sábado, 14 de enero de 2012

ÁLBUM DE FOTOS.


Griselda Ortiz

El primer año. Ahí estaba yo, llorando porque no me quería retratar.
El segundo, el tercero. Toda la familia reunida alrededor de la mesa del comedor cantando. El cuarto cumpleaños me lo celebraron en un parque. Me retrataron con mi primo soplando las velitas. Mi papá y mi mamá, juntos, sonrientes. En el quinto mi papá no está en las fotos y en mis seis años tampoco está mi primo, ni mi abuela ni casi nadie. Después de los seis, no hay más fotos. No sé como era a los diez, a los catorce. Tampoco recuerdo ningún otro cumpleaños. Hay un gran espacio en blanco, un vacío. Sólo lo que quedó en mi memoria suple la falta de material fotográfico. Pero eso nadie puede verlo. Le cuento a mi hija lo feo que era a los 14 y se ríe, pero sólo yo me veo flaco como un güin, con las orejas paradas, mirando con cara de bobo a una cámara que no existe. Las fotos que no me tiré con mi madre, con mis amiguitos de la infancia, con la gente del pre, las fotos de mis graduaciones, las fotos de mis novias son páginas en blanco del álbum de mi vida, que un día, más temprano que tarde, se irán conmigo para siempre. Entonces será como si nunca hubiera existido.

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