lunes, 26 de septiembre de 2011

REPORTAJE AL PIE DE UN TEXTO BORRADO.


Magdiel Aspillaga

Salto de la noche a las calles de alguna parte olvidada de esta ciudad que parece olvidada también y me encuentro un anciano tirado sobre un portal es idéntico a Bukowski, para mi que es Bukowski, me mira y levanta los brazos al aire desde su silla de ruedas y me grita – ¡palante mijo palante que la vida es linda!- y yo sigo de largo después de agradecerle y entro al tiempo que parece pasar obscenamente rápido mas obsceno que la guerra y los ejércitos, más rápido e imperceptible que el amor. Me corto la mano, me centro en mi día e indiscutiblemente comulgo con tu ausencia que es una ausencia portátil que la llevo a todos lados y la paro y me siento sobre ella y preparo delicados tragos anunciándome en ella con ella y nuevamente sobre ella. Me apago un cigarro en el paladar, trato de abrirme las muelas a ver si me queda algo de sensibilidad adentro –el route canal está perfecto- me dice mi dentista- no hay nervios no tienes porque sentir nada- y tiene razón no siento nada, posteo grises entrevistas a cineastas que me gustaron en otros tiempos, pero hoy a estas horas no llego a tiempo a donde iba. En la madrugada los establecimientos dicen OPEN en neones ridículos como para comenzar el día con engaño. Bukoswki no está, no estuvo, ese anciano no es Bukowski tu y yo lo sabemos no lo es, aunque tratemos de imaginar que somos un poco mas que el diminuto grano que significa la tierra en la ultima foto de la NASA. Del texto original solo me llegan pedazos inconexos, meteoritos dialecticos de otros pedazos de pensamientos que corrieron con el delirio de pensarte y mencionarte a toda hora y de chequear que esto realmente me esta pasando a mi y no a un personaje de mi próximo proyecto. Lo único permanente es mi sombra que te trae de vuelta en la profunda noche, allí donde las cacerolas son princesas. Siempre piensas que estas volando y que sobrevuelas como yo ahora todo este hábitat posible en derredor, como una foto vieja sacada de una revista ochentosa de la utópica Cuba de los 80, allí donde las aguas son mas salobres. Ahora vuelvo a pasar por la misma esquina, Bukowski no está, el solo piensa en la lluvia que anacrónicamente cae sobre nosotros tu no le temes a la lluvia, avanzas dispuesta porque eres madre y además una falsa trigueña y una mala rubia, sigo detenido en medio de una celda mientras otro hombre en la noche semejante abraza a una mujer y le dice su nombre con la suprema dulzura de la historia, una niña a mi regreso me saluda y yo vuelvo a vivir porque sí y porque la muerte no existe sino en las películas y las películas son para desafiar a la muerte y atraparla y dejarla encerrada mientras ella da alaridos feos. Empezó el otoño y a mi no parece importarme salvo por la ligera diferencia de haberte conocido y de tratar de divisar tu tamaño en la distancia donde te ubicas para que no calculen tu estatura real y hacer dietas que no son y convenios con tu eterno cigarro, por eso vuelas porque yo quiero y a veces soy Dios cuando el me deja su sombrero y su vara mágica y yo Mickey hago escobas inundaciones y escobas que llevan cubos con agua y todo se inunda para que nade Bukowski el anciano que se parece a Bukowski y la niña que me saluda, a toda velocidad por encima por debajo recupera tu sueño convénceme de que vale hacer un reportaje dictado a memoria por la memoria por otro tipo que lo escribió en momentos diferentes a la misma mujer que eres tu que eras otra, vaticinando los pedazos que voy a armar de mi mismo cuando el satélite que amenaza caiga sobre mi, sobre mi bus de la mañana sobre mis caminatas por entrecalles innombrables de lo que fueron ríos ocultos entre las malezas de un posible nocturno que arremete triste y duro. No pretendo llegar de la calle y que estés desnuda mirando lo que queda de tu cocina o como la música brasilera va a salir huyendo por la ventana y que llorosa te aprietes a mi y suceda un plano general en grúa y nos quedemos pequeños en la pantalla, un hombre vestido con algo de pena y una mujer desnuda que solloza. Solo quiero sentarme en la hierba de algún parque publico y mirarte muy arriba hecha papalote o chiringa o lo que sea que se empine con la idea triste y maldita en el fondo de que se vaya a bolina, de que te eleves por encima del humo y mas ligera que un comino hacia algo que puede ser mi pensamiento mi película mi secuencia, mi noche mi caza mi asedio mi obsesión o lo que quieras lo que me destines lo que nombres. Créeme, este texto iba a ser sobre las trilogías, sobre Park Chan Wook en esencia sobre el daño irreversible que me ha hecho el cine, pero no logre concretar una idea objetiva solo alucinaciones de mi mismo hecho otras personas en el pasado como si hubiera vivido muchas vidas, perdóname, perdona mi insistente manera de mirarte. Trato de armar libreros como para colgar la historia del cine y la literatura frente a mi, contar los segundos y acostarme temprano con el tonto pretexto de que tengo que levantarme al otro día, un intento de recuperar el apetito y de decirte que te extraño, en días como estos que pasan arbitrariamente sobre uno sin avisar no queda de otra que respirar frente al espejo y comprobar si existo, verme en tu imagen que se hizo a mi semejanza el séptimo día cuando yo quería descansar y cuando me dejaron y cuando todo era verde y cuando mire al sol y este se detuvo en Eboli y sobre el cenit. Las nubes y las aves te miran como un bicho raro y sin embargo se contagian de tu risa, de tu vientre nacen ideas personas y gente que se engancha, hasta perder el signo y la idea, la ruta fija convertida ahora en utopía rumbo a una América distante imprecisa que aun no tiene nombre mientras de los techos huyen los ratones que cruzan el tendido eléctrico de tu casa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Belleza de texto !

La alcancia del artesano dijo...

Muchas gracias, saludos.