y lúcida.

martes, 31 de agosto de 2010

Capítulo 18.- Fogata de incienso por Edie.


Por Ana Rosa Valdez

Todas, en un momento, habremos querido ser como ella, como Edie. La chica de las medias negras, la última musa del modernismo, que quiso ser post pero las jeringas se interpusieron. El sacrificio por el arte. La utopía de vanguardia. El genio del pop se encargó de convertirla en una reluciente estrella a precio de remate.

Oh Edie: tu ingenuidad no sólo te ancló a una generación perdida, sino también a un futuro incierto, aún hoy, luego de tantos años. Quisiste conservar la candidez en los tiempos de la máquina. Porque tú fuiste eso, tan sólo una parte más dentro del sistema de producción de la factoría. Quizás un enclave preciso, quizás una diosa entre tanta genialidad perversa. Quizás un momento de duda, pero sólo eso, no más allá de cualquier actriz de bajo costo.

Verla junto al genio produce vértigo, como un abrigo de terciopelo en el rincón más oscuro de un cuarto desamoblado. En mi cama hay cientos de fotos de ella, textos que narran sobre ella, incontables memorias con que intento aproximarme a ella. Veo ese film de hollywood donde Sienna Miller se hace pasar por Edie, y pienso en cómo un tributo puede generar trastoques eventuales. Porque la hacen ver como cualquier cinéfilo corrupto quiere ver a las divas destrozadas. Pero en mi cuarto, la historia acontece de otro modo. Quizás poseo la sublime excusa de estudiar el traspaso hacia una posmodernidad ineludible. Pienso en Andy y en Edie, en Jeff Koons y en la Cicciolina. Pero también recuerdo a Dalí y a su querida Gala... y digo: oh amor, por qué no se cometen más crímenes en tu nombre?

domingo, 29 de agosto de 2010

TU NO TIENES MARIAS QUE SE VAN.


Magdiel Aspillaga

Es posible que yo tambien haya nacido un dia que Dios estuvo enfermo, ahora puedo recordar la primera imagen de mi vida, el primer plano de mi pelicula, me bajaba del Ford de mi padre y llegabamos a una casa antigua en medio del pueblo, atravesamos por un pasillo estrecho y al final estaba mi madre, ella me abrazo y me dio de comer boca a boca abiertamente y con una violencia amorosa, recortada contra un espejo de luna mas grande que los dos. Cuerpo y cuerpo juntos y seguros, despues mi padre nos llamo e hizo una foto con una camarita alemana. La foto aun la tengo conmigo.

Sigo pensando en una mujer que canta y que parece ser alguno de mis privados fantasmas, a veces nos escribimos, quien podra estar activando, los correos y la enorme existencia que nos aborda y nos tiene a mal traer dia a dia noche a noche paciencia con paciencia, paciencia mucha paciencia, tranquilidad de saber y conocerse mas alla de mi madre o del profundo espejo que nos arropo aquella primera vez ahora sumido en el polvo y lo borroso de los años, “Ella cantaba salsa” esto parece el titulo de una pelicula de Bernaza. No hago otra cosa que escuchar a David Bisbal todos mis aprendizajes de cine de autor se han puesto a prueba y decaido absolutamente, a nada profundo atina mi dislexico cerebro, a nada mas alla de lo que mi propia nariz y foco directo atinen a ver y divisar. Ella canta salsa y parece de los años cincuenta, mi madre no, mi madre es mas setenta, mi madre era flaquita y se ponia amplias blusas de flores y pantalones de pata ancha, parecia una musa checa y casi no podia cargarme porque yo pesaba mucho y el dia del espejo estabamos ella y yo mirando a la camara de mi padre uno junto al otro con la eterna complicidad del hijo varon y la madre hembra. (Hace dias que no hablo con mi madre) tengo aquí su ultimo correo, breve, tenso, contemporaneo…. hoy recibi tu correo..... Cuidate para que sanes pronto. ... , tu padre  tiene un dolor en el brazo pero le estan dando calores y ya esta mejor, por lo demas estamos bien... Siempre pienso en ti... te quiero y extraño mucho. Te amo .Tu madre, Maria...

Desde hace mucho tiempo solo escucho la voz de mi madre a traves del telefono, es su voz, su misma voz pero atravesada de toda la remota tecnologia que habita entre ella y yo, sigue el tiempo, David Bisbal, Tarkovski, la muerte, el levantarte de pronto asustado en la mañana algo oscura sin saber en que exacto lugar te encuentras: Miami, La Habana o Aguacate....lo demas es cuestion de no sentarte a pensar mucho, quizas y si es posible solo en la mujer fantasma que habita en facebook y que algun dia viste en la television y que eventualmente intercambia contigo ciertas palabras bonitas por la red. Ahora nada importa, es domingo denso inicio de semana, portentosa presencia de que el tiempo continua y va a seguir quieras tu o no, eso no le importa, la distancia, el tiempo y el espacio son solo referencias de la muerte, ella es constante y real, el sexo la trata de esconder, el coqueteo, la nostalgia y la carne una y otra vez... aderezada de la posible presencia de zombies y seres que han muerto anteriormente como esos que pueblan las peliculas que veo.

