domingo, 6 de marzo de 2011

EL KARMA DE VIVIR AL SUR.


Magdiel Aspillaga.

La gente que vive entre nosotros debieron de nacer en fechas que los hacen coincidir en nuestro tiempo, pueden parecerse físicamente a personas de siglos pasados pero no, nacieron de seguro en 1951, 1958, 1933, 1970, 1971, en el 89 y en el 47, por lo tanto se visten, comen, corren, saludan, conversan y duermen como lo hace la gente en el 2011, aunque por debajo se note que son los mismos acompañantes desde hace siglos. En esto fue lo primero que pensamos en distancia y muy de cerca, frente a un lago enorme como en aquella secuencia de “Strangers than paradise” de Jim Jarmush, no había lago, solo nieve y fondo blanco mientras los cuerpos eran recortados contra el ausente paisaje, pero queríamos ver el lago en este paraíso, este paraíso mutuo. Estoy preparando la lista de las 100 películas que mas me gustan, puse una de Jenna Jameson, y también “El camino de Apu” porque a mami le encanta. Ayer vi una película de unas sombras oscuras que se apoderan de los que están vivos y así llegan a exterminar a toda la raza humana, me asomé por el pedazo de puerta que da al mundo, los arboles del patio vecino parecían dos de esas figuras esperando por mi, entré rápido, cerré el otro pedazo de puerta que da al otro mundo y me acosté como si fuera a dormir pero no dormía, pensaba, volvía a recordar. Tengo ganas de estar viendo "La balada del soldado" o "Limonada Joe" y salir al portal de mi casa en Cuba (donde siempre había frío) y mirar bien lejos lo mas lejos posible que mi vista pueda alcanzar, entonces a mi como una mala caricatura de algo, me atraviesa una flecha el corazón y me duele y me hace sangrar y toco esa parte de la flecha que suele quedar fuera del pecho cuando te lo atraviesan y pienso -esto es como la película de Medem- es exactamente igual en circunstancias diferentes, antes todo era mas sencillo, y aunque no nos reconozcamos, aunque no sepamos porque nos dejamos atravesar de flechas objetos punzantes y otras armas mortales seguimos tratando de divisar la belleza del paisaje, de este paisaje ahora nevado y sobre blanco, no importa si cae la noche rápido, o nuevamente el día se arrepiente de dar luz y silencio sobre este pedazo de ciudad que parece se lo quiere comer el mar y el continente. Estoy tratando de mezclar varias cosas en este texto y a la misma vez de decir algo, no se que, sobretodo compartir ideas, como si el ejercicio de compartir no fuera totalmente anacrónico.
Días atrás fui al show “Archetype Vizcaya” de Ernesto Oroza en el museo Vizcaya. Me maravillaron los exteriores mucho mas que el interior del lugar y sobretodo la intervención activa, lúcida, invasiva, genial del artista. La obra de Oroza en el espacio del Museo Vizcaya es casi un palimpsesto contemporáneo, una manera a lo “ahora” de entrar en este espacio, de ver y sentir la historia, el tiempo, el espacio y la física a través de la intervención plástica. La historia no es algo científico para Oroza sino algo vivo, triste e irremediablemente obligatorio. Llegaba algo de frío exactamente en el momento en que caminaba frente a un extraño galeón de piedra ubicado frente a la bahía como pretensión del antiguo propietario del lugar de querer rememorar aquellos ideales románticos de cruzar el Atlántico en busca de una utopía, por entonces posible.

(Archetype Vizcaya. Foto E. Oroza)

