domingo, 29 de agosto de 2010

ANGELES SECTARIOS.


Por Yoan Vega

El cielo nunca mas fue cielo, un día amaneció, en el que no había nubes.
El consejal de la ciudad se enfermó a causa de no
poder soñar con la posibilidad de ver sus manos alzarse ante el firmamento al que estaba
acostumbrado.La gente han sido siempre
costumbristas, iban a la catedral que dominaba la ladera del vecindario. Un edificio
religioso no tenía porque ser tan alto pero esa
era la manera de mirar el pasto de ovejas humanas desde la altura.Ante la pérdida de
formas blancas en las que reconstruir historias
la fe se fue extinguiendo en los niños , que encerrados en sus casas , recreaban anécdotas
de un pasado reciente e intangible.
Ante la desesperación se invocaron todos los nombres de la creación pero era en
vano.El amanecer era una planicie absurda
que transtornaba a los propios animales como noche de luna llena.Fue una tarde en la que
la lluvia de lamentos invadió las capas de la
estratosfera que llegaron ellos y se posaron sobre el campanario. Tenían la belleza de la
palabra , el don de la gestualidad que genera los
más grandes convecimientos.Hablaron por horas de la galaxia divina. Mientras movian
las alas en un incesante batir, prometieron en
su discurso, reconstruir la blancura ausente que tanto aquejaba a los árboles .Que cerraba
el paso a la imaginacíon de los artistas y le
devolverían la paz a pájaros sin rumbo.
Una arquitectura que no parecía convincente se llevo a cabo, pero la necesidad
imperaba.El cielo volvía a resurgir luego de unos
meses con la excepción de unos cuantos desajustes.No era real el azul que traspasaba los
tejados y nunca una nube volverïa a posarse
sobre el punto mas distante de la colina.
Siguieron viviendo así , los humanos y los ángeles , en un proyecto que parecía
interminable , siempre en necesidad de ajustes.No
hubo un reclamo porque la fatiga que provoca la ausencia de aguaceros impide el
habla.Ellos que al principio curaban la necesidad de escucha
ahora se habían vuelto intangibles, con requerimientos a la hora de ser mirados, invisibles
siendo palpables.
El espectáculo seguía antes los ojos de Pedro, el joven de las mil preguntas, que
siempre halaba sus vestiduras buscando la verdad detras
de esos andamios.Sentado en la escalera eterna que conducía a los anaqueles y
armatrostes , buscaba decir que los bosquejos del alma se parecen
a las estrellas, que existen planos ocultos que van más alla de las mezquindades humanas
pero allá estaban , los diseñadores de la vestidura celestial.
Lejos muy lejos se evocaban asi mismo, dejando un pequeño espacio para quienes
considerarían digno de su atención.
¡No esperes más por el gesto que no te acompaña!sintió la cálida voz de la anciana
uno de esos días en los que cansado de falsas promesas
estaba a punto de irse del templo!Pierdes el tiempo como todos , creyendo que no tienes
nada que enseñarle a los astros!La señora lo miró con la

dulzura de la lluvia escasa y el vió las entrañas de las pupilas que profetizaban los
tiempos nuevos.!Corre y vuela que tus alas son el dictamen de tu
alma , no esperes por los que pretenden poseer el cielo, que es de todos los que como tu
le escriben diarios a la luna!
La visita duró lo necesario que dura la comprensión en la imaginación de quien no
pudo esperar más para reclamar su espacio en las voces
silenciadas de la gente.Un tumulto se creó en la plaza mayor ,donde las nubes fabricadas
por los artesanos sin alas se elevaban para posesionarse
de una nueva era, en la que la oportunidad de crear no estaba adjudicada a ningún grupo
en específico.
Allí seguían los que con sus alas mustias habían prometido una estructura
semejante a perfecciones alucinantes.Ausentes del proceso llamado
vida , caían del techo del campanario para dar lugar a la más grande de las tempestades:
el amor.

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