Aquel dia existio la primera imagen de mi vida, un espejo, mi madre, la camara, el hombre padre testigo vigilante a ambos lados, reflejo, su olor, yo vengo de ti que mas un dia fui un pedazo de ti, pedazo que sigo siendo 90 millas mas al norte y seguro de que tu voz ha ido cambiando de timbres con el mar. Anoche mi madre estuvo conmigo, me dijo cosas bellas y duras, yo le trate de decir que la queria y que iba a tenerla cerca todo el tiempo, nada nos va a separar, pero parecia el texto de una mala pelicula, todo fue inverosimil, entonces el espejo estaba alli y mi madre se convirtio en esa materia ancestral que tiene un color anaranjado y se fue convertida en una criatura rara y divina frente a mis ojos, era como la secuencia de un filme de Cronemberg, la carne nuevamente , la transformacion y el amor que mas, el amor, uno sobre otro y tratando de no separarnos por encima de la conciencia y la nostalgia (sal Tarkosvski de ese cuerpo). Todo se hizo luminoso y escapo por la ventana como abducida por una nave extraterreste. El espejo perdio la capacidad de reflejar y ella ligera y susurrante me toco en ultimo contacto mi costilla y me dijo celosa -Tu no tienes Marias que se van- y yo fui Dios en ese momento, y me dieron como ganas de llorar.

ANGELES SECTARIOS.


Por Yoan Vega

El cielo nunca mas fue cielo, un día amaneció, en el que no había nubes.
El consejal de la ciudad se enfermó a causa de no
poder soñar con la posibilidad de ver sus manos alzarse ante el firmamento al que estaba
acostumbrado.La gente han sido siempre
costumbristas, iban a la catedral que dominaba la ladera del vecindario. Un edificio
religioso no tenía porque ser tan alto pero esa
era la manera de mirar el pasto de ovejas humanas desde la altura.Ante la pérdida de
formas blancas en las que reconstruir historias
la fe se fue extinguiendo en los niños , que encerrados en sus casas , recreaban anécdotas
de un pasado reciente e intangible.
Ante la desesperación se invocaron todos los nombres de la creación pero era en
vano.El amanecer era una planicie absurda
que transtornaba a los propios animales como noche de luna llena.Fue una tarde en la que
la lluvia de lamentos invadió las capas de la
estratosfera que llegaron ellos y se posaron sobre el campanario. Tenían la belleza de la
palabra , el don de la gestualidad que genera los
más grandes convecimientos.Hablaron por horas de la galaxia divina. Mientras movian
las alas en un incesante batir, prometieron en
su discurso, reconstruir la blancura ausente que tanto aquejaba a los árboles .Que cerraba
el paso a la imaginacíon de los artistas y le
devolverían la paz a pájaros sin rumbo.
Una arquitectura que no parecía convincente se llevo a cabo, pero la necesidad
imperaba.El cielo volvía a resurgir luego de unos
meses con la excepción de unos cuantos desajustes.No era real el azul que traspasaba los
tejados y nunca una nube volverïa a posarse
sobre el punto mas distante de la colina.
Siguieron viviendo así , los humanos y los ángeles , en un proyecto que parecía
interminable , siempre en necesidad de ajustes.No
hubo un reclamo porque la fatiga que provoca la ausencia de aguaceros impide el
habla.Ellos que al principio curaban la necesidad de escucha
ahora se habían vuelto intangibles, con requerimientos a la hora de ser mirados, invisibles
siendo palpables.
El espectáculo seguía antes los ojos de Pedro, el joven de las mil preguntas, que
siempre halaba sus vestiduras buscando la verdad detras
de esos andamios.Sentado en la escalera eterna que conducía a los anaqueles y
armatrostes , buscaba decir que los bosquejos del alma se parecen
a las estrellas, que existen planos ocultos que van más alla de las mezquindades humanas
pero allá estaban , los diseñadores de la vestidura celestial.
Lejos muy lejos se evocaban asi mismo, dejando un pequeño espacio para quienes
considerarían digno de su atención.
¡No esperes más por el gesto que no te acompaña!sintió la cálida voz de la anciana
uno de esos días en los que cansado de falsas promesas
estaba a punto de irse del templo!Pierdes el tiempo como todos , creyendo que no tienes
nada que enseñarle a los astros!La señora lo miró con la

