lunes, 28 de junio de 2010

SARA GOMEZ, ESPIRITU INDOMABLE


Sara Gómez (1943 – June 2, 1974).

Por Sergio Giral.

Ser mujer y negra ha sido una condición social y económica desfavorble dada la naturaleza pre-establecidas en la mayoría de las sociedades tradicionales. Hoy dia los cambios sociales han generado figuras de este perfil étnico establecidas a niveles superiores de gobierno, media y finanzas. Generalmente cuando se escribe de un artista desaparecido se celebra su obra y se omiten aspectos inconvenientes a los intereses y puntos de vistas del escritor. Sara Gómez siempre ha sido expuesta en pequeñas crónicas como la directora de cine negra que logró demostrar su talento, pero se desconoce otras cualidades que definen su individualidad. Sara nació en la Habana en 1943, después de haber estudiado piano y periodismos y vivir unos años en la ciudad de New York regresa a Cuba y comienza su carrera cinematográfica en el ICAIC en 1961. Sara provenía de una familia clase media con presencia de músicso y profesionales, que luego mostrará en su documental “Guanabacoa Crónica de mi familia”. En aquellos primeros dias de la experiencia cinematográfica se imponía la búsquda de una entidad expresiva, para Sara el factor racial y social prevalecía sobre los demás y mucho más contando con una nueva sociedad que proponía a un “hombre nuevo”. Sara no se entregaba a este nuevo orden sin criterio personal y por ser. mujer y negra en un mundo de machismo blanco, su proposición de vida y trabajo sólo podía prevalecer por el talento y la inteligencia, ambas cualidades que Sara poseía. Recuerdo sus indagaciones en el mundo cultural del Negro cubano, que la llevaron a ampliar el espectro de investigacion a autores mundiales como Fanon, Aime Cesere y los etnólogos cubano Moreno Fraginal, José Luciano Franco, La Chatañeré entre otros. Sara abrazó esta su cultura ignorada y escondida y se propuso llevarla a un primer plano de autenticiad y criterio individual. Esta posición de la cineasta trajo como consecuncia que algunos de sus trabajos no fueran exhibidos y otros obligadoa a ser transformados. Autodeterminación y la capacidad de elegir eran cualidades que caracterizaban a Sara Gómez. Es interesante analizar el mundo de la mujer intelectual en esta etapa del desarrollo socialista en la isla. En aquellos años asomaba con vigor una corriente oficialista que con el tiempo se convertiría en dogmática. El temor a la censura desviaba a muchos a hacer conceciones temáticas y de estilo. Este no fue el caso de Sara Gomez, ella sabía discutir con la dirección de gobierno al nivel que las circunstancias la obligaran. Defendía sus posiciones y no la deponía por temor a ser marginada o prohibida su obra. Tenía la valentía que en algunos cienasta hombres no la vi tener. Sara siempre estuvo muy cerca de Tomás Gutierre Alea o mejor dicho, Alea siempre estuvo cerca de Sara tanto como de los otros cineastas negros del momento, Nicolás Guillén y yo. Asistí a discuciones entre Sara y Alea donde se apreciaba las diferencias de origen social y la visión del mundo Negro y sus avatares.


(Sara Gómez junto al DP Julio Valdés)

La pasión investigadora de Sara la hizo visitar Isla de Pinos, a la que el régimen bautizara Isla de la Juventud, por albergar a jóvenes en busca de trabajo o rehabilitación social. Sara y yo visitamos la Isla atraidos por el experimento y encontramos que la población original del lugar se replegaba a la presencia de estos forasteros en su mayoría desenfocados sociales. Más allá de esa primera impresión visitamos el Sur de la isla donde descubrimos el pueblo de Jacksonville. Para nuestra sorpresa nos encontramos en un “no man’s land” fuera de la juridicción del gobierno y de la cultura cubana. Los habitantes de Jacksonville eran de origen caimanero, súbditos ingleses, hablaban ingles y profesaban la religión presbiterana, todo muy lejos de las cultura cubana. Sara quiso llevar esta experiencia en su documental, La Isla del Tesoro y Una isla para Miguel, pero el tema no fue recibido con mucho agrado por la dirigencia y eliminado del documental. Poco tiempo después el gobierno tomó Jacksonville como base militar estratégica y los caimaneros fueron gradualmente abandonando el poblado. De esta experiencia demográfica creo que nada queda. En “Guanabacoa, Crónica de mi familia” Sara brinda una espectro genealógico de su propia familia que va desde los músicos clásicos hasta parientes populacheros , los más preferidos por la cineasta en este trabajo de poca difusión.. “Y tenemos sabor” es una joya didactica que recoge los estilos de la música popular cubana de raices africanas, sus instrumentso y estilos de baile. Con este documental Sara logra definir su teoría sobre la marginalidad y la cultura nacional. “Con cuatro hierros, y cuatro palos, formamos una rumba que no cree nadie!" expresa Miguel Angel Mesa, (Aspirina) y rompen los tambores y la clave en un resonar telúrico.



