martes, 1 de junio de 2010

CAPITULO 25. CLOSER.


Por Ana Rosa Valdez

La entrada deslumbrante. Las luces de neón fosforescentes. Intensas y ruidosas. La multitud en la puerta de ingreso. Aglomerándose. Música en mi reproductor de mp3. Death Cab for cutie. Nuevamente. Repetidamente. Los zapatos de tacón alto. La falda a un nivel incontrolable. La escarcha en el pecho. Lastimándome. La espera en la fila junto a la multitud. Los guardias revisándome. Las mujeres guardias revisándome bajo la falda. Bajo la blusa. Sus manos llenas de escarcha. La barra bajo la luz semi intensa. Las chicas a mi lado. Los chicos con los ojos puestos sobre ellas. Riendo. El sorbo de bebida que me hace sonrojar ligeramente. La extrañeza de experimentar la embriaguez. La soledad en mitad de la sala colmada de visitantes. Los ojos de chico rubio a mi lado. Mi asombro. La nota gris en su mirada. Los jeans azules y la camisa de rayas. El cabello despeinado. La chica de mi lado riendo incontrolablemente. Otras dos chicas murmurando.

Chill out a pesar de las ganas de escuchar música suave. El cigarrillo en mi mano. Consumiéndose. Consumiéndome. Atándome por siempre. Dulce vicio… Un nuevo chico a mi lado. Con los ojos enrojecidos. El humo del cigarrillo. Su persistencia. Una invitación a bailar. Mis labios contestando una negativa. Otra invitación, para conversar afuera. Otra vez mis labios diciendo que no. Minutos que transcurren. “Otra tanta de chill out y estaré fuera con este chico”. La música volviéndose más densa. Más triste. The Cramberries. A los tiempos. Luego de tantos años. Seguro a Yanahara le gustaría. Las memorias de la universidad. El piso 13 y “los relatos de horror y misterio”. Conrad. Mía. Clarissa y Elizabeth. El mar justo en frente del departamento. Recuerdos que se desvanecen. La música volviéndose más lenta. Algo romántico. Y otra invitación para salir a bailar. El chico con los ojos puestos en mí a ratos. Mis jeans atormentándome en una postura demasiado incómoda. Mis labios aceptando la invitación para conversar afuera.


Mr. Klimt contando lo mucho que le gustan mis ojos. ¿Una mentira? Algo aceptable. Su mano tocando mi rostro. La bebida haciendo su efecto. El humo de otro cigarrillo levantándose entre sus ojos y los míos. La música a lo lejos. Chill out. Nuevamente. Una llamada telefónica para avisar que se llegará tarde... Sus manos tocándome los hombros. La piel sensible. Los labios quemándome. Las ganas de tirarme encima de su cuerpo. Agarrar su cuello entre mis brazos. Demasiada violencia. Mis ojos cerrándose. Desmayándose. En sus brazos. Chill out en la discoteca. Nuestros cuerpos alejándose. Una banca perdida en la soledad nocturna. Demasiado alcohol. Mis manos temblando. Sus labios besándome el cabello. Caricias profundas. Sin compromisos. Aparentemente. Mi cabeza negando cualquier síntoma de preocupación. Mr. Klimt abrazándome. Escuchando el latido de su corazón en mi pecho. Acercándose. Besándome aún más el cabello. Y las manos. ¡Estando tan cerca! La respiración de Mr. Klimt rozándome las mejillas. El cuerpo que no responde. Se desvanece. Corazón en vilo.


Una llamada telefónica para avisar que no se regresará esta noche. Death Cab for cutie para estimular el sueño. Nada de entregas parciales. Todo a su tiempo. “Quisiera conocerlo más”. Besando sus labios mientras duerme. “Todo es triste ahora”. La madrugada consumiéndose. Consumiéndome. Mr. Klimt a mi lado. Sobre su cama. ¿O sobre la mía? Sin recuerdos esta vez. Sin la sensación de que todo se perderá en algún momento. Encerrada en la piel de sus brazos. Conmoviéndome. Corazón en vilo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Adoro a Klint....

Rodobaldo Batista dijo...

Que agradable venir a este blog y encontrarme estos bellos textos alejados de los hipercriticos usuales.

Luis A. dijo...

La vida se me hace mas placentera cuando leo este blog.