martes, 31 de enero de 2012

VUELO INCONCLUSO PARA UN OBITUARIO TARDÍO.


Magdiel Aspillaga.

Me acabo de enterar que Theo Angelopoulos ha muerto, sucedió hace seis días atrás, por qué tan tarde la noticia, y entonces trato de repasar todas mis acciones a lo largo de la semana, el tiempo volvió a hacer de las suyas, esta vez con alguien que lo miró de frente en alguna ocasión y el tiempo también lo encaró y se encararon y ambos tuvieron que dispararse de pecho a pecho y hombro a hombro para después caer unidos infinitamente.
Dicen los diarios que estaba cruzando un túnel medio oscuro prohibido para los peatones y que una motocicleta lo atrapó a toda velocidad provocándole una hemorragia interna que más tarde le produciría la muerte. El conductor, un policía que viajaba tránquilo, no imaginó lo que le iba a suceder justo en el momento en que decidió internarse en el oscuro túnel, internarse en un túnel para encontrarse al cineasta cruzando a media luz, el choque…..el encuentro final del que tanto habló el propio Angelopoulos en sus películas, el tiempo, lo instantáneo de la inmovilidad y la muerte, el final y el volver a nacer, principio y fin de todo lo hablado y todo lo repetido, Angelopoulos moría a la misma vez que el mundo seguía olvidando y como dijera alguien que también admiro …puedo perdonar todo menos el olvido, olvido tu olvido y rememoro tu presencia….

La primera película de Angelopoulos que vi fue “La mirada de Ulises” y fueron muchas las claves no solo para entender el cine que en aquellos años comenzaba a estudiar, el cine y yo empezamos a vernos en aquella sala con “La mirada de Ulises” que casualmente trata de un cineasta que regresa a su tierra siguiéndole los pasos a la primera película rodada en Grecia, a su vez es una revisión de la historia de los Balcanes a través de este viaje , la Odisea, el eterno regreso, Ulises y el afán de volver a esa tierra a la que pertenece, (me es un tanto raro esta muerte de este lado) nuevamente el cruento mirar a la distancia de tu origen y saber sin pensarlo dos veces que solo perteneces a la región más cercana posible del cordón umbilical, a la esencia imantada del feto y el origen. Mi preferida “Paisaje en la niebla” el viaje otra vez como símil de la vida a través de una niña y su pequeño hermanito, una especie de cuento infantil para dormir, demasiado descarnado, directo y a la vez poético como toda su obra.

Realmente tengo ganas de decir algo, algo que suena a pésame y a la misma vez no, a nota final o obituario, de esos grises que aparecen en la parte olvidada de los periódicos, ayer vi “The rum diary” y me acuerdo de Hunter Thompson y me dan ganas de tomarme un barril entero de whisky y caer, soplar sobre la nieve inexistente de mi barrio o sentarme a mirar el horizonte tranquilo, el horizonte que es una pantalla, la pantalla que es una película, una película que es la vida, la vida que es triste y alegre, la alegría y la tristeza que nos llevan a un universo onírico e impoluto, donde las aguas son más salobres, donde esperamos por la eternidad durmiendo como si estuviéramos despertando.