dulzura de la lluvia escasa y el vió las entrañas de las pupilas que profetizaban los
tiempos nuevos.!Corre y vuela que tus alas son el dictamen de tu
alma , no esperes por los que pretenden poseer el cielo, que es de todos los que como tu
le escriben diarios a la luna!
La visita duró lo necesario que dura la comprensión en la imaginación de quien no
pudo esperar más para reclamar su espacio en las voces
silenciadas de la gente.Un tumulto se creó en la plaza mayor ,donde las nubes fabricadas
por los artesanos sin alas se elevaban para posesionarse
de una nueva era, en la que la oportunidad de crear no estaba adjudicada a ningún grupo
en específico.
Allí seguían los que con sus alas mustias habían prometido una estructura
semejante a perfecciones alucinantes.Ausentes del proceso llamado
vida , caían del techo del campanario para dar lugar a la más grande de las tempestades:
el amor.

lunes, 23 de agosto de 2010

EL CIELO SOBRE MIAMI.


M. Aspillaga.

Anoche me enamore de una muchacha que trabaja en Blockbuster, ella no sabe nada, no lo puede imaginar tan siquiera mira mis manos y el par de filmes algo mustios que escogi, no habla bien el espanol aunque es de origen latino, ojos chinos, piel blanca y los demas colores los conocen del tipico uniforme azul y caqui –Tenemos un especial y se puede llevar un popcorn, una soda y un candy-
Asi sin mas nuevamente el cine, el amor, la muerte, el deseo, el sexo, la desenfrenada pasion de ver, oir escuchar y despues caminar mortalmente en mi carro por la desierta ciudad de regreso a mi dvd a mi reproductor a mi mente y a mi noche, de cazador, Robert Mitchun-Charles Laughton y los dioses, amarrado bajo un lago atado a la cama mientras mi cuerpo flota y yo sigo desfilando mi profunda y real neuralgia, lenta y sigilosamente cada dia.

Llegue... tire los filmes despreocupadamente sobre el cielo, es Polanski la ultima, no importa, ya nada importa, busco desesperadamente una cerveza y hablo conmigo en lo que tomo lentos sorbos de mi trago, salgo a la piscina y me asomo en sus transparentes y azulosas aguas, la chica del Blockbuster esta debajo flotando amarrada a la pata de su cama. -Que haces ahi? Ven sal. -No, estoy bien, tranquilo, (esto me lo dijo en ingles) y siguio sumergida tranquila y silenciosa lastimandome con su belleza, caqui, azul, blanco y negro, negro pelo y algo de acne rosado y suave en cada lado.
Un telefono y despues amigos, lentos recuerdos musicales, pasarla bien y dejar que la noche avance mientras llueve y sufren de dolor los pantanos y todas las costas adyacentes. Trato de parecer normal, me comporto, convenio con mi doble que se quedo en casa asomado a la piscina, pero yo sigo siendo o aparentando sobriedad (falsa pero sobriedad al fin y al cabo), parezco un personaje de Ken Loach. Termina la noche, la vida si es preciso y vuelvo a dormir, a tratar por lo menos, sabiendo que una mujer vive en la piscina (esto es mas Shyamalan) lo reconozco soy un copiador profundo un pobre imitador de imitadores, mueca falsa o desden siniestro de valerme por mi mismo y lamentarme en fin que mas sigo y sigo hablando y fabulando en lo que el dia se espera....ALARMA...me despierto y salgo asustado, la alarma se activo, algun asesino dentro de la casa dispuesto a sacarme de este mundo de la manera mas terrible, quedo congelado junto al perro esperando el amanecer inmovil incapaz de tomar ninguna decision, solo como una cursi imagen poetica junto a un perro en lo mas profundo de la noche esperando el amanecer... AMANECE. Hoy no he hablado de cine, no he hablado de casi nada, solo bucolicas imagenes egocentricas sobre el miedo, la vida, la necesidad de amar y ser amados comprendidos por encima de las diferencias y despues que mas, sentarte bajo la noche en la piscina a mirar a una mujer y soñar, tranquilo sin cine, sin muerte que mas, asesinado desde hace mucho por ese criminal que activo la alarma, por la misma conciencia lista y promisoria de hablar y comunicar en medio de tantos y tantos. -La devuelve el miercoles (esto lo dijo en ingles) segura y mandatoria, lo recuerdo. Una amiga me invita a comer, vemos los filmes, comemos y despues regreso, este fin de semana avanza extraño. Calles sin sentido y nuevas voces que desconozco. Empieza la semana y me devuelvo como un objeto dejado a la marea, como un vomito, como un recuerdo inconcluso, como una cosa cualquiera que se yo, como un sustantivo, como una pelicula con cargos, descuentos y promociones. Me sabe asi la vida y la sigo sobrellevando.

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