El Museo Vizcaya me recuerda el palacio de la bestia en “La bella y la bestia” de Cocteau. La clave del show la da el mapa del museo que Oroza ha elaborado, es la guía para andar por el museo, lo que ahora Oroza lo reedita desde la historia de los objetos y materiales que pueblan el local. Oroza habla, como lo ha hecho en toda su obra, de la libertad creativa a todos lo niveles, la provisionalidad que nos mostraba en sus piezas de Cuba o sus investigaciones del barrio haitiano ahora cobran otra dimensión al introducirse en este palacio veneciano o de no se donde, caído desde una nave cósmica en medio de un antiguo pantano, con estatuas verdaderas y falsas, con jardines laberínticos y habitaciones que se comunican en vasos húmedos por todo el recinto. Arquitectura, provisionalidad, olor a monte, salitre, flor y mueble antiguo todo mezclado sin y con San Berenito continuamente mezclado...
“Entrando al vacío”...así se titula la película del director francés Gaspar Noé (“Enter the void”), hace ya varias semanas que la ví y no me había sentado a escribir nada, una película demasiado buena,. demasiado intensa, violenta, humana, bella, un filme sobre el amor, con ese cuestionamiento permanente de cual es el motivo real de estar vivos, que tanto valen los vivos y que tanto siguen valiendo los que ya han muerto, la subjetividad de la cámara y del propio relato es algo que nunca había visto en cine, una aproximación antropológica y a la misma vez cinematográfica extremadamente consciente, una obra de arte, una película de pensamiento y realizada por un pensador, Gaspar Noé demostró originalidad con su famosa “Irreversible”, ahora con “Enter the void” nos hace descender o ascender a un estado indescriptible, quizás a la muerte (desde el punto de vista omnipresente de la historia) pero también puede ser un viaje a esa otra parte que pertenece a los sueños, los recuerdos,la memoria, con todo lo nemotécnico que arrastramos desde el vientre materno junto a aquellas primeras imágenes que la plata celuloide de nuestro cerebro no alcanzo a impregnar.


Con “Enter the void” el espectador se introduce en una subjetividad inusual, si en “Chinatown” de Roman Polanski la visión del protagonico permanece en todas las secuencias, en “Enter...” sucede lo mismo mucho mas pronunciado. Polanski gusta de usar planos donde los personajes dan la espalda a cámara y la nuca del objetivo es cercana a la cámara, en “Enter...” sucede esto todo el tiempo, el protagonico está de espaldas a cámara y de frente al drama que vive narrado en pasado, presente y futuro. La película es un viaje psicodélico ambientado en el Tokyo actual, sus paisajes están poblados de neones, luces artificiales, oscuridad, junkies, strippers, prostitutas, vendedores de drogas, ambientes sórdidos, los personajes del cine de Noé en general son como ángeles caídos en el mundo que les ha tocado: brutal, despiadado, absurdo y severo, personajes que solamente ansían ser felices. Es una película pesimista y aquí viene otra cercanía con “Chinatown” donde al final Jack Nicholson asume definitivamente su posición de observador y el no poder luchar contra la fuerza de la sociedad, el stablishment, los patrones sociales; el personaje de “Entrando al vacío” comprende también que todo su “recorrido” a lo largo de la película de casi tres horas ha sido para conocer exactamente al mundo y el momento que le ha tocado vivir sin que pueda hacer nada para cambiarlo, solo observar, el ultimo plano del "Chinatown" de Polanski cuando la cámara sube haciendo una panorámica del barrio chino de Los Angeles es el equivalente a la subjetiva del bebe saliendo del útero de su madre mirando como cortan su cordón umbilical para después llorar final de la película de Noé. En ambos tiros de cámara el de Polanski y el de Noé uno siente que lo han desconectado como en una cápsula espacial a merced de una fuerza física superior, mientras suena ese texto final que tanto me gusta citar de “Chinatown” -Forget Jake, it's Chinatown- o como en el cuento de Kafka -Renuncia, renuncia-.

El título de este post es por la canción de Charly García, quería mencionarlo también, como si tratara de agrupar en este espacio las cosas que más me han motivado en estos días largos que parecen segundos. Por qué estamos de esta parte del mundo mientras hay gente que están al revés. Las personas que viven en Argentina están al revés de esta parte del mundo que esta arriba. Me dan ganas de poner a Charly García en la lista de mis cien películas preferidas aunque Charly García no sea una película, ese karma del sur puede tener algo parecido al personaje de "Entrando al vacío", con entrar al vacío...no ves que el mundo gira al revés mientras miras esos ojos de videotape...este mundo exclamará por siempre la película que ví una vez y este mundo te dirá por siempre que es mejor mirar a la pared...esa sensación de sentir que estas en todas partes y no te pueden ver y que deambulas entre la gente como el hombre invisible, entras a absurdos lanzamientos de libros sobre arte cubano, ves que tu nombre no aparece en los libros que se exhiben en los escaparates ni en el interior de otros que yacen mas profundos, recibes emails de gente que tratan y te tratan como si aun fueras el mismo que dejaron en el sur, al que vieron por ultima vez años atrás, pero ya no somos los mismos, quizás por el karma o por lo que sea, por estar muertos o jugando a que estamos vivos, por existir en silencio o muy probablemente sin luz.

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