Uno de los trabajos más carectirísticos de Sara es “Mi Aporte”, un documental que recoge aspectos y criterios de la Zafra de los 10 millones impuesta al pueblo de Cuba, que representó la destrucción de la agricultura tradicional y con ella la economía del país.. El documental se basaba en entrevistas a mujeres que daban su aporte a la gesta azucarera, había de todo, desde la machetera millonaria que tumbaba caña con la fiereza de una Walkiria hasta la madre negra que no quería abandoanr a sus hijos para ir a la zafra, por miedo a que los niños se ahogaran en una zanja cercana. Sara termina su documental con la entrevista a una bella joven residente de una selecta barriada de la Habana. La joven expresa que no puede participar en el trabajo voluntario de la azafra porque su novio es muy celoso y no se lo permite. Sara le pregunta si lo va a dejar y la joven le responde que sí.
_”Entonces vas a hacer tu aporte a la zafra”, pregunta Sara y la joven reacciona con sorpresa y exclama
“¡No!“_
_ ¿Pero no me dijiste que lo vas a dejar?, pregunta Sara…
¡No hija, al novio no, a la zafra!.
El documental fue prohibido por la máxima dirigencia de la Federación de Mujeres Cubanas. Sara fue mi guía en muchos aspectos de la cultura negra cubana. Asidua investigadora al mundo de las religiones de origen africano, visité con ella toques de santo y juramentos de “palo” que nos revelaban el mundo esotérico de los antepasados. La Casa de Oriol, en Guanabacoa, fue uno de esos templos donde se “rayaban” los paleros en nutridas ceremonias donde resonaban los tambores y corría la “chamba”. Enardecidos por el ritual y la bebida, los participantes caían en trance y el lugar se transmutaba en pamdemonium. Sara y yo observabamos y nos enriqueciamos con la experiencia litúrgica, nunca fuimos molestados ni expulsados a pesar que los integrantes conocían de nuestro papel voyerista. “La troponera” era un bar de “mala muerte” justo frente a los predios del ICAIC, llamada así en homenaje al peor de los alcoholes que allí se ofrecía al finalizar la “ley seca” impuesta a la población en nombre de la moral socialista y la union obrero-campesina. Algunos de nosostros nos “resbalaba” la crítica oficial y entre buches de aquella pócima alcohólica discutíamos los nuevos proyectos. Deseoso de conocer la opinión de Sara sobre el guión de mi film, “El otro Francisco” nos reunimos en dicho bar, pero las ocupaciones domésticas de Sara no le habían permitido terminar la lectura. A pesar de la agotadora labor de un rodaje, Sara dedicaba tiempo a sus hijos con el amor y dedicación de cualquier ama de casa, agravada por una dolencia crónica que le acortaba la vida; el asma. Se le veia respirar fatigosamente y echar mano a su inhalador de butamol en medio de las filmaciones o en los momentos más felices de su vida. Fue allí que Sara que me comentó su nuevo proyecto de largometraje, “De Cierta Manera”, una investigación sociológica sobre la marginalidad y el nuevo orden socialista. Sara comenzó a rodar su film en 1973 y terminó su rodaje en 1974 pocos meses antes que yo comenzara la producción de “El Otro Francisco”, mi también primer largometraje. Su oficio documentalista la llevó a concebir “De cierta manera” un film donde la ficción y el documental conviven y se mezclan de tal forma que resulta imposible separar los estilos. Esta fusión enriquece el análisis y crítica de la conducta de sus pesonajes y el medio social en que se mueven. El film relata el romance entre X, un marginal miembro de la secta secreta “Abakuá” y Y una maestra de escuela revolucionaria. Sara manejó esta dicotomía explosiva con mucho tacto y sapiensa para evitar la censura y que su mensaje pudiera difundirse libremente, pero la muerte cercenó su trabajo en medio de la post-producción del film, que fue terminado de editar por su mentor cinematográfico, Tomás Gutierrez Alea. Nunca sabremos hasta donde llegaba el riguroso análisis del tema ni cuales hubieran sido las consecuencias de su discurso de haber sido terminado por Sara y si el discursos fílmico sufrió transformaciones dictadas por el poder oficialista, pero su simple existencia hacen de este film uno de los más sobresalientes en la producción cinematográfica de Cuba.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

.Gracias.

IddiaVeitíaGómez dijo...

Honor a quien honor merece, Sergio te agradezco este homenaje. Un abrazo. Iddia

Rodobaldo Batista dijo...

Como siempre los textos de Giral nos traen no solo un valor cultural unico y revelador sino tambien a nuestro recuerdo lo sublime de nuestro cine cubano, cada trabajo de Giral es una busqueda de la belleza a traves de la historia y el ensayo cinematografico. Bravo por Sara, Humberto y Sergio, maestros todos.